
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este jueves que no tiene prisa por terminar la guerra con Irán y dejó en claro que cualquier acuerdo dependerá exclusivamente de los intereses estratégicos de Washington. En medio de un escenario de máxima tensión en Medio Oriente, el mandatario reafirmó el bloqueo naval contra el régimen iraní y sostuvo que la situación de Teherán es cada vez más crítica.
Desde la Casa Blanca y a través de sus redes sociales, Trump fue contundente al referirse a una eventual negociación: “Un acuerdo se alcanzará únicamente cuando sea apropiado y bueno para Estados Unidos, nuestros aliados y el resto del mundo”. De esta manera, descartó cualquier tipo de urgencia por cerrar el conflicto.
El mandatario también respondió a quienes aseguran que su administración busca acelerar el final de la guerra: “Soy posiblemente la persona menos presionada que jamás haya ocupado este cargo. Tengo todo el tiempo del mundo, pero Irán no; el reloj avanza para ellos”, afirmó, marcando una clara diferencia en la posición de ambas partes.
En esa línea, Trump insistió en que no se dejará influir por la presión mediática ni por sectores de la opinión pública, y remarcó que su prioridad es alcanzar un acuerdo favorable para su país.
Además, el líder republicano sostuvo que Irán se encuentra en una posición debilitada tanto en lo militar como en lo económico. En ese sentido, describió un escenario devastador para las fuerzas armadas iraníes: “La Marina de Irán yace en el fondo del mar, su Fuerza Aérea está demolida, y sus radares y defensa antiaérea han desaparecido”, detalló.
En paralelo, destacó el impacto del bloqueo naval impuesto por Estados Unidos, al que calificó como una herramienta clave para presionar al régimen. “El bloqueo es hermético y fuerte, y a partir de ahí, solo empeora”, advirtió, subrayando que el paso del tiempo juega en contra de Teherán.
“El tiempo no está de su lado”, reiteró Trump, al tiempo que volvió a desestimar versiones sobre una supuesta urgencia en la Casa Blanca por alcanzar un acuerdo.

Mientras tanto, Estados Unidos continúa reforzando su presencia militar en la región. El Comando Central (CENTCOM) confirmó que el portaaviones USS George H.W. Bush se encuentra operando en el océano Índico, lo que eleva a tres el número de portaviones desplegados en la zona y aumenta la capacidad de respuesta ante una posible escalada del conflicto.
Del lado iraní, las autoridades salieron a negar cualquier tipo de división interna. El presidente Masud Pezeshkian y el titular del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, difundieron un mensaje conjunto en el que reivindicaron la unidad del país frente a la presión internacional.
“No existen extremistas ni moderados en Irán. Todos somos iraníes y revolucionarios bajo la unión férrea de la nación y el gobierno”, afirmaron, en respuesta a versiones sobre tensiones internas.
Además, reforzaron su alineamiento con el liderazgo supremo y lanzaron una advertencia directa: “El agresor criminal se arrepentirá”. El mensaje concluyó con una declaración de fuerte contenido simbólico: “Un Dios, una nación, un líder y un camino; y ese es el camino de la victoria de nuestra querida Irán, más valiosa que la vida”.
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