
El escenario vuelve a cargarse de tensión entre Estados Unidos e Irán tras las diferencias sobre la aplicación del Memorando de Entendimiento (MOU) firmado entre ambas partes, que establece condiciones para la libre navegación en el estratégico Estrecho de Ormuz.
El punto 5 del acuerdo, según el texto difundido, fija que la República Islámica de Irán debía garantizar el paso seguro de buques comerciales sin cargos durante un período de 60 días entre el Golfo Pérsico y el Mar de Omán, además de iniciar un esquema de diálogo con Omán y otros países ribereños para definir la administración futura del corredor marítimo.
Sin embargo, desde Teherán sostienen una interpretación distinta del entendimiento y afirman que conservan la potestad de implementar un sistema de peaje para las embarcaciones que atraviesen la zona, lo que abre un nuevo frente de conflicto con Washington.
En ese marco, una delegación técnica iraní se trasladó a Omán para avanzar en la posible implementación de ese esquema tarifario, mientras Estados Unidos sigue de cerca las negociaciones y manifiesta desconfianza sobre el rol del sultanato como mediador en la discusión.
El gobierno iraní, a través del canciller Abbas Araqchi, defendió su posición al afirmar que la responsabilidad sobre el estrecho recae exclusivamente en Teherán, lo que profundiza la disputa interpretativa sobre el alcance del acuerdo firmado semanas atrás.
Cruce diplomático y negociaciones en paralelo
En paralelo, el presidente estadounidense Donald Trump no descarta modificar o incluso dar por terminada la tregua de 60 días pactada con Irán, en caso de que no se respeten los términos del entendimiento. Al mismo tiempo, la Casa Blanca insiste en mantener abierta la vía del diálogo, mientras busca avances concretos en la mesa de negociación.
En ese contexto, el mandatario anunció el envío del enviado especial para Medio Oriente, Steve Witkoff, junto a Jared Kushner, a Doha (Qatar) para continuar las conversaciones indirectas con representantes vinculados al régimen iraní.
“Irán ha solicitado una reunión. Tendrá lugar mañana en Doha”, escribió Trump en su red social Truth Social, marcando una expectativa de acercamiento que fue rápidamente relativizada por la contraparte iraní.
Desde Teherán, el portavoz del equipo negociador, Esmaeil Baghaei, negó que esté prevista una reunión formal con emisarios estadounidenses y aclaró que la delegación iraní viajará a Qatar con el objetivo principal de destrabar fondos congelados por Estados Unidos.
Posturas enfrentadas y un acuerdo frágil
Las diferencias entre ambas partes se centran en dos ejes principales: el control del Estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní. Mientras Washington exige garantías de libre navegación y limitaciones a la actividad nuclear, Irán sostiene que su soberanía sobre el corredor marítimo no es negociable y reclama la liberación de activos financieros bloqueados.
En este contexto, las conversaciones se desarrollan en múltiples niveles diplomáticos, con la participación de mediadores como Qatar y Pakistán, aunque sin avances sustanciales en los puntos centrales del conflicto.
Un escenario abierto
La continuidad del Memorando de Entendimiento aparece ahora condicionada por la falta de consenso sobre su interpretación. En Washington crece la preocupación por el impacto que una eventual escalada en Ormuz podría tener en el mercado energético global, especialmente en el precio del petróleo.
Con elecciones de medio término en el horizonte político estadounidense, el control del estrecho adquiere también una dimensión interna, ya que cualquier aumento en los combustibles podría tener consecuencias directas en el escenario electoral.
Mientras tanto, la posibilidad de un acuerdo definitivo parece lejana y el entendimiento firmado hace apenas días se encuentra en una etapa de alta fragilidad, con el riesgo de derivar nuevamente en un escenario de confrontación abierta.
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