
El Ministerio de Salud de la Nación confirmó un caso de tétanos en una niña de 5 años residente en la provincia de Santa Fe, que debió ser internada el 11 de marzo de 2026 en terapia intensiva, donde requirió asistencia respiratoria mecánica y una traqueostomía. Según el último parte médico, la paciente evoluciona favorablemente, aunque el cuadro encendió las alarmas sanitarias.
De acuerdo a la información oficial, la menor no contaba con el esquema de vacunación completo, ya que solo había recibido las dosis aplicadas al nacer (BCG y Hepatitis B), pero no tenía los refuerzos obligatorios del primer año de vida ni los correspondientes al ingreso escolar. Este dato resulta clave para comprender la aparición de una enfermedad que hoy es totalmente prevenible.
Desde el sistema de salud remarcan que la vacunación es la única forma efectiva de prevenir el tétanos, una enfermedad grave que puede tener alta letalidad, provocando paro respiratorio o arritmias severas. Además, a diferencia de otras patologías, el tétanos no genera inmunidad natural, por lo que incluso quienes lo padecen deben vacunarse posteriormente. Las vacunas, recordaron, son gratuitas, seguras y eficaces.
Las autoridades también advirtieron sobre las denominadas heridas tetanígenas, que requieren atención médica inmediata. Entre ellas se encuentran las heridas punzantes, las lesiones contaminadas con tierra o polvo, las quemaduras, mordeduras, fracturas expuestas y úlceras crónicas. Ante cualquiera de estos casos, se recomienda consultar de inmediato, ya que el profesional evaluará la necesidad de aplicar la vacuna y/o gammaglobulina antitetánica según el esquema de cada paciente.
El caso funciona como un llamado de atención para reforzar la importancia de cumplir con los calendarios de vacunación y sostener coberturas altas en la población, especialmente en niños, para evitar la reaparición de enfermedades potencialmente mortales pero prevenibles.
En el marco de la Semana de la Inmunización, especialistas advierten sobre la importancia de las vacunas ante el retroceso en los niveles de prevención, reflejado en el regreso de enfermedades como el sarampión, la rubéola y la tos convulsa. Tras la pandemia, se postergaron controles, disminuyó la percepción de riesgo y hoy se vacuna menos, especialmente entre adolescentes y jóvenes.
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