
Rosario se prepara para una temporada marcada por el fenómeno de El Niño, con lluvias que podrían ubicarse entre los valores normales y superiores a lo habitual y nuevas ondas de crecida del río Paraná. En ese contexto, el municipio trabaja en medidas preventivas y sigue de cerca la evolución del nivel del río, especialmente en los sectores más vulnerables de la ciudad.
Así lo explicó Gonzalo Ratner, Director General de Gestión de Riesgo y Protección Civil Municipalidad de Rosario, quien remarcó la importancia de consultar los pronósticos de los organismos oficiales y evitar tomar como válidas las proyecciones que no cuentan con respaldo científico. Según señaló, los informes meteorológicos e hidrológicos son herramientas centrales para anticiparse a los posibles escenarios y organizar la respuesta de la ciudad.
Uno de los puntos que más preocupa es la evolución del Paraná. De acuerdo con los pronósticos trimestrales mencionados por Ranner, el nivel del río podría superar los cuatro metros hacia fines de octubre. También advirtió que esa sería la primera de varias ondas de crecida previstas para la temporada.
El fenómeno de El Niño, agregó, no se limitaría a las próximas semanas: su influencia sobre las condiciones meteorológicas podría extenderse hasta el otoño de 2027.
Por qué un Paraná alto aumenta la vulnerabilidad de Rosario
La relación entre Rosario y el río Paraná no se limita a las zonas ribereñas. Cuando el nivel del río está elevado, también puede dificultarse el drenaje del agua de lluvia que llega desde los arroyos, canales, zanjas y conductos de la ciudad.
Rosario recibe los aportes de las cuencas de los arroyos Ludueña y Saladillo. Si el Paraná presenta una altura importante, el agua puede encontrar mayores dificultades para desaguar, lo que aumenta la vulnerabilidad ante precipitaciones intensas en períodos cortos.
Uno de los sectores que el municipio monitorea especialmente es el barrio Mangrullo, en la zona sur, donde una eventual creciente puede generar anegamientos. Sin embargo, Ratner aclaró que un río alto puede tener consecuencias para toda la ciudad, porque condiciona la capacidad del sistema de drenaje para responder ante lluvias fuertes.
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Los antecedentes de 2007 y 2012
La historia reciente de Rosario muestra cómo la combinación entre las precipitaciones y el nivel del Paraná puede modificar el impacto de un evento meteorológico.
En 2007, la ciudad sufrió una inundación histórica que dejó más de 3.500 evacuados. En ese momento se registraron alrededor de 240 milímetros de lluvia en poco tiempo y el Paraná se encontraba en torno a los 5,30 metros, una altura asociada al nivel de evacuación mencionado por Ranner.
En 2012, en cambio, se produjo un episodio de precipitaciones de magnitud similar o incluso superior, pero con el río en niveles medios. Según explicó, esa diferencia contribuyó a que las consecuencias fueran considerablemente menores.
El funcionario también recordó el período de El Niño de 2015-2016, cuando las lluvias estuvieron muy por encima de los valores habituales, aunque la ciudad no registró evacuados. En ese caso, destacó el trabajo preventivo que se puso en marcha a partir de los primeros informes sobre el fenómeno.
Pronósticos oficiales y prevención ante una temporada extensa
El municipio busca repetir esa estrategia de anticipación frente al escenario previsto para los próximos meses. Las lluvias registradas en el sudeste de Brasil y el noreste argentino ya generaron crecidas en distintos sectores de la cuenca del Paraná, y esas ondas de agua podrían avanzar gradualmente hacia la región.
Ranner indicó que Rosario se encuentra en un período en el que las precipitaciones previstas se ubican en el rango de normal a superior a lo normal, según los informes del Servicio Meteorológico Nacional. Por eso, planteó la necesidad de seguir tanto los pronósticos de corto plazo como los trimestrales, que permiten anticipar tendencias y planificar medidas.
La evolución del nivel del Paraná será uno de los factores centrales del monitoreo. Después de una posible suba por encima de los cuatro metros hacia fines de octubre, podrían producirse descensos y nuevas ondas de crecida a lo largo de la temporada.
El escenario no implica que necesariamente vayan a producirse inundaciones, pero sí exige mantener la vigilancia y preparar la infraestructura y los dispositivos de respuesta. La combinación entre el seguimiento de los organismos oficiales y el trabajo preventivo será clave para reducir los riesgos ante lluvias intensas y posibles crecidas del río.
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