
El riesgo país de la Argentina registró un salto de 19 unidades y se posicionó en los 429 puntos básicos, en el marco de una jornada marcada por la volatilidad financiera y un clima adverso en los mercados globales. El reencendido de las tensiones bélicas en Medio Oriente provocó un repentino cambio de tendencia que afectó las cotizaciones de los títulos soberanos y las acciones de empresas argentinas en la Bolsa de Nueva York.
La escalada geopolítica impulsó el barril de crudo hacia la zona de los 100 dólares, detonando un fenómeno de aversión al riesgo global (fly to quality). En este escenario, los inversores volcaron sus capitales hacia activos considerados seguros, como los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, cuya racha alcista desplazó la base de comparación e impactó de lleno en el rendimiento de los papeles de deuda emergentes.
El repunte del indicador elaborado por JP Morgan dejó sin efecto el entusiasmo generado apenas 24 horas antes, cuando la agencia calificadora Moody’s había anunciado una mejora en la nota crediticia del país que redujo el índice a 410 puntos. No obstante, analistas de mercado coinciden en que el retroceso actual no responde a desequilibrios macroeconómicos internos, sino al coletazo directo del contexto internacional.
Las derivaciones de este sacudón externo ya empiezan a sentirse en la economía real. La firmeza con la que rebotó la cotización internacional del petróleo postergará, al menos en el corto plazo, la rebaja prevista en los precios de los combustibles en las estaciones de servicio locales.
Frente a esta coyuntura, las autoridades energéticas y las compañías refinadoras deberán mantener operativo el esquema de acuerdos de precios vigentes para atenuar el traslado de la volatilidad internacional a los surtidores locales.
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