
¿Cuánto puede cambiar un solo deportista la manera en que se practica un deporte? Lionel Messi, Diego Maradona, Roger Federer y Michael Jordan marcaron épocas y llevaron sus disciplinas a otro nivel, pero la esencia de cómo se juega al fútbol, al tenis o al básquetbol sigue siendo reconocible. En el salto en alto, en cambio, un atleta consiguió modificar la forma en que sus competidores enfrentaban una misma prueba: Dick Fosbury cambió la técnica con la que se supera el listón y dio origen a un estilo que hoy domina el atletismo mundial.
Su nombre quedó asociado al Fosbury Flop, una manera de saltar de espaldas que sorprendió al público en los Juegos Olímpicos de México 1968. Sin embargo, la transformación no ocurrió de un día para el otro. Fue el resultado de la búsqueda personal de un joven que no lograba adaptarse a los métodos de su época, de avances en las superficies de caída y de una solución biomecánica que demostró su eficacia en la competencia.
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Cómo se saltaba antes de Fosbury
Durante buena parte de la historia del salto en alto, los atletas utilizaron técnicas diferentes a la que conocemos actualmente. Entre las más populares estaban el salto de tijera, en el que el deportista pasaba el listón de costado elevando las piernas de manera alternada; el western roll, que permitía superar la barra con el cuerpo girado, y el rodillo ventral o straddle, en el que el saltador pasaba boca abajo, con el torso orientado hacia el suelo.
Cada estilo respondía a una manera de organizar el cuerpo durante el salto. El objetivo era siempre el mismo: superar el listón sin derribarlo y caer de forma segura del otro lado.

Pero existía una condición material que limitaba las posibilidades. Las zonas de caída solían estar cubiertas de arena, aserrín o virutas de madera. Por eso, los saltadores necesitaban utilizar técnicas que les permitieran aterrizar de pie o evitar caer directamente sobre la cabeza y la espalda.
La aparición y expansión de las colchonetas de espuma modificó ese escenario. Estas superficies hicieron posible amortiguar las caídas de espaldas y redujeron uno de los principales riesgos del estilo que Fosbury empezaría a desarrollar. No fue él quien inventó esas colchonetas, pero su disponibilidad fue fundamental para que su técnica pudiera practicarse con mayor seguridad.
Quién era Dick Fosbury
Richard Douglas Fosbury nació el 6 de marzo de 1947 en Portland, Oregón, Estados Unidos. En 1954, su familia se trasladó a Medford, una localidad del mismo estado, donde creció y asistió a la escuela secundaria Medford High School.
Su vínculo con el salto en alto comenzó durante la adolescencia. A los 16 años, en 1963, ya competía en encuentros escolares, aunque tenía dificultades para dominar la técnica que sus entrenadores consideraban adecuada para la época.
Al principio utilizaba el salto de tijera. Después, su entrenador lo orientó hacia el rodillo ventral o straddle, el estilo predominante entre los mejores saltadores. Sin embargo, Fosbury no conseguía ejecutarlo con la eficacia que necesitaba y empezó a buscar una alternativa.
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En lugar de abandonar la prueba, modificó su forma de saltar. Recuperó algunos elementos del movimiento de tijera, pero comenzó a despegar y pasar el listón de espaldas, elevando primero la cabeza y los hombros, arqueando la espalda y levantando las piernas al final.
La nueva técnica le permitió superar alturas que antes le resultaban difíciles. En una competencia escolar disputada en Grants Pass, Oregón, durante 1963, llegó a superar los 1,78 metros con ese movimiento.
El estilo llamó la atención por su apariencia poco convencional. En 1964, un periódico local publicó una fotografía acompañada por una frase que describía cómo Fosbury se desplomaba sobre el listón. De allí surgió el nombre Fosbury Flop, que terminaría identificando a la técnica en todo el mundo.
Fosbury continuó su desarrollo deportivo en la Universidad Estatal de Oregón, donde estudió ingeniería civil y compitió en atletismo. Allí consiguió resultados destacados en el ámbito universitario y llegó a la élite estadounidense.

La evolución de Fosbury fue progresiva. Después de sus avances en la escuela secundaria, se destacó en la Universidad Estatal de Oregón, donde ganó títulos universitarios en 1968. Ese mismo año se abrió camino hacia la selección estadounidense para los Juegos Olímpicos de México.
Su clasificación no estuvo exenta de dificultades: debió afrontar las pruebas selectivas del equipo y volver a competir en una instancia realizada en altura. Finalmente, consiguió su lugar en la delegación que viajó a México.
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El 20 de octubre de 1968, con 21 años, Fosbury disputó la final olímpica del salto en alto. Su técnica, todavía poco habitual en la élite, llamó la atención de los espectadores y generó dudas entre quienes no estaban acostumbrados a verla.
La competencia avanzó hasta los 2,20 metros, altura que Fosbury superó en su primer intento. También lo hicieron el estadounidense Ed Caruthers y el soviético Valentin Gavrilov. En los 2,22 metros, Fosbury y Caruthers volvieron a superar el listón, mientras que Gavrilov quedó eliminado.

La altura siguiente fue decisiva. Ambos estadounidenses fallaron sus primeros dos intentos sobre los 2,24 metros. En el tercero, Fosbury logró superar la barra y estableció un récord olímpico de 2,24 metros, suficiente para ganar la medalla de oro. Caruthers no pudo hacerlo y se quedó con la plata.
El registro también fue récord estadounidense, pero no mundial: la plusmarca global pertenecía al soviético Valeri Brumel, con 2,28 metros desde 1963. Después de asegurarse el oro, Fosbury pidió que el listón se colocara a 2,29 metros, aunque no pudo superar esa altura.
La imagen del estadounidense saltando de espaldas recorrió el mundo y convirtió la final olímpica en un momento decisivo para la historia de la disciplina.
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El triunfo de México 1968 no fue solamente una medalla de oro. También funcionó como una demostración de que el salto de espaldas podía competir al máximo nivel. A partir de entonces, cada vez más atletas comenzaron a incorporar la técnica, aunque al principio todavía existían dudas sobre su seguridad y eficacia.
El cambio se produjo con una rapidez notable. En los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, apenas cuatro años después de la consagración de Fosbury, 28 de los 40 participantes del salto en alto masculino ya utilizaban su técnica. El propio estadounidense no logró clasificarse para esos Juegos y, en 1973, pasó al profesionalismo.
En Múnich, el soviético Jüri Tarmak ganó la medalla de oro con el rodillo ventral, convirtiéndose en el último campeón olímpico masculino que utilizó ese estilo. La transición, sin embargo, todavía no estaba completamente terminada: hubo saltadores que continuaron empleando técnicas anteriores durante los años siguientes.
La última aparición del estilo straddle en una competencia olímpica se registró en Seúl 1988. Desde entonces, el Fosbury Flop se consolidó como la técnica dominante en el salto en alto de élite.
Una técnica que sigue vigente
Fosbury no fue quien alcanzó la mayor altura de la historia ni quien estableció el récord mundial. Su marca de 2,24 metros en México fue un récord olímpico, pero la plusmarca mundial masculina llegó a los 2,45 metros, establecida por el cubano Javier Sotomayor en Salamanca, España, el 27 de julio de 1993.
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Lo significativo es que esa marca, al igual que los grandes registros posteriores, se consiguió con la técnica que Fosbury había ayudado a popularizar. Su aporte no se mide únicamente por la altura que alcanzó, sino por el cambio que produjo en la manera de competir.
Después de su carrera deportiva, Fosbury continuó vinculado al atletismo, participó en actividades de formación y desarrolló su profesión como ingeniero civil. También ocupó cargos en organizaciones deportivas, entre ellos la presidencia de la World Olympians Association. Murió el 12 de marzo de 2023, a los 76 años, después de una recurrencia de un linfoma.

La historia del Fosbury Flop muestra que la evolución de un deporte no depende solamente de mejorar la fuerza, la velocidad o la preparación física. También puede surgir de revisar una técnica que parecía establecida, comprender mejor el movimiento del cuerpo y encontrar otra manera de resolver el mismo desafío.
En el salto en alto, el objetivo nunca cambió: pasar por encima de una barra sin derribarla. Lo que cambió fue la forma de hacerlo. Y esa modificación, que empezó con un adolescente que no conseguía dominar el estilo tradicional, terminó convirtiéndose en la referencia mundial de toda una disciplina.
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