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Informe

Entre pasarelas y crisis, Benito Fernández defendió la moda argentina

En exclusiva con Red Boing, el diseñador de indumentaria relacionó consumo, trabajo, pertenencia cultural y transformaciones colectivas dentro de una industria atravesada por incertidumbre y cambios profundos.

Diseñador de moda, Benito Fernández, en el desfile del Aeropuerto Internacional de Rosario (Foto: Nativa Models)

En una sociedad atravesada por cambios económicos, políticos y culturales, la industria textil se convirtió también en un reflejo de las crisis, las identidades y las transformaciones sociales. Lo que una sociedad viste habla de sus deseos, de sus miedos, de sus aspiraciones y hasta de sus heridas.

En ese contexto, Benito Fernández conversó en exclusiva con Red Boing durante un desfile que se realizó en el Aeropuerto Internacional de Rosario y analizó tanto el presente de la moda argentina como el rol social que puede ocupar la industria.

“La industria de la moda siempre tuvo mucho protagonismo y se comprometió mucho con las cosas sociales”, sostuvo el diseñador, quien recordó distintas campañas solidarias de las que participó a lo largo de su carrera. Y es que, históricamente, la moda funcionó como una vidriera social. Por lo que no solo mostró tendencias, también acompañó luchas, visibilizó problemáticas y expresó cambios culturales. Desde movimientos contraculturales hasta campañas benéficas, la ropa dejó de ser únicamente una prenda para convertirse en un mensaje.

“La industria de la moda siempre tuvo mucho protagonismo y se comprometió mucho con las cosas sociales”, sostuvo el diseñador

Hablar de Benito Fernández, de ese hombre que nació en Buenos Aires y hoy tiene 65 años, es hablar sobre una de las personalidades más emblemáticas e icónicas de la moda argentina. Con cuarenta años de trayectoria, el diseñador construyó su propio sello que está atravesado por el color. La identidad cultural, la elegancia contemporánea y su mirada sobre las formas de expresión son el legado que dejó anclado en cada una de sus propuestas.

Logró trascender frontera y llevar sus bocetos a los grandes paraísos de la moda como Nueva York y París, siendo una de los diseñadores nacionales que vestía figuras internacionales. Sumado a esto es el dueño de un estilo particular e inconfundible, Benito también se consolidó como un pionero en el impulso de la industria nacional y de proyectos solidarios.

Lograr que la empatía sea moda

El evento en conjunto con Melocotón,  fue organizado por María José Gindre, dueña de Nativa Models, a beneficio de la Fundación Hermanas de Jordán, tuvo una particularidad poco habitual: se realizó dentro de un aeropuerto. Lejos de verlo como una dificultad, a Fernández le encantó la propuesta. “A mí todo lo que sea salirse de los estereotipos es lo que más me divierte”, expresó. Y quizás esa frase resume parte del espíritu de una industria que constantemente intenta reinventarse mientras el mundo cambia alrededor suyo.

Modelos de la marca Melocoton (Foto: Nativa Models)

Porque la moda también determina épocas. Los largos de las polleras, los colores, las siluetas y hasta la manera de consumir ropa terminan contando qué momento atraviesa una sociedad. En tiempos de crisis aparecen la moderación, los tonos neutros y el consumo rápido; en épocas de prosperidad resurgen el exceso, el brillo y la experimentación. Hoy, las redes sociales aceleraron todavía más ese proceso. De este modo las microtendencias nacen y mueren en cuestión de semanas, especialmente entre los más jóvenes, que viven bombardeados por una necesidad constante de pertenecer.

Y detrás de esa velocidad también aparecen consecuencias emocionales y sociales. La presión estética, la obsesión por determinados cuerpos o la necesidad de seguir tendencias efímeras terminan generando agotamiento, inseguridades y hasta problemas de salud mental. La moda, muchas veces, se transforma en una carrera imposible de alcanzar.

La importancia del trabajo de pasarela

En ese contexto tan cambiante, Fernández fue crítico sobre la situación que atraviesa actualmente la industria nacional. “Estamos en un momento muy difícil”, afirmó. Y apuntó especialmente contra el impacto de las importaciones en el sector textil argentino.

“Esta importación voraz que está haciendo el gobierno está destruyendo la industria”, señaló. Aunque aclaró que considera positiva la competencia, remarcó que la apertura comercial debería haberse implementado de manera más paulatina para permitir que el sector pudiera adaptarse sin quedar arrasado en el proceso.

“Esta importación voraz que está haciendo el gobierno está destruyendo la industria”, señaló.

Pero su preocupación no aparece solamente desde el lugar empresarial. Fernández hizo foco en algo que muchas veces queda oculto detrás de las luces de una pasarela: el trabajo humano. “Se ve una foto linda con una modelo divina y atrás de eso hay un laburo tremendo”, explicó.

La agencia de modelaje Nativa Models, encargada de la organización del desfile (Foto: Nativa Models)

Y ahí es donde la moda vuelve a mostrar su costado más real. Porque mientras muchas personas la asocian únicamente con lujo, superficialidad o exclusividad, detrás de cada colección existe una cadena enorme de trabajadores: costureros, bordadores, diseñadores, maquilladores, peluqueros, fotógrafos, productores y talleres enteros que dependen de esa industria para vivir.

Cientos de familias encuentran sustento en algo que, desde afuera, parece apenas una caminata de algunos segundos sobre una pasarela. La moda no mueve solamente tendencias; mueve economías, identidades y oportunidades laborales.

Por eso, las declaraciones de Benito aparecen en un momento donde la Argentina también debate qué lugar ocupa la producción nacional frente al avance del fast fashion y la globalización. Mientras las grandes cadenas internacionales impulsan un consumo cada vez más rápido y descartable, muchos diseñadores locales buscan sostener propuestas ligadas al diseño de autor, al trabajo artesanal y a la identidad cultural.

La originalidad hace la diferencia

Precisamente, el diseño de autor se convirtió en una forma de resistencia frente a la estandarización global. El uso de materiales regionales, técnicas ancestrales y procesos más conscientes no solo busca diferenciarse comercialmente, sino también preservar el patrimonio cultural y darle valor al trabajo argentino.

Fernández remarcó que su preocupación no pasa únicamente por las grandes marcas, sino principalmente por quienes dependen laboralmente del sector textil. “Yo me puedo reinventar. Pero por ahí el que cose no se puede reinventar”, sostuvo.

 

María José Gindre, dueña y fundadora de Nativa Models, y Benito Fernández al finalizar el desfile (Foto: Nativa Models)

La frase resume una realidad mucho más profunda que una discusión sobre ropa. Porque hablar de moda también es hablar de clase social, de consumo, de trabajo y de pertenencia. Es hablar de cómo una sociedad se muestra frente al mundo y de cómo intenta sobrevivir a sus propias crisis.

“Quiero que al país le vaya bien”, concluyó Fernández, dejando en claro que, para él, la moda puede convertirse en una herramienta para visibilizar problemáticas sociales, defender la producción nacional y sostener historias humanas que muchas veces quedan escondidas detrás del brillo de una vidriera.

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