
Los mercados globales atraviesan un martes de fuerte tensión financiera. Las principales bolsas del mundo operan en rojo, con una marcada presión vendedora sobre las acciones tecnológicas y con Wall Street anticipando una rueda de fuerte corrección en medio de un clima cada vez más adverso para los activos de riesgo.
La caída se da en un contexto de creciente inquietud por la postura de la Reserva Federal de Estados Unidos. Tras la última reunión del organismo, los inversores comenzaron a descontar un tono más agresivo en la lucha contra la inflación, lo que volvió a poner en duda las valuaciones de las compañías tecnológicas, uno de los sectores que más había traccionado las subas de los últimos meses.
El golpe más fuerte de la jornada se registró en Asia. En Corea del Sur, el índice Kospi se desplomó 10% desde su máximo histórico, en una señal de fuerte toma de ganancias y salida de posiciones en activos de riesgo. En Japón, el Nikkei 225 cayó 3,46%, también presionado por la debilidad del yen. La corrección se extendió a China, donde el Hang Seng de Hong Kong retrocedió 1,82% y la bolsa de Shanghái perdió 1,37%.
Europa tampoco logró escapar al mal clima financiero. El Euro Stoxx cedía 1,14%, mientras que entre las principales plazas del continente se observaban bajas generalizadas: el DAX alemán retrocedía 1,06%, el CAC francés perdía 0,69% y el FTSE del Reino Unido bajaba 0,48%.
En la previa de la apertura en Nueva York, la presión se trasladaba con fuerza a Wall Street. El S&P 500 caía 1,35% en el premarket, el Nasdaq Composite —índice fuertemente vinculado al negocio tecnológico— se hundía 2,68%, mientras que el Dow Jones mostraba una baja más moderada de 0,53%.
Dentro del universo corporativo, las acciones vinculadas al negocio de memorias y semiconductores aparecían entre las más castigadas, en especial aquellas que venían de acumular ganancias extraordinarias en lo que va del año. Entre las mayores bajas de la preapertura se destacaban Targa Resources, con una caída de 14%, Micron, con un retroceso de 7%, y Applied Materials, también con una baja del 7%.
En sentido contrario, algunas compañías mostraban números positivos pese al derrumbe general. IBM avanzaba 4%, al igual que Sherwin-Williams, mientras que Rollins subía cerca de 3%, desmarcándose del clima negativo que dominaba al mercado.
El movimiento también se produce en un escenario de reacomodamiento de las materias primas. El petróleo se estabilizaba por debajo de los 80 dólares por barril, aunque sin lograr funcionar como alivio para las acciones. El Brent subía apenas 0,04% y cotizaba en torno a los 77,5 dólares, mientras que el WTI avanzaba 0,09%, hasta los 73,93 dólares. Durante la jornada, incluso, el Brent llegó a perforar momentáneamente los 76 dólares, un nivel que no tocaba desde principios de marzo.
Sin embargo, lejos de aportar calma, el comportamiento del crudo alimentó otra preocupación del mercado: el posible impacto de la energía sobre la inflación y, por esa vía, sobre la política monetaria estadounidense. Los inversores siguen de cerca la señal que pueda dar la Fed en las próximas semanas, en un contexto en el que gana terreno la idea de que podría endurecer aún más su postura para evitar un rebrote inflacionario.
Ese cambio de expectativas ya se refleja en el mercado de bonos. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a dos años, especialmente sensibles a las previsiones de inflación y tasas, trepó hasta su nivel más alto en 16 meses y se ubicó en torno al 4,188%. Los rendimientos de los títulos de mayor plazo también mostraban subas, una dinámica que suele ejercer presión sobre las acciones de crecimiento y, en particular, sobre el segmento tecnológico.
Con este escenario, el mercado vuelve a entrar en modo corrección. La combinación de tasas altas, inflación persistente y valuaciones exigentes en el sector tech encendió las alarmas en los inversores, que ahora se preguntan si la baja de este martes es solo una toma de ganancias o el inicio de una corrección más profunda en Wall Street.
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