Dólar

Dólar Oficial:$1360 / $1410
Dólar Blue:$1405 / $1425
Dólar Bolsa:$1422.9 / $1428.5
Dólar Contado con liquidación:$1477.8 / $1478.3
Dólar Mayorista:$1380.5 / $1389.5
Información General Rosario Todo Show

El regreso del universo Star Wars lidera los seis estrenos de este jueves

“Mandalorian & Grogu”, Natalia Oreiro y García Bernal, una de terror, una animada, el documental de Argentina vs Inglaterra de 1986 y “La Chica de Colonia” aterrizan en las salas rosarinas este 21 de mayo.

El único largometraje nacional que participó en la Sección Oficial de la 79ª edición de la principal muestra del mundo es un documental –“El Partido”- que reconstruye el mítico encuentro entre Argentina e Inglaterra por los Cuartos de Final del Mundial de México 1986. Ocho días después de su premiere mundial, se estrenará este jueves en los cines de nuestro país. También llegan la película del Mandalorian y Grogu, “Nada entre los dos”, “La chica de Colonia”, “Pequeños Monstruos” y “El Pasajero del Diablo”, a renovar la cartelera de cines, aquí una selección de reviews para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

 

“The Mandalorian & Grogu”

 

Desde que revitalizó el cine de superhéroes con una película fundacional del imperio Marvel como Iron Man, la carrera de Jon Favreau quedó ligada a una idea de espectáculo hecha de narraciones ágiles, personajes carismáticos y una puesta en escena capaz de hacer convivir gigantismo tecnológico y sentido de la aventura clásica. Esas virtudes, sin embargo, brillan por su ausencia en Star Wars: The Mandalorian & Grogu, una película que parece avanzar en piloto automático, incapaz de recuperar el espíritu aventurero que alguna vez convirtió a Favreau en uno de los grandes artesanos del blockbuster moderno.

 

Situada entre el Episodio VI y el VII, y luego de las acciones desarrolladas en las tres temporadas de la serie protagonizada por Pedro Pascal, The Mandalorian & Grogu presenta un escenario donde la República se ha impuesto e instaurado un nuevo régimen llamado Nueva República. Pero sobreviven pequeñas células sueltas de las fuerzas del Imperio, las mismas que el otrora buscador de recompensas y su inseparable amigo Grogu ahora se encargan de desactivar.

 

En esas anda cuando recibe de su superiora —una Sigourney Weaver con un rol muy similar al que interpretaba en Avatar— una nueva misión: ir tras los pasos del hombre que completa un organigrama cuidadosamente elaborado con las conexiones entre quienes ahora conforman el bando rebelde. Lo anterior es, claro, apenas una excusa para poner en movimiento a la dupla, un viaje en el que, a diferencia de lo que mandatan los relatos de aventura, no parece conjugarse la existencia de nada importante. O, dicho de otra manera: podría ocurrir cualquier cosa que, sin embargo, nada parece significar un verdadero peligro.

 

La película funciona como una sucesión de persecuciones, peleas, criaturas gigantes y escalas en distintos planetas enhebradas con la prolijidad de quien conoce perfectamente el funcionamiento de la franquicia, pero sin encontrar nunca una razón narrativa lo suficientemente fuerte como para justificar semejante despliegue. Más bien lo contrario, ya que da la sensación de que los conflictos están diseñados apenas para conducir a la acción siguiente.

 

Es quizás el síntoma más visible de que Star Wars: The Mandalorian & Grogu jamás consigue desprenderse del formato serializado que le dio origen. Lo que Favreau entrega aquí se parece más a un episodio doble (o triple), con mayor presupuesto y escala visual, pero incapaz de encontrar una verdadera entidad propia. Es, a lo sumo, un puente hacia futuros productos del universo Star Wars antes que una obra autónoma, una película pensada para el agrado de los fans y no mucho más.

EZEQUIEL BOETTI. Otros Cines.

En Las Tipas, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

“El Partido”

1765, 1966, 1982, 1986, 2026. La línea de tiempo en El Partido no es cronológica (irá pendulando, yendo y viniendo entre diferentes épocas), pero esos serían los hitos de un relato que, claro, tiene al enfrentamiento entre Argentina 2 vs. Inglaterra 1 del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca como eje principal y corazón emocional.

 

La película de Juan Cabral y Santiago Franco se remontará a cuando John Byron estableció el primer asentamiento y reclamó las islas (Falklands / Malvinas) para la Corona británica; reconstruirá el polémico partido en el Mundial de 1966 cuando Antonio Rattín fue expulsado en la derrota 0-1 frente a los ingleses en Wembley por los Cuartos de Final (ofuscado por el arbitraje, el capitán del seleccionado argentino apretó al irse con fuerza banderín de córner que tenía la bandera local); y se adentrará en el sentimiento nacionalista, el uso político de ambos bandos y la tragedia humanitaria de la guerra de 1982. Todos hechos que potenciaron la rivalidad y marcaron la gesta de México ‘86, aunque en el recorrido histórico también se remite a otros momentos menos conflictivos como la forma en que los trabajadores ingleses de los ferrocarriles inculcaron el fútbol en la Argentina o la llegada de Queen en 1981 para tocar en el estadio de Vélez con un tal Diego Maradona como anfitrión.

Y precisamente la figura de Maradona será la más recurrente en El Partido, ya que no solo fue el protagonista del gol más controvertido (el primero, con la mano) y del más hermoso (eludiendo a medio equipo inglés) de la historia de los Mundiales sino que además es objeto de admiración y diría que de adoración por parte de todos quienes intervienen en el documental.

Los directores aprovechan la expresividad, el carisma, la simpatía y la sensibilidad de los ocho entrevistados (Jorge Valdano, Gary Lineker, John Barnes, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea, Oscar Ruggeri, Peter Shilton y Ricardo Giusti) para que sean ellos quienes de alguna manera vayan contando una historia que también los tuvo como protagonistas (hay algunos fragmentos en off que suenan demasiado leídos). El efecto de esta interacción se parece por momentos al que consiguió Lola Arias en Teatro de Guerra.

Hay anécdotas ya muy conocidas (como el affaire con la camiseta azul comprada y luego confeccionada a las apuradas), pero también momentos en que los ex jugadores realmente (se) emocionan. En ese sentido, la idea de filmarlos en blanco y negro y con proliferación de primeros planos resulta un acierto de la dupla de realizadores, que en otros pasajes apelan a una estética y una impronta excesivamente publicitaria.

Más allá de que algunos partidos menores del Mundial ‘86 se resuelven solo con fotos (se extrañan en esos casos las imágenes en video), el trabajo del equipo de archivo liderado por Andrés Levinson es realmente prodigioso, ya que apeló a decenas de colecciones públicas y privadas, institucionales e individuales, nacionales y extranjeras, para narrar los distintos episodios que el film retrata y revive. La selección de temas (hay cuatro de Queen pero también clásicos nacionales como Luna de miel en la mano, de Virus; Necesito tu amor, de Charly García; y Zona de Promesas, de Gustavo Cerati con Mercedes Sosa) también es muy acertada y funcional a las distintas zonas de la narración.

 

Han pasado 40 años de aquel partido (como curiosidad, la inminente inauguración del Mundial 2026 será también en el Azteca) y esta película de 91 minutos (lo mismo que duró el duelo con los ingleses) sigue generando todo tipo de emociones (es difícil no llorar en varios pasajes). En ese sentido, la presencia conjunta de los protagonistas no hace más que potenciarlas: aquel duelo lo tuvo todo, desde la máxima genialidad hasta la viveza (algo de magia para algunos y mucho de trampa para otros).

 

Lo cierto es que, si bien algunas heridas históricas aún no se han cerrado del todo a nivel social, estos ocho hombres hoy sexagenarios y canosos (por entonces eran atletas veinteañeros) generan con este reencuentro una camaradería, un respeto y una admiración recíproca digna de auténticos caballeros. En medio de tantas enemistades, de tanto odio acumulado, de tanta violencia exacerbada desde el poder, de tanta sangre inocente derramada, la película transmite una nobleza y una reivindicación de los aspectos más lúdicos (partido de metegol inclusive) que nos permite pensar que incluso con semejante nivel de grieta la reconciliación y la empatía siempre serán posibles.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En el Monumental.

 

“Nada entre los dos”

Una pequeña ironía: lo único que separa a Mechi y a Guillermo en el comienzo de Nada entre los dos es la delgada pared que divide dos habitaciones de hotel. Uno de esos hoteles de cuatro estrellas reales, cercano a atracciones naturales, que son ideales para reuniones corporativas de varios días. Es que los personajes interpretados por Gael García Bernal y Natalia Oreiro (mexicano él, argentina ella) se desempeñan en distintos roles para una misma empresa panregional dedicada a la producción de alimentos. Los dos están allí de urgencia ante un problema con un lote en mal estado que amenaza con resquebrajar la imagen de la compañía, para reducir daños e imaginar cómo se sigue. Que el hombre tenga una posición encumbrada en esa estructura y la mujer solo sea el reemplazo de alguien enfermo es lo de menos. También lo que ocurre con la empresa, elemento que pasa a un segundo plano luego de que las primeras miradas entre los protagonistas comienzan a sacar chispas.

El nuevo largometraje del argentino Juan Taratuto, el director de éxitos comerciales como Me casé con un boludo, La reconquista y No sos vos, soy yo, entre otros títulos, se acerca al romance fugaz de una forma inesperada y bienvenida. La película no es una comedia pero tampoco un drama lacrimógeno, a pesar de que su historia de pasión y un amor posible que la realidad y las responsabilidades adultas ponen en duda se vinculan con conceptos narrativos que recuerdan a clásicos como Lo que no fue y Los puentes de Madison. Desde luego, ambos están casados y con hijos, y en casa están en pausa decisiones de envergadura (una mudanza a un hogar más grande, en un caso; la extinción legal del matrimonio en el otro). Pero por unos pocos días y correspondientes noches los dos recuperan la sensación de sentir una atracción irresistible por otra persona, querer estar a su lado en todo momento, sonreír en plena reunión laboral ante la cómplice mirada del otro.

 

En la que tal vez sea su película más acabada, aunque sin dejar de lado resortes narrativos tradicionales y ambiciones masivas, Taratuto logra dotar a sus personajes y a la historia misma de una capa de verdad que atraviesa la pantalla. El éxito se debe a un guion, coescrito junto a Matías Scartascini, sensato y alejado de estridencias, y la habilidad actoral de Oreiro y García Bernal para dotar a sus criaturas de un sentido de humanidad. En otras palabras, lo que podría haber sido una película mecánica y previsible termina siendo, a pesar de no abrir ningún sendero novedoso, un sensible retrato de dos personas adultas haciendo cosas de adultos: intentando equilibrar el deseo y el goce con la vida real que los espera a la vuelta de la esquina. Signo de los tiempos, Nada entre los dos es una coproducción entre Argentina y Uruguay rodada en su totalidad en el país vecino (a pesar de transcurrir casi en su totalidad en el sur mexicano), sin el logo del INCAA a la vista pero con la animación del Instituto del Cine y Audiovisual del Uruguay bien presente.

DIEGO BRODERSEN. Página 12.

En el Monumental.

 

“El pasajero del diablo”

Después de un prolífico 2025 para el género del terror, con éxitos como La hora de la desaparición (Weapons), Haz que regrese (Bring Her Back) o Pecadores (Sinners); la diferencia entre las  películas de franquicia, secuelas, reboots y remakes contra las ideas originales quedaron más expuestas que nunca. Pareciera ser que el género del terror está cementando un nuevo mainstream con este tipo de películas en contraposición a las poco novedosas Scream , Halloween y Sé lo que hicieron el verano pasado (I Know What You Did Last Summer). Entre estos dos polos se encuentra un océano de películas que quedan a mitad de camino de ambos lados del espectro, El pasajero del diablo (Passenger, 2026) es una de ellas.

La  película es tradicional desde su puesta hasta sus actuaciones y diálogos, ¿Esto la hace una mala película? No, de ninguna manera. La simpleza de su historia en muchos aspectos es un beneficio, la no abundancia de personajes nos permite y le permite al director ahondar (más de lo común en este tipo de cintas) en la dinámica, el pasado, las dudas y los conflictos de la pareja protagonista, también dando espacio por momentos para el humor. De esta tarea sale bastante airoso, sin ser un elemento destacado no desentona y ayuda a que el viaje sea más llevadero.

 

Para centrarse en lo prometido, el terror, es aquí quizás su punto más fuerte. El monstruo en cuestión, denominado “Passenger” carece de un vuelo creativo muy alto pero en los momentos donde no está en cámara es donde se hacen más fuertes él y la película. Hay dos o tres puestas en la película (especialmente una que involucra un bosque y un proyector casero) que son realmente muy creativas y necesarias en su búsqueda, otras no lo son tanto. Logra construir atmósferas y darles el golpe de gracia en el momento justo, sin abusar del jump scare rápido y efectista pero tampoco estirándolo de más, que no es poco, pero viendo el panorama final esas escenas se sientes como momentos de lucidez y no como una constante.

Las tramas y elementos que entran en el juego tienen un sentido dentro de la trama y afectan en mayor o menor medida tanto a los personajes como a la historia. Quizás dentro de este rubro lo que menos funciona y lo más desaprovechado es de lo más relevante, la caravana. Su hogar durante el viaje no presenta mayor relevancia que ser simplemente un vehículo, sus dimensiones, diseño y rol están desaprovechados, más allá de un pequeño juego de seguridad con las cámaras de solo cumple su rol de vehículo y no de hogar. De hecho en su escena de apertura, donde cabe destacar la evidente inspiración de la saga Evil Dead de Sam Raimi, se alcanza un nivel de manejo de cámara y utilización del espacio que luego no se logra replicar aún en un entorno más interesante como base.

 

Hay un intento leve de introducción mitológica dentro del relato relacionado a la ya mencionada figura de San Cristóbal y también a los códigos que rigen a la cultura “caravanera”. Este tímido intento no logra ser del todo efectivo y queda a mitad de camino, con conveniencias y mucha exposición presenta el punto más flojo de la película, quizás con un poco menos de timidez se podría haber creado algo más atractivo para el público.

Dentro de sus lugares comunes, André Øvredal logra acercarse nuevamente al camino que trazó cuando en 2016 lanzó tal vez su película más reconocida, La morgue (La autopsia de Jane Doe). La construcción, los sustos y los personajes logran plasmarse de forma efectiva, creando una ficción más que disfrutable. Definitivamente no pasa cerca del techo del género hoy en día pero está muy lejos del fondo, que no es poco.

FERMÍN AGUILAR. Escribiendo Cine.

En Las Tipas, Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

“Pequeños monstruos”

Finnik pierde accidentalmente la invisibilidad, y ahora el mundo de los brownies está amenazado. Junto con su amiga Kristina, va en busca de un mago que le ayude a recuperar la invisibilidad.

En Cinépolis, Monumental y Del Centro.

 

“La chica de Colonia”

En 1975, Keith Jarrett grabó un álbum en vivo durante un concierto en la Ópera de Colonia que se convirtió tanto en el disco de jazz solista como en el disco de piano solista más vendido de todos los tiempos. Es sabido que el concierto estuvo a punto de cancelarse porque el instrumento disponible no estaba en condiciones: esta  película es una crónica de esa historia.

 

Sin embargo, La chica de Colonia (Köln 75, 2025) no está erigida en torno a Jarrett, sino a Vera Brandes (Mala Emde), la promotora de música de 18 años fanática del jazz que agendó la fecha y, contra todo pronóstico, logró que se lleve a cabo. La película elige hacer una cronología que parte de la llegada de Brandes al mundo de la promoción musical y desemboca en la noche del concierto. El retrato de la joven implica una precisa descripción tanto de una generación como de un clima de época.

La película, escrita y dirigida por Ido Fluk, juega con la tendencia del personaje de Emde a improvisar y arriesgarse, estableciendo un paralelismo con la búsqueda creativa de la música que la inspira. Jarrett, quien improvisaba cada noche un nuevo repertorio, requería un instrumento que pudiera brindarle tanto un amplio abanico de posibilidades como ciertas seguridades técnicas y sonoras. El pianista había acordado tocar en un Bösendorfer gran imperial; sin embargo, al llegar a la sala, el instrumento disponible era un piano de menores dimensiones que necesitaba una afinación y varias reparaciones. La decisión y la insistencia de Brandes fueron claves para que se concrete el hecho artístico que alumbró esta obra maestra.

 

El elenco de La chica de Colonia tiene un pie en Alemania y otro en Hollywood. Keith Jarrett está encarnado por John Magaro (Past lives), mientras que el periodista de música Michael Watts, que sigue a Jarrett durante su gira europea con la intención de entrevistarlo, es interpretado por Michael Chernus (Severance). La incorporación del personaje de Chernus, cuyo rol es aportar contexto en relación al género musical y a la relevancia de este hecho artístico, deja algunos cabos sueltos y resulta en cierto desequilibrio de la cinta, acentuado por el énfasis que Fluk pone en la subtrama que desarrolla la relación de Vera Brandes con su padre.

Estas decisiones, probablemente apoyadas en una búsqueda por extender el abanico de espectadores del film, resultan el punto débil de una película cuyo público de por sí está destinado a ser amplio: con un vibrante, poderoso y llamativo pulso, La chica de Colonia compone un film basado en hechos reales y sobre un evento muy relevante para la historia del  arte del siglo XX.

AMPARO CABAL. Escribiendo Cine.

En Cines del Centro.

Comentarios