
Estaba claro que no era un partido más.
Pese a las declaraciones previas, donde desde el plantel y el cuerpo técnico se buscó apagar el fuego repitiendo que era “solo un partido de futbol”, el peso histórico de la incesante lucha de nuestro país con el imperio británico, sumada a la rivalidad futbolística que atraviesa a ambas selecciones desde el 66 y una previa que, a cada hora que pasaba, era más ruidosa: con declaraciones, opiniones, tensiones y decisiones políticas desafortunadas como la prohibición de simbología alusiva a Malvinas (como en el 86), se encargaron de darle ese condimento y clima hostil que se preveía desde que se definieron los cruces.
Pero eran las 2:55 pm en Atlanta, los equipos salían a la cancha y la tensión en el aire se cortaba con un cuchillo.
A las 15:58 hs en la República Argentina se veía en la transmisión como ambos equipos se agrupaban para interpretar sus Himnos Patrios.
Iniciaban los británicos (eran locales por disposición de las llaves) con su mítico “God Save the King”, pero lo que parecía un error del audio en la televisación (esa sospecha se diluyó en cuestión de segundos) era en realidad la chispa que iniciaba el incendio…
“y ya lo vé, y ya lo vé, el que no salta es un inglés”
Bajaba desde los cuatro lados de la cancha. El público de Inglaterra (que no saltaba), desorientado y desconcertado por el gesto de descortesía de la parcialidad Argentina quedó en shock, la canción que representa al imperio británico era totalmente opacada por la furia sudamericana. En las caras de los players de la selección de los tres leones, se observaban gestualidades propias de la incomodidad. El estadio era una caldera.
A continuación, cuando los ingleses lograron reincorporarse del impacto recibido improvisaron una ola de chiflidos y abucheos dirigidos al inicio del Himno Nacional Argentino que ejecutaron de forma errática y vergonzosa, que rápidamente quedó sin efecto desde el momento en que la multitud identificada de celeste y blanco comenzó a entonar:
“Sean eternos los laureles, que supimos conseguir”
Los rostros de los representantes argentinos en cancha, eran heroicos, propios de retratos épicos. Miradas posesas de un sentimiento patriótico que no se explica desde lo lógico sino desde lo energético.
“Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria a morir”
En ese preciso instante el mundo entendió que sin importar como se diese el desarrollo del partido, los Argentinos no estaban dispuestos a aceptar un destino distinto a la victoria.
Comentarios