
Jorge Almirón pasó, en cuestión de semanas, de ser el técnico que había devuelto la ilusión a Rosario Central, a quedar bajo la lupa de gran parte de los hinchas. Y no solamente por los resultados, sino por la sensación que dejó el equipo en los partidos decisivos. Porque Central no perdió únicamente partidos: perdió respuestas, perdió identidad y perdió peso en momentos donde debía dar un paso adelante.
La eliminación ante Estudiantes por Copa Argentina volvió a exponer varios problemas que el equipo arrastra desde hace tiempo. Central nunca encontró el rumbo en el Kempes, fue un equipo apagado, sin reacción y con pocas ideas para revertir una historia que se le hizo cuesta arriba demasiado rápido. Esa derrota se suma a la caída en semifinales del Torneo Apertura frente a un River que lejos estuvo de ser el mejor equipo del campeonato. Por el horizonte internacional también aparece el 1-0 ante Independiente del Valle por Copa Libertadores, resultado que le costó el primer puesto del grupo y lo obligará a definir los octavos de final como visitante frente a Corinthians.
El contexto empieza a ser incómodo para Almirón. Porque el equipo ya no transmite la solidez ni la intensidad que había mostrado meses atrás, y porque las decisiones del entrenador también empiezan a discutirse. Los cambios tardíos, la falta de variantes ofensivas y cierta dependencia de individualidades generan dudas en un semestre donde Central quedó rápidamente sin margen de error.
Ahora el panorama es claro: el Canalla deberá apostar prácticamente todas sus fichas a la Copa Libertadores y al torneo local, con la obligación también de sumar fuerte en la tabla anual para no comprometer su clasificación internacional de 2027. El problema es que el crédito del entrenador ya no parece ser el mismo. El hincha empezó a mirar de reojo a Jorge Almirón y, aunque la dirigencia todavía sostiene el proyecto, el segundo semestre asoma como una prueba definitiva. Porque en Central saben que otra frustración importante puede cambiarlo todo.
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