
La inflación volvió a darle un motivo de preocupación al Gobierno nacional. El índice de Precios al Consumidor (IPC) de la Ciudad de Buenos Aires registró una suba del 2,9% en julio, aceleró con fuerza respecto del 1,8% de junio y puso nuevamente bajo la lupa uno de los principales argumentos económicos de la gestión de Javier Milei: la desaceleración sostenida de los precios. Si bien el dato corresponde a Ciudad Autónoma, suele anticipar lo que sucede luego a nivel nacional.
El dato porteño se ubicó por encima de las estimaciones que manejan las consultoras para la inflación nacional de julio, que se moverían alrededor del 2%. Sin embargo, la comparación no es directa: la estructura de la canasta de la Ciudad le otorga mayor peso a algunos servicios que tuvieron fuertes aumentos durante las vacaciones de invierno.
En particular, el turismo tuvo un impacto significativo. Los servicios de alojamiento aumentaron 29,1% durante julio, los paquetes turísticos treparon 26% y el transporte aéreo registró una suba del 21,7%. Ese comportamiento de los precios estacionales explica buena parte de la diferencia entre el índice porteño y lo que podría mostrar el IPC nacional que difundirá el INDEC el próximo jueves.
Pero hay un dato que complica la lectura más optimista: la inflación núcleo, que deja afuera los precios estacionales y regulados, fue del 2,2%.
La inflación porteña se aceleró con fuerza
El salto mensual fue significativo. Después del 1,8% registrado en junio, el IPC porteño aumentó 1,1 puntos porcentuales en apenas un mes y llegó al 2,9% en julio.
Con este resultado, la inflación acumulada en la Ciudad durante los primeros siete meses de 2026 alcanzó el 19,4%, mientras que la variación interanual llegó al 33,2%, seis décimas por encima del registro de junio.
La apertura del índice muestra además una diferencia marcada entre bienes y servicios. Mientras los bienes aumentaron 1,4%, los servicios tuvieron una suba del 3,8%.
Por categorías, los precios regulados avanzaron 3%, los estacionales se dispararon 10,9% y la inflación núcleo quedó en 2,2%.
El turismo explica parte del salto, pero no todo
El Gobierno puede encontrar un argumento a favor en la composición del índice. El receso invernal generó aumentos excepcionales en actividades vinculadas al turismo y esos rubros tienen una incidencia mayor en el IPC de la Ciudad que en la medición nacional.
Por eso, el 2,9% porteño no implica necesariamente que el IPC nacional vaya a ubicarse en el mismo nivel. De hecho, las estimaciones privadas apuntan a un registro más cercano al 2%.
Sin embargo, la inflación núcleo constituye una señal más difícil de relativizar. Ese indicador busca dejar afuera los movimientos más volátiles y los precios regulados para observar con mayor claridad la dinámica subyacente de los precios. Y en julio se mantuvo en 2,2%, por encima del 2%.
Una señal incómoda para el Gobierno
El dato porteño deja así una doble lectura para la Casa Rosada. Por un lado, una parte importante de la aceleración estuvo concentrada en componentes estacionales vinculados con las vacaciones de invierno, por lo que el impacto podría ser sensiblemente menor en el índice nacional.
Por otro, la inflación núcleo no mostró una desaceleración suficiente y la medición general tuvo un salto considerable frente a junio.
La atención estará ahora puesta en el informe que el INDEC difundirá el próximo jueves. Si el IPC nacional finalmente se ubica cerca del 2%, el Gobierno podrá argumentar que el dato porteño estuvo distorsionado por el peso de los servicios turísticos. Pero si la medición nacional también muestra una aceleración, el resultado podría complicar el relato oficial sobre la consolidación de la desinflación.
En un escenario en el que la estabilidad de los precios constituye uno de los principales activos económicos y políticos de Milei, cualquier señal de freno en esa tendencia vuelve a ocupar el centro de la escena.
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