La colombiana Sara López volvió a Rosario una década después de su primera visita a la ciudad, esta vez para disputar los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Especialista en arco compuesto, atraviesa una nueva competencia internacional con la experiencia acumulada durante los últimos diez años y una manera diferente de entender el deporte.
Al repasar cómo cambió su forma de competir durante ese tiempo, López destacó la evolución que experimentó tanto dentro como fuera de la pista. “Ya soy más adulta, ya he madurado muchos aspectos, tengo un enfoque distinto en las competencias”, explicó.

Esa transformación también modificó sus prioridades a la hora de competir. “Antes siempre competía con miras de ganar porque se me exigía. Hoy en día lo hago porque me gusta, me hace feliz y lo disfruto”, afirmó.
La jornada en Rosario presentó, además, un desafío extra por las condiciones climáticas. El frío y el viento obligaron a la arquera colombiana a realizar un esfuerzo adicional para adaptarse a un escenario muy diferente al que está acostumbrada.
“Fue difícil el poder acostumbrarme y siento que el cuerpo queda mucho más agotado en estas condiciones que en unas condiciones de calor”, agregó.
Una disciplina que se define por milímetros
En el arco compuesto, los atletas disparan a 50 metros y utilizan un arco con características diferentes al recurvo. Para López, la precisión es uno de los factores que convierte a esta modalidad en una disciplina especialmente exigente.
“Es un arco que es mucho más fuerte, más rápido, más preciso. Por ende, las competencias son mucho más reñidas, por así decirlo. Pierdes por cuestión de milímetros”, explicó.
La deportista también puso el foco en el aspecto psicológico. Lejos de reducir el tiro con arco a la puntería, considera que la capacidad de repetir el movimiento y sostener la concentración resulta determinante.
“Esto es un deporte cero de puntería, es más bien de técnica y de repetición. Yo diría que es un 80% mental, 10% la técnica y 10% las condiciones del clima o la suerte”, sostuvo.
Una nueva mirada sobre la competencia
Los Juegos Suramericanos aparecen en el tramo final de una temporada que López define como positiva. Más allá de los resultados de cada jornada, la colombiana busca quedarse con los aprendizajes que le deja cada experiencia.
En esa búsqueda también aparece una manera diferente de disfrutar los viajes y las ciudades que visita. Rosario, en particular, le permitió reencontrarse con un lugar que conoció hace una década, aunque esta vez con la posibilidad de observar más de cerca su vida cotidiana.
“Hoy en día hemos podido ver un poco más de los barrios, la cultura, la vida cotidiana”, contó.
Durante su estadía también tuvo contacto con uno de los grandes símbolos de la ciudad: Lionel Messi.
“Fuimos ya al museo. Pudimos ver el mural que tienen ahí de Messi, su Bota de Oro, su Balón de Oro”, relató.
Su primera visita a Rosario había sido muy diferente. “Esa vez estábamos en una parte muy lejana. Solamente fuimos a la ciudad el día de las finales que vimos un monumento muy lindo, creo que era el Monumento a la Bandera”, recordó.
Ahora pudo conocer otros sectores de la ciudad y llevarse una impresión distinta: “Es muy bonito también ver ese contraste y ver que es una ciudad que es muy colorida, tiene sus árboles, muy natural, muy bonito”.
Antes de finalizar su estadía, todavía le queda un deseo gastronómico pendiente: “Esperamos el último día poder salir, poder comer una buena carne o un choripán, algo bien rico de aquí”.
Entre el frío, el viento y la exigencia de una disciplina que puede definirse por pequeñas diferencias, Sara López transita su regreso a Rosario con una mirada que resume una década de trayectoria: competir sigue siendo importante, pero disfrutar el camino también forma parte de su manera de vivir el deporte.
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