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Cuando Argentina goleó a Austria y una bandera desafió a la dictadura

En un amistoso jugado en Viena en 1980, la Selección argentina goleó 5-1 a Austria con un joven Diego Maradona como figura. El partido quedó atravesado por una bandera en las tribunas que denunció a la dictadura militar argentina y convirtió el encuentro en un hecho político y social de impacto internacional.

El 21 de mayo de 1980, el estadio Prater de Viena —hoy conocido como Ernst Happel— fue escenario de un partido que, con el tiempo, trascendió ampliamente lo deportivo para convertirse en un testimonio de época. Aquella tarde, la Selección argentina goleó 5-1 a Austria en un amistoso internacional, con una actuación brillante de un joven Diego Armando Maradona, autor de tres goles y figura indiscutida del encuentro.

El equipo dirigido por César Luis Menotti desplegó un fútbol de alto vuelo que ratificaba el nivel alcanzado tras el título mundial de 1978. Con apenas 19 años, Maradona firmó su primer hat-trick con la camiseta nacional y dejó su primera gran huella en Europa, en un estadio colmado por más de 70.000 espectadores que terminaron rendidos ante su talento.

Sin embargo, aquella jornada quedó marcada no solo por la exhibición futbolística, sino también por un hecho de fuerte carga política y social. En las tribunas del estadio austríaco, exiliados argentinos desplegaron una bandera que interpeló directamente a la dictadura cívico-militar que gobernaba el país desde 1976. El mensaje, visible por televisión, preguntaba: “¿Dónde están los 20.000 desaparecidos?”.

La imagen logró atravesar fronteras y esquivar la censura del régimen, convirtiéndose en una denuncia pública de las violaciones a los derechos humanos que se cometían en Argentina. En paralelo, el fútbol funcionaba como caja de resonancia global, tanto para la exhibición deportiva como para la expresión política de quienes habían debido abandonar el país.

Durante el complemento, mientras Maradona seguía deslumbrando con otros dos goles, las tribunas volvieron a ser escenario de otra manifestación: una segunda bandera, esta vez en alemán, rezaba “Keine Panzer nach Argentinien” (No enviar tanques a Argentina), en alusión al apoyo internacional que aún recibía el régimen militar.

El partido, en ese contexto, condensó dos realidades paralelas. Por un lado, la consolidación de una selección que se afirmaba como potencia mundial del fútbol; por el otro, la utilización del deporte como espacio de denuncia frente a uno de los períodos más oscuros de la historia argentina.

Con el paso del tiempo, aquel 5-1 en Viena dejó de ser solo una goleada amistosa para transformarse en una postal histórica. Un encuentro donde el talento de Maradona y el grito de los exiliados argentinos se cruzaron en un mismo escenario, dejando una marca imborrable en la memoria del fútbol y de la política.

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