
La caída de la natalidad en Argentina volvió a instalarse en el debate público después de que se conocieran datos que muestran una reducción del 40% en los nacimientos durante la última década. Para analizar el fenómeno, en el programa Antes de Todo de Radio Boing 97.3 la doctora en Sociología y magíster en Antropología Social, María de las Nieves Puglia, explicó las causas de esta transformación demográfica y sus posibles consecuencias a futuro.
Según señaló la especialista, la baja de los nacimientos es un proceso que combina una tendencia histórica de largo plazo, la cual se fue acelerando en los últimos años. “Lo que sabemos de la natalidad es que tiene dos historias: la historia larga y la historia corta”, explicó. En ese sentido, remarcó que la disminución de la fecundidad no comenzó recientemente sino que se viene produciendo desde hace más de un siglo.
“La historia larga es que básicamente la natalidad viene bajando hace un siglo y medio en la Argentina. No es un dato nuevo”, sostuvo. Sumado a esto, detalló que en 1870 las mujeres argentinas tenían en promedio siete hijos, aunque en un contexto marcado por una elevada mortalidad infantil. “Las mujeres argentinas teníamos siete hijos en 1870, con la expectativa de que el 50% de sus hijos se muriera. Había una mortalidad infantil realmente alarmante”, indicó.
Con el avance de las condiciones sanitarias, el acceso a la salud y la reducción de la mortalidad infantil, las familias comenzaron a tener menos hijos. Así, en 1950 el promedio era de 3,5 hijos por mujer, mientras que en los primeros años del siglo XXI se ubicaba alrededor de 2,5. Actualmente, según explicó la socióloga, el indicador se encuentra en torno a 1,3 o 1,4 hijos por mujer.
El punto de inflexión de 2014
Puglia señaló que existe además una “historia corta” de la natalidad argentina, vinculada a la aceleración de la caída registrada durante los últimos años. “En las estadísticas vitales y en las estadísticas que va relevando y publicando el INDEC se muestra que esto sucede a partir de 2014”, explicó.
La especialista sostuvo que Argentina llegó tarde a una tendencia que otros países de la región habían comenzado a experimentar décadas atrás. “Uruguay, Chile y Brasil venían cayendo sus tasas de natalidad y Argentina había amesetado la suya”, señaló.
Según explicó, una de las razones de ese retraso estuvo relacionada con las dificultades históricas para acceder a métodos anticonceptivos y a políticas de planificación familiar. “El tercer peronismo había prácticamente imposibilitado el acceso a los métodos anticonceptivos y las técnicas de planificación familiar. Entonces no había manera de planificar cuándo y cómo tener hijos”, afirmó.
A partir de los años 2000 comenzaron a implementarse políticas públicas vinculadas a la salud sexual y reproductiva, que facilitaron el acceso a información y métodos anticonceptivos. Sin embargo, para la investigadora, uno de los programas más determinantes fue el Plan ENIA, destinado a prevenir embarazos no intencionales en adolescentes. “Hubo un plan particularmente efectivo en 2017, que fue el Plan ENIA”, destacó.
La fuerte caída del embarazo adolescente
Uno de los datos más relevantes que aportó la especialista es que la reducción de la natalidad fue especialmente marcada entre las adolescentes. “Si la natalidad en general cayó un 40%, en las adolescentes baja un 60%”, explicó.
Para Puglia, buena parte del descenso registrado en los nacimientos durante la última década está directamente relacionado con la reducción de los embarazos en menores de edad. “Buena parte de la caída de la natalidad de los últimos diez años se explica porque las nenas de entre 10 y 19 años no están teniendo tantos hijos como los tenían hace quince años”, afirmó. La investigadora consideró que este fenómeno representa un avance importante en términos de salud pública y derechos reproductivos.
Maternidad más tardía y más educación
Otro de los cambios que atraviesa la sociedad argentina tiene que ver con la edad en la que las mujeres deciden convertirse en madres. Según explicó Puglia, cada vez más mujeres postergan la maternidad para avanzar en sus estudios, desarrollarse profesionalmente o alcanzar cierta estabilidad económica antes de formar una familia.
“La edad del primer hijo se acerca promedio país más a los 30 años y se aleja de los 20 como era antes”, sostuvo. La socióloga explicó que esta tendencia está estrechamente vinculada con el nivel educativo de las sociedades.
“Cuanto mayores niveles de educación hay en las sociedades, mayores niveles de desarrollo en general, las tasas de natalidad tienden a desplomarse”, afirmó. Incluso señaló que los sectores con mayor nivel educativo suelen registrar los índices de fecundidad más bajos.
Un fenómeno mundial
Durante la entrevista, Puglia remarcó que Argentina no constituye una excepción, sino que forma parte de una tendencia global que afecta tanto a países desarrollados como emergentes. “La baja de la natalidad es un proceso que acompaña toda la modernidad. Es tan vieja como el capitalismo mismo”, sostuvo.
En ese marco, mencionó que Europa atraviesa desde hace décadas un proceso de envejecimiento poblacional producto de la reducción de nacimientos. También citó el caso de Corea del Sur, que actualmente registra una de las tasas de fecundidad más bajas del planeta de 0,7 hijos por mujer.
Asimismo, recordó que China enfrenta una situación similar, al punto de haber abandonado gradualmente la histórica política del hijo único. “China está viendo un desplome muy pronunciado de su tasa de natalidad y tuvo que salir de la política de hijo único hacia la de dos hijos, tres hijos y ahora prácticamente abandonarla”, explicó.
El desafío del envejecimiento poblacional
Para la especialista, el foco de la discusión no debería estar puesto en cómo aumentar los nacimientos, sino en cómo adaptar las sociedades a una estructura demográfica diferente. “La pregunta es cómo hacemos para acompañar eso que provoca la caída de la natalidad, que es el envejecimiento poblacional”, sostuvo.
Según explicó, los países deberán prepararse para una población con una proporción creciente de adultos mayores, lo que implicará desafíos en materia de salud, seguridad social, cuidados y políticas públicas.
“¿Cómo hacemos para acompañar las estructuras de vida, de gobierno, de servicios y bienes públicos para acompañar ese envejecimiento poblacional? Es un proyecto de ingeniería social, básicamente”, afirmó.
A once años de Ni Una Menos
En otro tramo de la entrevista, Puglia también reflexionó sobre el aniversario número once del movimiento Ni Una Menos y destacó la masividad que recuperó la movilización este año. “Fue muy hermoso ver esa masificación de nuevo. Pareció que en un momento había perdido alguna vitalidad y la verdad es que vimos que todavía nos importan cosas como sociedad”, señaló.
La socióloga consideró que una de las novedades más relevantes de esta etapa es la creciente participación de los hombres en el debate sobre la violencia de género y las desigualdades. “Había una pregunta que no había estado tan clara como este año: ‘¿Y los varones qué?’”, expresó.
Según indicó, el desafío pasa por una revisión profunda de las prácticas cotidianas y de las relaciones entre hombres y mujeres. “Tenemos que repensar nuestras prácticas, cómo nos vinculamos con nuestras compañeras, qué cosas les decimos, cómo nos referimos a ellas y qué lugar les damos dentro de nuestras relaciones sociales”, afirmó.
Finalmente, remarcó que las transformaciones culturales requieren tiempo y que los cambios estructurales no ocurren de manera inmediata. “Los órdenes sociales no cambian en 11 años. Si una lee la historia larga de la humanidad, los órdenes sociales en sus raíces culturales y antropológicas no cambian en 11 años. La lucha va a ser larga”, concluyó.
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