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¿Gratis? No tanto: el costo invisible de usar redes sociales y aplicaciones

Cada búsqueda, publicación y descarga deja una huella digital. Las plataformas no cobran dinero por sus servicios, pero obtienen un recurso cada vez más valioso: los datos personales de millones de usuarios que utilizan para personalizar contenidos, vender publicidad y alimentar un negocio multimillonario.

Las redes sociales capturan los datos personales de los usuarios

Abrir una cuenta en una red social, usar un buscador o descargar una aplicación no requiere sacar la billetera. Sin embargo, eso no significa que esos servicios sean completamente gratuitos. Detrás de cada clic, búsqueda o publicación existe un intercambio silencioso: los usuarios entregan información personal que las plataformas utilizan para distintos fines.

Cada vez que una persona acepta las políticas de privacidad, habilita la ubicación del celular o permite el uso de cookies, comienza a generar un rastro digital. Esa información incluye desde datos básicos, como nombre o correo electrónico, hasta hábitos de navegación, intereses, historial de compras y relaciones personales.

Las empresas tecnológicas utilizan esos datos para personalizar la experiencia de cada usuario, recomendar contenido y mostrar publicidad adaptada a sus gustos. Se trata de un uso permitido siempre que exista consentimiento y que las plataformas informen de manera clara cómo administrarán esa información.

El problema aparece cuando esos datos terminan en manos equivocadas. Los especialistas advierten que existen prácticas ilegales, como el robo de bases de datos mediante ataques informáticos, campañas de phishing o la comercialización de información personal en la dark web. Allí pueden venderse contraseñas, accesos a cuentas o datos bancarios que luego son utilizados para cometer fraudes, suplantaciones de identidad o extorsiones.

La preocupación por la privacidad digital no es nueva. Uno de los antecedentes más recordados fue el ataque sufrido por Ashley Madison en 2015, cuando se filtró información de millones de usuarios, con consecuencias personales y profesionales para muchas de las víctimas. Años después, el escándalo de Cambridge Analytica volvió a poner el tema en debate al revelarse que datos obtenidos desde Facebook fueron utilizados para elaborar perfiles políticos e influir en campañas electorales.

Frente a este escenario, los expertos recomiendan revisar las configuraciones de privacidad de las aplicaciones, limitar los permisos que se conceden, rechazar las cookies que no sean necesarias y desconfiar de cualquier solicitud de datos sensibles, como claves, códigos de verificación o información bancaria.

Aunque la mayoría de los servicios digitales seguirán siendo gratuitos para los usuarios, cada vez cobra más importancia conocer qué información se entrega a cambio y cómo puede ser utilizada. En Internet, muchas veces el verdadero valor de una plataforma no está en el dinero que cuesta utilizarla, sino en los datos que cada persona comparte al hacerlo.

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