
El caso por el femicidio de Mercedes Errapán, la mujer de 32 años asesinada en Junín, sumó nuevos elementos que profundizan la investigación judicial y vuelven a poner en discusión el peso de los antecedentes de violencia en los crímenes de género.
La autopsia preliminar determinó que la víctima murió como consecuencia de una agresión con un arma blanca y un fuerte traumatismo en la cabeza. Los investigadores descartaron una de las primeras hipótesis que había circulado tras el hallazgo del cuerpo: Mercedes no recibió un disparo, sino que fue atacada con un cuchillo y un elemento contundente.
Pero el dato que generó mayor impacto dentro de la causa fue confirmado por los peritos: al momento del crimen, Errapán estaba embarazada de entre 22 y 24 semanas de gestación, aproximadamente cinco meses y medio.
El vocero de la investigación, Martín Laius, explicó que los estudios forenses permitieron reconstruir parte de la mecánica del ataque y señaló que la evidencia apunta a una agresión directa. “Todo apunta a que su muerte ocurrió a partir de una agresión con arma blanca y también un golpe contundente en la cabeza”, indicó.
La fiscalía, encabezada por Fernanda Sánchez, avanza ahora en la recolección de pruebas antes de la indagatoria a Sebastián Daniel Bonafé, detenido como principal acusado del femicidio y del secuestro de la hija de siete años de la víctima.
Las pruebas que ubican al acusado en la escena
Uno de los elementos centrales de la investigación son las imágenes obtenidas por cámaras de seguridad. Según explicó Laius, los registros muestran a Bonafé ingresando durante la madrugada al domicilio de Mercedes Errapán y retirándose minutos antes de las 8 de la mañana.
Ese período coincide con la franja temporal en la que los investigadores ubican la muerte de la víctima.
Horas después del crimen, el acusado fue encontrado en un cañaveral de Pergamino junto a la hija de siete años de Errapán. Al verse rodeado por la Policía, habría colocado un cuchillo en el cuello de la niña, situación que derivó en una negociación con los efectivos hasta lograr su entrega y el rescate de la menor.
Actualmente, Bonafé está imputado por femicidio y sustracción de una menor, aunque la fiscalía evalúa sumar nuevos agravantes y cargos, entre ellos el ensañamiento, la tentativa de homicidio contra la niña y la resistencia a la autoridad.
El peso de los antecedentes: una señal que muchas veces llega tarde
Uno de los puntos que vuelve a aparecer en este tipo de investigaciones es el historial previo del acusado. En numerosos casos de violencia de género, los antecedentes funcionan como una señal de alerta que permite reconstruir una escalada progresiva de agresiones que, en los peores desenlaces, termina en un femicidio.
Según informaron los investigadores, Sebastián Bonafé ya había sido denunciado en distintas oportunidades por episodios vinculados a violencia.
En 2024, una compañera de trabajo lo denunció por lesiones leves luego de un episodio en el que aseguró haber sido agredida verbal y físicamente. En 2022, una cuñada presentó una denuncia por amenazas y violencia familiar, mientras que en 2021 otro familiar también lo señaló por un episodio de agresión.
Además, Mercedes Errapán había denunciado previamente a Bonafé por un episodio de grooming relacionado con su hija de siete años. Ese antecedente forma parte del expediente y será analizado para determinar si existió una planificación previa y cuál fue el vínculo entre ambos.
Los especialistas en violencia de género suelen advertir que los femicidios rara vez aparecen como un hecho aislado o inesperado. En muchos casos existe una trayectoria previa marcada por amenazas, control, hostigamiento, agresiones físicas o denuncias que muestran un patrón de comportamiento.
La presencia de antecedentes no significa automáticamente que un desenlace fatal pueda predecirse, pero sí constituye un elemento fundamental para evaluar el nivel de riesgo y la necesidad de intervenciones tempranas. La repetición de conductas violentas suele funcionar como una señal de escalamiento, especialmente cuando el agresor no acepta límites o pierde el control sobre la víctima.
Una investigación que busca reconstruir la última noche de Mercedes
La Justicia intenta ahora determinar con precisión qué ocurrió durante las horas previas al crimen, cuál fue el móvil y si existió una planificación detrás del ataque.
Mientras avanzan las pericias y las declaraciones, la causa no solo busca establecer la responsabilidad penal de Bonafé, sino también reconstruir una historia atravesada por denuncias previas, violencia y un desenlace que vuelve a poner en debate la importancia de detectar a tiempo las señales de alerta.
El femicidio de Mercedes Errapán se suma así a una problemática que continúa interpelando al sistema judicial y a la sociedad: cómo actuar antes de que una secuencia de violencia termine en un crimen irreversible.
Comentarios