Una brillante bola de fuego cruzó el cielo del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Uruguay y zonas cercanas, sorprendiendo a miles de personas y convirtiéndose rápidamente en uno de los fenómenos más comentados en redes sociales.
El evento, que fue visible durante apenas unos segundos, dejó una intensa estela de luz verdosa que logró destacarse incluso en zonas urbanas con alta contaminación lumínica. Vecinos, cámaras de seguridad y teléfonos móviles registraron el momento, permitiendo reconstruir el recorrido del objeto.
Según los reportes, el fenómeno ocurrió cerca de las 22:51 y se desplazó a gran velocidad de un extremo al otro del cielo antes de desvanecerse. La descripción fue coincidente: una “bola de fuego” brillante que iluminó el firmamento y desapareció en cuestión de segundos.
Especialistas explican que se trató de un bólido, es decir, un meteoroide que ingresó a la atmósfera terrestre a gran velocidad —superior a los 40.000 kilómetros por hora— y se desintegró producto de la fricción con el aire.
El característico color verde que presentó el objeto se debe a su composición química. En este caso, la tonalidad indica la presencia de magnesio, un elemento que al quemarse en la atmósfera genera ese tipo de brillo.
Este tipo de fenómenos, aunque relativamente frecuentes, rara vez se observan con tanta claridad en zonas densamente pobladas. La intensidad del destello permitió que el episodio fuera ampliamente registrado y analizado por la comunidad científica.
Además del impacto visual, el evento puso en evidencia el rol fundamental de la atmósfera terrestre, que actúa como un escudo natural al desintegrar la mayoría de estos cuerpos antes de que lleguen a la superficie.
No se reportaron daños ni caída de restos, lo que confirma que el objeto se desintegró completamente en el aire. Sin embargo, su paso dejó una fuerte impresión en quienes lograron verlo y renovó el interés por la observación astronómica.
La viralización de videos y testimonios permitió no solo dimensionar el alcance del fenómeno, sino también aportar datos valiosos para su análisis, en un ejemplo de cómo la tecnología y la participación ciudadana contribuyen a la divulgación científica.
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