
Flávio Bolsonaro difundió este miércoles un comunicado dirigido a la población brasileña y a la comunidad internacional, en el que agradeció al presidente estadounidense, Donald Trump, y al mandatario argentino, Javier Milei, por su apoyo. Tras llegar a Estados Unidos con su familia, el excandidato presidencial aseguró que continuará su actividad política desde el exterior y se autoproclamó “verdadero presidente electo” de Brasil.
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“No huí de Brasil, me fui por Brasil”, afirmó en el mensaje, en el que justificó su salida del país por lo que considera una persecución política. También cuestionó las decisiones judiciales que restringieron sus movimientos y sostuvo: “Lo que tenemos aquí es una caza de brujas de motivación política y el intento de mantenerme como rehén”. Además, reconoció: “No era mi intención abandonar mi patria, pero sabía exactamente hacia dónde iban las cosas”.
El dirigente denunció presuntas irregularidades en las elecciones y acusó a las instituciones brasileñas de favorecer a Lula. Sin embargo, no presentó pruebas que respaldaran sus acusaciones. El resultado oficial confirmó la victoria del actual presidente, que obtuvo más de 64 millones de votos en la segunda vuelta, frente a los casi 60 millones conseguidos por Bolsonaro.
En el mismo comunicado, el excandidato anunció que encabezará la oposición desde territorio estadounidense y prometió impulsar acciones por vías pacíficas. “Voy a liderar la oposición desde aquí”, sostuvo, al explicar que buscará movilizar a sus seguidores y a los dirigentes que lo acompañaron durante la campaña.
Flávio también relacionó su situación con la de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quien fue condenado a 27 años de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado. El dirigente afirmó que no quiere exponer a su familia a lo que considera una persecución y pidió a la comunidad internacional que no normalice la situación política de Brasil.
Finalmente, aseguró que su salida no implica abandonar a sus seguidores y prometió continuar la disputa política desde el exterior. “Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños”, afirmó, y concluyó que mantendrá su lucha hasta que, según sus palabras, el país vuelva a ser libre.
El comunicado completo
“Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente de Brasil.
Antes que nada, quisiera agradecer al presidente Milei, por su valentía, su sentido de la justicia y la legalidad; al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por recibirme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que las buenas personas de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.
La noche del domingo, vi con estupor cómo se concretaba ante mis ojos un fraude electoral. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se concretara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos de la primera a la segunda vuelta. Una decisión del STF (Supremo Tribunal Federal), adoptada por encima de las competencias del TSE (Tribunal Superior Electoral), extendió la votación cuando se apagaron las luces, y la orden solo llegó después de que terminara el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se limitó a defender la prórroga del horario y ni siquiera hay una única respuesta civilizada. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña, hubo abuso del poder político y económico y utilización de la maquinaria pública a favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la destitución de la fórmula Lula-Alckmin.
La respuesta del régimen a mis cuestionamientos llegó rápidamente. Como si formara parte de un plan elaborado de antemano, siete minutos después de ese repugnante fraude electoral, el juez implicado en un enorme escándalo de corrupción, citado directamente en la investigación que se utilizó para intentar secuestrar mis pasaportes y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido mi asunción, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al ser una persona impedida de origen y completamente sospechosa para iniciar cualquier procedimiento judicial en mi contra, su mera participación en actos procesales demuestra la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.
No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente adónde conduce todo esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses tiene un único objetivo: silenciar a cualquiera que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de un Supremo Tribunal Federal cooptado por la organización criminal petista.
Para que quede claro, no existe ninguna orden de arresto contra mí, porque no cometí ningún delito. Lo que existe es una caza de brujas políticamente motivada, cuyo objetivo era convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger a los jueces corruptos del Supremo Tribunal Federal de un juicio político. Este es el guion de la persecución: incautación del pasaporte, tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, un juicio amañado y, finalmente, una condena política.
No voy a someter a mi familia a esto y mi padre no merece volver a pasar por esta vergüenza internacional. Ante la instrumentalización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos a salvo. Agradezco una vez más al presidente Trump y al Gobierno estadounidense por recibirnos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.
Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por Brasil; salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece. Si permanezco callado, preso y censurado, como está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y quedaríamos entregados al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por un Supremo Tribunal Federal repleto de servidores del régimen.
No soy el primero que tiene que luchar por su propio país desde el extranjero. Rui Barbosa se exilió para enfrentarse al autoritarismo de Floriano Peixoto y desde allí siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró a la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista, y María Corina Machado, aun perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaban. La historia los llamó de otra manera.
Esto es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de electores, sino al pueblo brasileño, que yo soy el presidente electo y que los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía. A ustedes, que anhelaban un cambio, no los abandonaré: seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.
A las instituciones brasileñas, les hago un llamado: esta farsa debe terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y de persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ningún país puede vivir en paz ni prosperar de esa manera. Todavía hay tiempo para restablecer el equilibrio entre los poderes y devolverles a los brasileños la confianza que perdieron.
A la comunidad internacional, le pido que no normalice lo que está ocurriendo en Brasil. Lo que sucede hoy en mi país no es normal y no puede tratarse como algo normal.
A los senadores, diputados y gobernadores a quienes ayudé a elegir, y en especial a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para ejercer plenamente la actividad política. Por eso, lideraré aquí a la oposición. Diré lo que ustedes no pueden decir y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.
Y a vos, que votaste por mí y soñás con un cambio: no estamos derrotados ni estamos solos. Esto es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad…
En los próximos días, me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular que tenemos, utilizando todos los medios pacíficos y legítimos para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Le pido a cada uno que se mantenga firme y que nunca se rinda.
Salí de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.
Que Dios bendiga a Brasil.”
CARTA À NAÇÃO BRASILEIRA 🇧🇷
28.10.26 https://t.co/TkWzSVjbp0— Flávio Bolsonaro (@FlavioBolsonaro) October 28, 2026

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