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Amigo de Milei y admirador de Bukele: quién es el ganador del ballotage en Colombia

El candidato de derecha se impuso por menos de un punto sobre Iván Cepeda en un resultado ajustadísimo que expuso la fuerte polarización del país y dejó al gobierno saliente de Gustavo Petro bajo una dura evaluación.

Colombia vivió este domingo una de las elecciones más ajustadas y trascendentes de los últimos años. Con el 99,86% de las mesas escrutadas, el candidato de derecha Abelardo de la Espriella se impuso por menos de un punto sobre el oficialista Iván Cepeda y se convirtió en el próximo presidente del país, en un balotaje de alta tensión que dejó al descubierto una sociedad profundamente dividida y funcionó, además, como un duro plebiscito para el gobierno saliente de Gustavo Petro.

Según el escrutinio preliminar oficial, De la Espriella obtuvo el 49,65% de los votos frente al 48,70% conseguido por Cepeda, el postulante del Pacto Histórico y hombre cercano al actual mandatario. La diferencia, inferior a los 250.000 votos, terminó de confirmar una victoria mínima pero irreversible para el abogado de 47 años, que llegará a la Casa de Nariño sin experiencia política previa y en su primer intento por alcanzar la presidencia.

El resultado no solo marcó el batacazo del outsider de derecha, sino que también dejó una postal de fuerte polarización. La distancia entre ambos candidatos fue tan estrecha que el escenario quedó atravesado por la tensión y las impugnaciones. Cepeda advirtió que el resultado preliminar “no es vinculante” y anticipó que impugnará unas 33.000 mesas, aunque aclaró que reconocerá el desenlace una vez concluido el escrutinio definitivo.

En la misma línea se pronunció Gustavo Petro, que siguió de cerca el conteo y pidió a través de sus redes sociales que se revisaran una serie de mesas. El presidente saliente sostuvo que, ante una votación casi empatada, todavía no podía proclamarse a ningún ganador y reclamó esperar el resultado definitivo del escrutinio. Incluso denunció trabas para el ingreso de abogados a centros de control electoral en Bogotá, en un mensaje que elevó aún más la tensión política en el cierre de la jornada.

Pese a ese clima, el propio De la Espriella salió a celebrar la victoria una vez consolidada la tendencia. A través de un mensaje en redes sociales, agradeció el respaldo de millones de votantes y aseguró que comienza “una nueva etapa” para Colombia. Más tarde, en una transmisión en vivo, habló de un “milagro” político, agradeció a Dios por el resultado y sostuvo que recibió una llamada de felicitación del presidente estadounidense Donald Trump.

El triunfo del abogado y dirigente conservador representa uno de los grandes golpes políticos del año en América Latina. Hasta el inicio de la campaña era una figura ajena a la política tradicional, pero consiguió crecer de manera sostenida tras la primera vuelta, cuando logró romper el techo electoral que arrastraba y capitalizar el respaldo de sectores clave de la derecha colombiana. En ese proceso fue determinante el apoyo del Centro Democrático, el espacio fundado por Álvaro Uribe, además del acompañamiento de grupos religiosos y de una parte importante de la clase media y media baja.

Con ese armado, De la Espriella terminó consolidando un discurso de mano dura en seguridad y fuerte ajuste económico, con referencias explícitas al modelo de Javier Milei en la Argentina y al esquema de Nayib Bukele en El Salvador. Entre sus promesas de campaña figuran un recorte del 40% del gasto público, la eliminación de unos 700.000 cargos entre funcionarios y contratistas, el freno a los diálogos de paz impulsados por Petro y la firma de 90 decretos en los primeros días de gestión para avanzar con su programa, bautizado como “Patria Milagro”.

La elección también dejó una lectura inevitable sobre el ciclo de Gustavo Petro, cuyo gobierno llegó a su fin en medio de una evaluación ambivalente. El presidente saliente consiguió avances en algunos frentes, como la reducción de la pobreza monetaria, el incremento del salario mínimo, la ampliación del acceso universitario y la distribución de tierras en el marco de la reforma agraria. Sin embargo, esos logros convivieron con fuertes cuestionamientos por el deterioro fiscal, las dificultades en el sistema de salud, las denuncias de corrupción y el fracaso de la política de “Paz Total”, uno de los ejes de su administración.

La jornada electoral, además, estuvo marcada por una participación récord y por un clima de expectativa y preocupación ante posibles disturbios o denuncias de fraude. En Bogotá, varios comercios del centro aparecieron tapiados por temor a incidentes tras el cierre de los comicios, aunque finalmente no se registraron episodios de gravedad y observadores internacionales destacaron el desarrollo general de la votación.

Con este resultado, Colombia inicia una nueva etapa política bajo el liderazgo de un presidente que llega sin pasado de gestión, pero con un fuerte respaldo del voto opositor y un discurso de ruptura con el legado de Petro. El desafío para Abelardo de la Espriella será ahora transformar ese triunfo ajustado en gobernabilidad, en un país partido en dos, con una sociedad atravesada por la polarización y con expectativas tan altas como las tensiones que deja la campaña.

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