
El histórico edificio de La Favorita atraviesa uno de los momentos más delicados desde su reapertura como centro comercial. La salida anticipada de marcas, el deterioro de la actividad interna y los rumores sobre la inminente renuncia del actual operador comercial (Guillermo Nudemberg) terminaron de profundizar un escenario de incertidumbre sobre el futuro del tradicional inmueble del microcentro rosarino.
En las últimas semanas se aceleró el vaciamiento de locales dentro del complejo ubicado en la esquina de Córdoba y Sarmiento. Comercios de distintos rubros comenzaron procesos de liquidación o directamente anunciaron su retiro antes del vencimiento de los contratos. A eso se suma el cierre de espacios gastronómicos, la caída del coworking y problemas de funcionamiento en sectores comunes del edificio.
La crisis del paseo comercial se da en un contexto de fuerte retracción del consumo y pérdida de movimiento en el centro de Rosario, un fenómeno que también golpea a otros corredores comerciales de la ciudad. Sin embargo, en el caso de La Favorita, distintos actores del mercado coinciden en que la situación excede la coyuntura económica y refleja el agotamiento del modelo de reconversión impulsado tras la salida de Falabella.
El proyecto había apostado a transformar el edificio en un paseo comercial con marcas locales, gastronomía y espacios de usos mixtos. Pero, a poco más de tres años de su reapertura, nunca logró consolidar un flujo sostenido de público ni generar niveles de ventas capaces de sostener la estructura.

En paralelo, crecieron las tensiones entre Guillermo Nudemberg, el actual operador comercial, y la familia García, propietaria del inmueble, en torno a la continuidad del esquema de explotación. Según trascendió, las dificultades para renovar contratos y atraer nuevos locatarios se profundizaron por la falta de certezas sobre el futuro del edificio.
La novedad más fuerte de las últimas horas es que ambas partes habrían acordado una salida anticipada. De confirmarse, el vínculo comercial que debía extenderse hasta octubre de 2027 terminaría a fines de junio de este año, un movimiento que en el mercado ya leen como el final del actual modelo de gestión.
Mientras tanto, continúan circulando versiones sobre una posible venta del inmueble. Aunque no existe confirmación oficial, desde hace semanas se mencionan negociaciones con distintos grupos inversores, entre ellos capitales extranjeros y empresarios vinculados al negocio de importados y grandes superficies comerciales.
Por ahora, todas esas alternativas se mantienen en el terreno de los trascendidos. Pero dentro del sector inmobiliario y comercial rosarino crece la percepción de que el edificio podría encaminarse hacia una reconversión total, dejando atrás el formato de shopping urbano con el que intentó reinventarse tras la pandemia.
La incógnita ya no parece ser si habrá cambios, sino cuál será el nuevo destino de uno de los inmuebles más emblemáticos del centro rosarino.
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