
El conflicto diplomático entre Argentina y Brasil escaló este domingo luego de que el gobierno de Lula da Silva convocara al embajador argentino en Brasilia, Guillermo Daniel Raimondi, tras las declaraciones del presidente Javier Milei durante un acto político realizado en San Pablo.
La medida se sumó al llamado a consultas del embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, anunciado previamente por la Cancillería de Brasil. Desde el gobierno brasileño señalaron que no existen antecedentes de un presidente extranjero que haya realizado en territorio nacional “agresiones y ofensas contra el jefe de Estado, las instituciones democráticas, incluido el Poder Judicial, y el pueblo brasileño”.
Durante su discurso en la convención del Partido Liberal, espacio vinculado al expresidente Jair Bolsonaro, Milei apuntó contra Lula y un juez de la Corte Suprema brasileña. El mandatario argentino calificó al presidente brasileño de “ladrón” y “presidiario”, además de utilizar una expresión despectiva contra un magistrado del máximo tribunal.
En Brasil interpretaron los dichos como una injerencia en asuntos internos y una fuerte agresión diplomática, especialmente porque fueron pronunciados dentro de territorio brasileño y dirigidos contra las principales autoridades del país.
La tensión también aumentó por el respaldo de Milei a Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y uno de los principales candidatos opositores de cara a las próximas elecciones brasileñas. Además, durante su discurso, el jefe de Estado argentino defendió a Bolsonaro, a quien definió como “amigo injustamente encarcelado”.
Desde la Casa Rosada reconocen que la relación política con Brasil atraviesa uno de sus peores momentos, aunque descartan que el conflicto tenga impacto en el intercambio comercial. “Lo diplomático y lo comercial corren por cuentas separadas en este caso”, señalaron fuentes del gobierno argentino.
Por el momento, el Ejecutivo argentino evitó dar precisiones sobre el futuro del embajador Raimondi y afirmó que “al momento no hay definiciones” respecto de posibles cambios en la representación diplomática.
La disputa entre Milei y Lula profundiza la distancia política entre los dos principales socios comerciales de la región, mientras ambos gobiernos buscan evitar que el enfrentamiento institucional afecte la relación económica bilateral.
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