
Las playas vírgenes cercanas al faro de Villa Gesell y el balneario La Perla en Mar del Plata amanecieron con una postal atípica para la región: el parto de nuevas crías en zonas donde habitualmente no sucede. Para analizar este comportamiento, la doctora en Ciencias Biológicas e investigadora del CONICET, Carolina De León, conversó con el programa Río Extra por la sintonía de Río 96.9.
Habitualmente, la colonia reproductiva de esta especie se concentra en Península Valdés. Sin embargo, los biólogos trabajan sobre una hipótesis central para explicar esta migración hacia el norte. “Una de las hipótesis de las que se habla es que, producto de la gripe aviar de 2023, los elefantes —las hembras— están buscando otros sitios para tener a sus cachorros”, detalló De León.
Sobre este brote, la especialista advirtió su grave impacto poblacional: “La gripe aviar afectó mucho a la población, mató a más de 17.000 crías y, a raíz de eso, también cambió el estado de conservación de la especie y pasó a ser vulnerable”.
El proceso de adaptación requiere extrema precaución por el ciclo vital de los recién nacidos. “Los elefantes tienen un proceso de lactancia muy cortito, de 25 días, durante el cual el cachorro se alimenta exclusivamente de su madre”, explicó la investigadora. Y remarcó el riesgo de la presencia humana: “Si ese vínculo se corta, el cachorro no prospera y fallece”.
Por este motivo, diversos organismos mantienen un cerco perimetral para proteger al ejemplar marplatense. “Quien encontró a la hembra con el cachorro recién nacido fue Alfredo Rodríguez, de Defensa Civil. Por eso se dijo que se llamara Alfredito”, relató la entrevistada sobre el origen del apodo.

Durante el diálogo radial, también se despejaron dudas respecto a la histórica población del puerto marplatense, habitada por unos 800 ejemplares en los meses de invierno. “Esta colonia de lobos es exclusivamente de machos, por eso le llamamos como chicana la ‘colonia de solteros'”, bromeó De León, agregando que en verano migran al sur o a Uruguay para su etapa reproductiva.
Finalmente, la bióloga marcó las diferencias anatómicas entre ambas especies costeras: “El lobo se desplaza sobre sus cuatro aletas y puede caminar. En cambio, el elefante se arrastra con movimientos ondulantes. No puede apoyarse sobre sus aletas pectorales porque no le da la distancia ni la rotación en la articulación”, concluyó.

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