
Con la ola polar instalada en gran parte del país y temperaturas que en muchas provincias se mantienen cerca o por debajo de los 0 °C, miles de hogares buscan la manera de combatir el frío sin que eso se traduzca en una factura de luz o gas imposible de pagar. Sin embargo, especialistas advierten que el mayor problema no siempre es calefaccionar la casa, sino hacerlo de la manera equivocada.
Uno de los errores más frecuentes es encender el primer artefacto disponible y dejarlo funcionando durante horas. Aunque la sensación térmica mejora rápidamente, esa comodidad puede reflejarse después en un consumo energético mucho mayor.
No todos los sistemas de calefacción consumen lo mismo
Caloventores, estufas eléctricas y paneles calefactores son algunas de las opciones más utilizadas durante el invierno por su practicidad. Sin embargo, todos funcionan mediante resistencias eléctricas que transforman la electricidad en calor, un sistema que suele demandar un consumo elevado cuando permanece encendido durante largos períodos.
Por el contrario, los especialistas destacan que uno de los equipos más eficientes es el aire acondicionado frío/calor con tecnología inverter. A diferencia de los calefactores eléctricos tradicionales, este sistema trabaja como una bomba de calor: toma la energía térmica del aire exterior y la traslada al interior de la vivienda.
Gracias a ese funcionamiento, puede generar entre dos y cuatro veces más energía térmica que la electricidad que consume, siempre que el equipo esté correctamente instalado y tenga la potencia adecuada para el ambiente.
La temperatura ideal para ahorrar
Otro aspecto que influye directamente en el consumo es el uso del termostato. Una creencia habitual es que configurar la temperatura al máximo permitirá calefaccionar el ambiente más rápido. Sin embargo, eso solo obliga al equipo a trabajar con mayor intensidad y aumenta el gasto energético.
La recomendación es mantener una temperatura cercana a los 20 grados, suficiente para lograr confort sin exigir innecesariamente el sistema de calefacción.
Calefaccionar solo los ambientes que se utilizan
Uno de los hábitos que más ayuda a reducir el consumo consiste en evitar calefaccionar toda la vivienda cuando solo se ocupa una parte.
Durante el día puede resultar suficiente mantener cálido el living o el espacio donde permanece la familia, mientras que por la noche conviene concentrar la calefacción únicamente en los dormitorios. Esta estrategia permite disminuir considerablemente el consumo sin resignar comodidad.
En el caso de los paneles eléctricos o radiadores de fluido térmico, los especialistas recomiendan aprovechar las funciones de temporizador y termostato para limitar su funcionamiento a los momentos realmente necesarios.
El aislamiento también ayuda a gastar menos
Más allá del equipo elegido, conservar el calor dentro de la vivienda es tan importante como generarlo.
Colocar burletes en puertas y ventanas, cerrar las persianas durante la noche, utilizar cortinas gruesas y sellar filtraciones de aire son medidas sencillas que permiten mantener la temperatura interior durante más tiempo y reducir el tiempo de funcionamiento de los calefactores.
Pequeños cambios que hacen una gran diferencia
Programar el encendido antes de regresar al hogar o antes de levantarse, apagar los equipos cuando los ambientes quedan vacíos y evitar mantenerlos funcionando durante todo el día son hábitos que también contribuyen a reducir el consumo.
En un invierno marcado por la ola polar y las bajas temperaturas, ahorrar energía no depende únicamente de comprar un calefactor nuevo. La combinación entre tecnología eficiente, un uso responsable y un buen aislamiento puede marcar una diferencia importante en el bolsillo y permitir atravesar los días más fríos con mayor confort y un menor impacto en la factura de luz y gas.
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