
Los precios internacionales del petróleo registraron este miércoles una fuerte caída de hasta casi el 12%, en un giro abrupto del mercado energético que estuvo acompañado por una recuperación generalizada de las bolsas globales.
El movimiento se explica por las crecientes expectativas de un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán en el conflicto de Medio Oriente, lo que incluiría la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, una de las principales vías de circulación de crudo a nivel mundial.
En este contexto, el Brent —referencia en Europa— retrocedió un 10,23% y se ubicó en torno a los 98 dólares por barril. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, cayó un 11,93% hasta rondar los 90 dólares.
La baja representa un cambio de tendencia respecto a las jornadas previas, cuando los precios se mantenían en torno a los 110 dólares impulsados por la tensión geopolítica y el temor a interrupciones en el suministro.
La posibilidad de un entendimiento diplomático entre Washington y Teherán, que garantice la libre circulación por el estrecho de Ormuz, comenzó a descomprimir ese escenario de incertidumbre y a presionar a la baja las cotizaciones.
El impacto no se limitó al mercado energético. Las principales bolsas del mundo reaccionaron con subas ante la expectativa de estabilidad. En Europa, el índice Euro Stoxx 50 avanzó un 2,5%, mientras que el Ibex 35 de España trepó un 2,4%.
También se registraron ganancias en otras plazas del continente: París subió un 2,7%, Fráncfort un 2,16%, Milán un 1,9% y Londres un 2,18%.
En Asia, la tendencia fue similar, aunque con movimientos más moderados en algunos mercados. Tokio cerró con una suba del 0,38% y Hong Kong del 1,2%, mientras que Seúl destacó con un salto del 6,45% y Shanghái avanzó un 1,17%.
En paralelo, el precio del gas europeo también mostró señales de alivio. El contrato de futuros TTF holandés, referencia en el continente, cayó un 8% hasta los 43 euros por megavatio hora.
El comportamiento conjunto de estos indicadores refleja cómo las expectativas geopolíticas continúan siendo un factor determinante en los mercados globales, especialmente en sectores sensibles como la energía, donde cualquier señal de distensión puede generar movimientos bruscos en los precios.
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