
El Gobierno prevé anunciar el jueves la primera etapa del plan para autos nacionales, un programa de crédito orientado a impulsar la compra de vehículos fabricados en Argentina. La iniciativa combinaría préstamos del Banco Nación para particulares con un mecanismo de fondeo para las terminales automotrices.
El plan quedaría limitado a unidades de producción nacional y excluiría a los importados. La intención oficial sería mejorar las condiciones de acceso al financiamiento y sostener las ventas de las fábricas radicadas en el país.
La primera línea contemplaría préstamos de hasta $50 millones, con plazos de hasta 72 meses y una tasa fija del 25%. Estaría destinada a clientes del Banco Nación y permitiría cubrir la compra de vehículos de distintos segmentos; con un anticipo, también podría alcanzar para algunas camionetas.
La tasa se ubicaría por debajo de una inflación estimada entre 30% y 31%, una diferencia que reduciría el costo del crédito frente a la evolución de los precios. La condición de ser cliente de la entidad estaría vinculada, además, con la búsqueda de nuevas cuentas sueldo.
La medida llegaría después de una retracción de las ventas de vehículos. Los precios de los autos registraron bajas en un contexto de menor demanda, mientras que los patentamientos de octubre quedaron 12% por debajo de los niveles previos.
Vehículos fabricados en Argentina
El “Plan Autito” se concentraría exclusivamente en automóviles nacionales. Esa delimitación distinguiría al programa de otros incentivos crediticios, que no suelen separar los beneficios según el origen de los vehículos.
La propuesta apunta a las terminales que producen en Argentina y también alcanzaría a sus financieras, que ofrecen préstamos directos a los compradores. Algunas automotrices operan con bancos y otras cuentan con estructuras propias de financiamiento.
La segunda parte del esquema prevé un acuerdo entre el Estado, el Banco Nación y las ocho terminales automotrices. El Tesoro aportaría depósitos o fondos a un plazo mayor que el de las colocaciones tradicionales de 30 días, para ampliar los recursos disponibles para financiar ventas.
El banco canalizaría esos fondos hacia las terminales y sus financieras, que luego podrían ofrecer créditos en condiciones más convenientes para la compra de unidades nacionales. El mecanismo tendría una lógica similar a la de los programas en los que organismos públicos aportan recursos para que las entidades financieras los destinen a líneas específicas.
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