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Opinión

La suerte es amiga de la acción, y Newell’s lo sufrió en carne propia

Foto: Farid Dumat Kelzi

La eliminación de la Copa Sudamericana aún retumba en los pasillos del Coloso. El empate como local, sumado a la caída en Brasil la semana pasada, hicieron que Newell’s se despida prematuramente de los planos internacionales, poniendo en el ojo de la tormenta a jugadores, técnico y hasta al presidente. Muchos de ellos fueron apuntados como responsables de la eliminación por parte de los hinchas, que se fueron enojados y decepcionados del Parque Independencia.

Cuando se abrió el mercado de pases hace poco más de un mes, quienes siguieron las acciones de la Lepra durante el primer semestre sabían que había algunos puestos neurálgicos a reforzar: un volante central que pueda reemplazar a Sforza, un mediocampista creativo, y sin lugar a dudas un centrodelantero. A lo largo de la Liga Profesional, el elenco dirigido por Heinze hizo 24 goles en 27 partidos, siendo de los menos efectivos en el arco contrario.

Foto: Farid Dumat Kelzi

Con una mediocre campaña en el torneo doméstico, todos los cañones apuntaban a sostener su sueño copero y para eso comenzó la búsqueda de incorporaciones. A Newell’s, como a los otros equipos clasificados a instancias finales de copas internacionales, la ventana para traer jugadores se abrió antes, lo que le dio un plus a la hora de negociar. 

Con la posibilidad de hacer hasta cinco modificaciones en la lista de buena fe, la Lepra simplemente incorporó a un zaguero central colombiano -que en teoría llegó para reemplazar a Ditta- y a un lateral por derecha, puesto donde ya tenía dos jugadores alternando titularidad. La parte positiva: Carlos Ordoñez y Augusto Schott estaban habilitados para jugar Sudamericana. La parte negativa: no están bien físicamente y ni siquiera concentraron para ninguno de los dos cruces.

Foto: Farid Dumat Kelzi

Para el partido más importante del semestre, donde el rojinegro definía si el balance era bueno o malo, el equipo era peor que el de la fase de grupos. A mitad de camino, Willer Ditta fue vendido en alrededor de 4 millones de dólares al Cruz Azul y por el momento no pudo ser reemplazado a nivel deportivo. Ni Facundo Mansilla ni Guillermo Ortíz estuvieron a la altura, y el ingreso de Ian Glavinovich parecería haber sido tardío.

Un mes para negociar, ingresos por ventas y el plus de tentar con la Copa Sudamericana. Nada de eso ayudó para que Pablo Guiñazú, flamante manager deportivo de la institución, pueda reforzar un plantel que pedía recambio a gritos. Y eso quedó expuesto este martes, cuando no pudo con Corinthians como local y quedó eliminado de la competencia.

“Qué mala suerte tenemos”, “Nunca cae una para nuestro lado”, “Merecimos ganar, que lástima”, se podía escuchar alrededor del Parque Independencia minutos después del pitido final. ¿Suerte o fallas futbolísticas? Es difícil poder hacer la diferencia si el único delantero tiene que bajar a tres cuartos de cancha para entrar en funcionamiento y descargar con los extremos, que después de desbordar se quedan sin un faro en el área para tirar el centro.

Quizás es cierto, lo lúdico jugó una mala pasada, y más en llaves que terminan definiéndose por un solo gol de diferencia. Distinto hubiese sido el pensamiento si entraba la volea pifiada por Guillermo Balzi, o si no le sacaban el disparo en la línea a Iván Gómez. Pero ya lo dijeron Los Cafres en una canción, en una frase que es prácticamente de cabecera de Nahuel Guzmán: “La suerte es amiga de la acción”.

Si, es probable que Newell’s haya tenido mala suerte. Pero desde la dirigencia rojinegra no pudieron colaborar -a través de la contratación de refuerzos que puedan torcer la historia- a que la Lepra pueda hacer la diferencia al menos en lo deportivo.

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