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Campañas electorales

Por qué un debate presidencial no define una elección

El analista político habló en Radio Boing sobre el peso de los debates, la imagen de los candidatos y las estrategias para disputar el voto.

Los debates presidenciales pueden influir en una campaña electoral, pero difícilmente definan por sí solos el resultado de una elección. Esa es una de las principales conclusiones que planteó el analista político Facundo Nejamkis durante una entrevista con el equipo de Antes de Todo, por Radio Boing 97.3, en la que analizó el impacto de la comunicación política, las estrategias de los candidatos y el escenario electoral de Brasil.

Para Nejamkis, el efecto de un debate debe entenderse dentro de un contexto político más amplio, atravesado por las preferencias electorales, la situación socioeconómica y la historia de los espacios políticos que compiten. En ese marco, sostuvo que es difícil modificar esas condiciones únicamente a través de una intervención televisiva.

“Pensar o la fantasía de que en una campaña presidencial, y más aún en un debate, se define una elección, es asignarle demasiado protagonismo a un hecho que sucede en un momento determinado”, explicó.

El impacto de los debates y el peso de las redes sociales

El analista consideró que una actuación aceptable en un debate no suele generar grandes cambios en la intención de voto. Sin embargo, advirtió que cometer errores importantes puede tener consecuencias, especialmente durante el tramo final de una campaña.

En ese sentido, señaló que el efecto de estas instancias no se limita a lo que ocurre durante la transmisión televisiva. Los equipos de campaña producen y multiplican fragmentos de las intervenciones para distribuirlos en redes sociales y otras plataformas digitales.

“Probablemente no es tanto lo que sucede en el debate, sino que en general los equipos de campañas presidenciales alrededor del debate generan, producen y multiplican contenidos”, explicó.

Esos recortes permiten destacar determinadas respuestas, reforzar la imagen de un candidato o exponer las debilidades de su adversario ante audiencias que no necesariamente siguen el debate completo.

Kennedy, Nixon y la importancia de la imagen

Nejamkis también cuestionó la idea de que un debate se gana únicamente por la capacidad argumentativa o el conocimiento de los temas públicos. Para ilustrarlo, recordó el histórico enfrentamiento televisivo entre John F. Kennedy y Richard Nixon en Estados Unidos.

Según repasó, quienes siguieron aquel debate por radio tendieron a considerar que Nixon había tenido un mejor desempeño, mientras que entre quienes lo vieron por televisión predominó la percepción favorable a Kennedy, cuya imagen y desenvoltura frente a las cámaras jugaron un papel importante.

El ejemplo le permitió remarcar que, además de las propuestas y los argumentos, intervienen factores como la comunicación no verbal, la postura corporal, la gestualidad y la manera en que cada postulante construye su imagen.

Por eso, advirtió que determinar quién ganó un debate puede ser más complejo de lo que sugieren las evaluaciones inmediatas de periodistas y analistas políticos.

¿Qué pasa cuando un candidato no participa?

Consultado sobre las consecuencias de ausentarse de un debate, Nejamkis sostuvo que no existe una regla universal: el efecto depende de cómo la sociedad interprete esa decisión en un momento determinado.

Como antecedente argentino, recordó el escenario de 1989, cuando Carlos Menem no participó de un debate televisivo con el candidato radical Eduardo Angeloz. La ausencia fue cuestionada en aquel momento, pero no impidió que Menem ganara las elecciones presidenciales.

El analista contrastó ese episodio con otras experiencias electorales en las que la falta de participación pudo tener un costo político. A su entender, la reacción social depende de si el debate es percibido como una instancia legítima y necesaria o si, por el contrario, el electorado considera que el candidato tiene motivos para evitarla.

En Argentina, además, la participación en los debates presidenciales está regulada por ley, por lo que los postulantes alcanzados por esa normativa no pueden decidir libremente ausentarse sin consecuencias.

Sobresalir en un debate no significa necesariamente hablar mejor o demostrar más conocimientos.

Milei y Massa: qué significa ganar un debate

Al analizar el debate presidencial de 2023 entre Javier Milei y Sergio Massa, Nejamkis planteó una diferencia entre la evaluación de los especialistas y la percepción de una parte del electorado.

Mientras algunos analistas destacaron el desempeño de Massa por su articulación, su conocimiento de los temas y su capacidad para conducir el intercambio, el resultado electoral mostró que esa valoración no necesariamente se tradujo en una ventaja para el candidato oficialista.

Según el analista, Milei pudo proyectar una imagen de mayor cercanía con determinados sectores de la sociedad, incluso desde una posición que algunos votantes podían interpretar como la del candidato más débil frente al representante del oficialismo.

A partir de esa experiencia, sostuvo que sobresalir en un debate no significa necesariamente hablar mejor o demostrar más conocimientos. También puede ser importante exhibir las debilidades del adversario y transmitir una imagen que conecte con las expectativas de los votantes.

Nejamkis agregó que la estrategia debe adaptarse a la posición que ocupa cada candidato. No es lo mismo desafiar a un gobierno que defender una gestión desde el poder.

En esa línea, advirtió que la agresividad discursiva puede ser interpretada de manera diferente según quién la ejerza: la sociedad no necesariamente evalúa del mismo modo a un opositor que confronta con el oficialismo y a un presidente que busca defender su gestión.

La elección en Brasil y los límites de las encuestas

Durante la entrevista, Nejamkis también se refirió a la disputa electoral en Brasil entre Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro. Al analizar el escenario previo a la votación, consideró que las preferencias de los votantes que no habían optado inicialmente por ninguno de los dos candidatos podían favorecer a Bolsonaro, en función de la orientación política de otras fuerzas y postulantes.

Sin embargo, aclaró que ese razonamiento no garantizaba un resultado y que las decisiones de los electores podían apartarse de las previsiones iniciales.

“Los votantes son como las cargas del diablo”, expresó al advertir sobre la dificultad de anticipar cómo se distribuirían los apoyos en una elección ajustada.

El analista también llamó a evitar interpretaciones generalizadoras después de conocerse el resultado. Si la diferencia entre los candidatos era estrecha, una victoria de cualquiera de ellos no implicaría que toda la sociedad brasileña compartiera una misma orientación política.

En ese sentido, remarcó que tanto una eventual victoria de Bolsonaro como una de Lula debía leerse considerando la existencia de sectores amplios y contrapuestos dentro del electorado.

La reflexión final de Nejamkis volvió así al eje central de la entrevista: las campañas, los debates y las estrategias de comunicación son factores relevantes, pero sus efectos dependen de un contexto político y social que no puede reducirse a una sola intervención televisiva ni a una fotografía aislada de la intención de voto.

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