
Desde este lunes, el boleto de colectivo cuesta $2.150 en Rosario. La nueva tarifa vuelve a poner en discusión el financiamiento del transporte público, el peso que tienen los costos sobre el sistema y cuánto de esa estructura termina trasladándose al usuario.
Para el concejal de la oposición, Mariano Romero, el aumento debe analizarse en el contexto de una fuerte pérdida del poder adquisitivo frente a la evolución de la tarifa. El edil señaló que en diciembre de 2023 el boleto costaba $185 y sostuvo que desde entonces la tarifa aumentó alrededor de un 1.162%, mientras que, según sus estimaciones, los salarios promedio crecieron aproximadamente un 350%.
Romero también apuntó contra el esquema nacional de financiamiento del transporte. Según planteó, la eliminación del Fondo Compensador del Transporte del Interior y la falta de retorno de recursos provenientes del impuesto a los combustibles profundizaron las dificultades de las ciudades del interior.
A eso sumó el impacto de la evolución del precio de los combustibles sobre los costos operativos de los colectivos.

Por qué el boleto llega a $2.150
La explicación oficial del nuevo valor parte del estudio de costos elaborado por el Ente de la Movilidad de Rosario.
El municipio señaló que el transporte público del interior enfrenta un escenario de mayores costos y menor participación de recursos nacionales. En particular, remarcó que el Presupuesto nacional no contempla partidas para el transporte público del interior y que tampoco se restituyó el Fondo de Compensación al Transporte Público por Automotor Urbano y Suburbano del Interior.
Desde el Palacio de los Leones también volvieron a señalar la diferencia existente entre el esquema nacional de subsidios destinado al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el que reciben las ciudades del interior.
En cuanto a los costos específicos del sistema rosarino, el Ente de la Movilidad indicó que entre diciembre de 2025 y agosto de 2026 el combustible aumentó 42%, mientras que los lubricantes tuvieron una suba del 41%. También incidió el último acuerdo salarial alcanzado por la Unión Tranviarios Automotor (UTA).
Con esos componentes, el estudio de costos determinó que el valor técnico del boleto para agosto de 2026 era de $2.713,49.
La tarifa que comenzó a regir este lunes, sin embargo, quedó fijada en $2.150, por debajo de ese costo técnico.

El problema que queda detrás de la tarifa
La discusión no termina en determinar cuánto cuesta prestar el servicio. El otro dato relevante es cuántas personas están dispuestas o pueden pagar ese precio.
Romero planteó que Rosario viene perdiendo pasajeros y que, según datos municipales que citó, la cantidad mensual habría pasado de unos 8,3 millones a alrededor de 7,8 millones de viajes.
Su argumento es que existe un círculo que puede resultar difícil de romper: si aumenta el boleto y una parte de los usuarios deja de utilizar el colectivo, caen los pasajeros y el costo del sistema se distribuye entre una menor cantidad de viajes.
Desde esa perspectiva, el concejal sostiene que el debate debería incorporar una mayor participación del Estado en el financiamiento y no limitarse a actualizar periódicamente la tarifa.
Un problema que excede los $2.150
La nueva tarifa vuelve a exponer una tensión que Rosario arrastra desde hace años: el costo real del transporte y el precio que los usuarios pueden afrontar no son necesariamente la misma cosa.
El estudio del Ente marca un costo técnico de $2.713,49, pero el municipio estableció una tarifa de $2.150. La diferencia requiere recursos para sostener el funcionamiento del sistema.
Al mismo tiempo, el transporte necesita conservar pasajeros para mantener su nivel de utilización.
Por eso, el debate que vuelve a abrirse con este aumento no es solamente cuánto cuesta viajar en colectivo. Es también cómo se financia el transporte público, qué parte corresponde al usuario, cuánto debe aportar el municipio y cuál debería ser el rol del Estado nacional.
En ese escenario, los $2.150 que comienzan a pagar los usuarios desde este lunes son apenas la expresión visible de un problema bastante más amplio: cómo sostener un sistema cuyos costos aumentan mientras la cantidad de pasajeros busca recuperar los niveles anteriores.
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