
La Argentina atraviesa una transformación demográfica que ya impacta en distintos aspectos de la vida cotidiana. La cantidad de hijos por mujer cayó de manera sostenida durante las últimas décadas y, según explicó el economista y especialista en demografía Rafael Rofman en diálogo con “Lo Mejor De Todo”, por Radio Boing, el país está llegando al final de un proceso que comenzó hace más de un siglo.
Rofman, licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires, magíster en Demografía Social y doctor en Demografía por la Universidad de California, Berkeley, es autor junto a Carola de la Parra de La Revolución Demográfica. ¿Por qué el descenso de la natalidad puede ser la gran oportunidad del siglo XXI?, un libro en el que analiza las transformaciones poblacionales y sus consecuencias.
Durante la entrevista, explicó que la demografía estudia las poblaciones humanas y que existen tres fenómenos fundamentales para comprender sus cambios: natalidad, mortalidad y migraciones. “Siempre pasan tres cosas posibles: nacemos, nos morimos o nos mudamos”, resumió Rofman.
Menos hijos y más años de vida
Uno de los principales cambios que atraviesa la Argentina es el descenso de la fecundidad. Rofman señaló que durante gran parte de la historia de la humanidad las mujeres tenían alrededor de siete u ocho hijos, pero la mortalidad también era extremadamente elevada. “En lugar de nacer mucho y vivir poco, nacemos poco y vivimos mucho”, explicó.
Según el especialista, el último dato argentino muestra una tasa de 1,23 hijos por mujer, muy por debajo de los niveles históricos. Al mismo tiempo, la esperanza de vida aumentó de manera significativa: pasó de alrededor de 30 años, en términos históricos, a más de 70 en la actualidad y continúa acercándose a los 80.

Para Rofman, este cambio no responde únicamente a que las personas hayan decidido no tener hijos. También existe una tendencia a postergar la maternidad y la paternidad.
El especialista señaló que la caída fue especialmente fuerte entre las adolescentes. En los últimos diez años, sostuvo, la cantidad de hijos de mujeres menores de 20 años se redujo alrededor de un 70%. En cambio, entre las mujeres mayores de 35 y 40 años se registra incluso un pequeño aumento.
“Lo que está pasando es una mezcla de las dos cosas. Hay una reducción en el número de hijos y además hay una postergación”, explicó. La edad promedio de las madres también aumentó. Según Rofman, históricamente se ubicaba alrededor de los 27 años y actualmente supera los 30.
Para el especialista, el descenso de la natalidad genera un fenómeno conocido como bono demográfico. Al haber menos niños y todavía no existir una proporción tan elevada de adultos mayores, aumenta temporalmente el porcentaje de población en edad de trabajar.

“Eso hace que en ese momento sea más fácil producir más bienes y servicios per cápita, porque hay más gente trabajando y entonces nos podemos hacer más ricos. Esa es una oportunidad tremenda que hay que aprovechar”, sostuvo.
Pero para que ese escenario se traduzca en mejores condiciones de vida, Rofman advirtió que es necesario tomar decisiones de largo plazo.
Uno de los sectores que podría beneficiarse directamente es la educación. Con menos niños ingresando al sistema educativo, el Estado tendrá la posibilidad de utilizar los recursos disponibles de otra manera.
“Por primera vez en la historia, en la Argentina, los ministros de Educación de las provincias no tienen que pensar cómo hago el año que viene para construir más escuelas y contratar más maestros, porque vienen más alumnos. Vienen menos”, explicó.
En ese sentido, planteó que los recursos podrían utilizarse para mejorar la calidad educativa, implementar escuelas de tiempo completo, fortalecer las tutorías o capacitar a los docentes.
Sin embargo, dejó una advertencia: “No estamos condenados al éxito, pero tenemos una oportunidad tremenda de mejorar mucho las condiciones de vida de la población en los próximos 10, 15, 20 años”.

¿Mascotas en lugar de hijos?
Durante la entrevista también apareció uno de los fenómenos que suele asociarse al descenso de la natalidad: el aumento de la cantidad de hogares con mascotas y la creciente identificación de perros y gatos como integrantes de la familia.
Rofman relativizó esa relación y aseguró que el dato realmente relevante es la cantidad de hijos que las personas desean tener.
“En la práctica lo que vemos es que la gente quiere tener hijos”, explicó, y señaló que un estudio presentado recientemente en Buenos Aires mostró que la mayoría de las personas continúa manifestando el deseo de tener hijos, aunque en promedio quiere tener menos que generaciones anteriores.
Por eso, consideró que la discusión sobre “mascotas versus hijos” puede funcionar como un buen titular, pero no explica por sí sola la transformación demográfica.
La baja de la natalidad y el aborto
Otro de los temas abordados fue la relación entre la caída de los nacimientos y la legalización del aborto en Argentina.
Rofman sostuvo que el descenso de la fecundidad comenzó antes de la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Según explicó, la caída acelerada de los nacimientos comenzó alrededor de 2014, mientras que la ley fue aprobada a fines de 2020 y comenzó a tener impacto sobre los nacimientos a partir de 2022.
Para el especialista, uno de los factores que tuvo mayor incidencia fue la incorporación y distribución masiva de nuevos métodos anticonceptivos, particularmente entre mujeres jóvenes.
“Muchas más mujeres tienen los hijos que quieren y no los hijos que les tocaban porque tenían embarazos no intencionales”, señaló.
A su entender, la consecuencia también puede analizarse desde una perspectiva social y económica: la reducción de los embarazos adolescentes permite que miles de jóvenes continúen estudiando y tengan mejores oportunidades laborales.
El problema de los cuidados y las licencias
Rofman también puso el foco en un aspecto que considera central para quienes desean tener hijos: las condiciones que ofrece el Estado para acompañar a las familias.
En ese punto, cuestionó la diferencia entre las licencias por maternidad y paternidad en Argentina. “En la ley argentina dice que una mujer que tuvo un hijo tiene 45 días de licencia después del parto. Y el varón tiene dos días y son dos días corridos. Así que, chicos, por favor, no tengan hijos un viernes”, ironizó.
Más allá del comentario, sostuvo que mejorar las licencias no debería ser entendido únicamente como una política de derechos laborales, sino también como una inversión económica y social.
“Sabemos perfectamente un montón de estudios que muestran que la potencialidad de los chicos, la capacidad de estos chicos de aportar en forma significativa a la sociedad 30 años después de que nacieron, tiene mucho que ver con qué pasan los primeros años de vida”, explicó.

Para Rofman, Argentina necesita además desarrollar un verdadero sistema de cuidados que permita compatibilizar la crianza con el trabajo y la carrera profesional. “Argentina casi no tiene un sistema de cuidados”, afirmó, y señaló que actualmente muchas familias dependen de abuelos, otros familiares o de la posibilidad económica de contratar a alguien.
“Es muy difícil que un político lo haga”
Consultado sobre su vínculo con los gobiernos y la posibilidad de que sus investigaciones lleguen a las políticas públicas, Rofman explicó que trabaja habitualmente con funcionarios y dirigentes de distintos espacios.
Según sostuvo, uno de los principales problemas está en que muchas de las transformaciones que requiere la Argentina tienen resultados a largo plazo, mientras que los dirigentes deben responder también a las urgencias de todos los días. “Nada de lo que estamos discutiendo acá cambia la vida la semana que viene. Son cosas que van de a poquito”, señaló.
Por eso, consideró fundamental que la sociedad también reclame políticas de largo plazo y acompañe a quienes intentan impulsarlas. “Si yo no convenzo a la gente de que esto es importante, no sirve que el político me diga que tiene razón”, explicó.

Contra la nostalgia de que “todo tiempo pasado fue mejor”
Hacia el final de la entrevista, Rofman cuestionó una característica que, según planteó, atraviesa especialmente a los argentinos: la nostalgia por un pasado que muchas veces se imagina mejor de lo que realmente fue. “Los argentinos, los humanos en general, tendemos a ser nostálgicos y tendemos a ser distópicos, a pensar que el futuro es catastrófico”, afirmó.
Para el especialista, los datos muestran que, en términos generales, la humanidad experimentó una enorme mejora en sus condiciones de vida. Uno de los indicadores más claros es la esperanza de vida, que pasó de alrededor de 30 años a superar los 70. “Cuando uno mira los datos, cuando lo piensa con un poquito de calma, te das cuenta que en casi todos los órdenes de la vida, pero en particular en las que estamos discutiendo en el libro, que es la demografía, el desarrollo económico, la calidad de vida, con muy pocas excepciones todo tiempo pasado fue peor”, sostuvo.
En ese sentido, también cuestionó las políticas destinadas exclusivamente a aumentar la cantidad de nacimientos. Para Rofman, los incentivos económicos tienen un impacto limitado porque la decisión de tener hijos está vinculada con proyectos de vida, condiciones laborales, cuidados y cuestiones emocionales.
Argentina, explicó, ya no necesita pensar su desarrollo a partir de la cantidad de habitantes, como ocurría en el siglo XIX. El desafío actual pasa por formar capital humano capaz de generar mayor productividad. “Lo que hacemos para adelante son tres cosas, educar, educar y educar”, concluyó.
Rofman adelantó además que estará en Rosario durante la próxima Feria del Libro, prevista para octubre, para presentar La Revolución Demográfica, una obra que propone mirar la caída de la natalidad no solamente desde la preocupación por el futuro, sino también desde las oportunidades que abre el nuevo escenario demográfico.
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