
El squash reúne en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 mucho más que competencia. Detrás de cada partido aparecen historias de sacrificio, lesiones, decisiones personales y una pasión que llevó a distintos atletas a dedicar gran parte de su vida a una disciplina exigente.
Entre ellos están José Gallegos, representante de Chile, y Matías Knudsen, integrante del seleccionado colombiano. Los dos llegaron al squash desde lugares diferentes, pero comparten una misma pasión y el orgullo de representar a sus países.
Una pasión que nació en familia
Para Gallegos, la relación con el squash comenzó casi por casualidad y en compañía de sus hermanos. Su padre entrenaba los fines de semana y las canchas terminaron convirtiéndose en el lugar donde los chicos podían pasar el tiempo.
“Comencé a jugar a los siete años porque mi padre iba a entrenar los fines de semana a un club de gimnasio. El único lugar que había para que nos quedáramos mis hermanos y yo eran las canchas de squash. El hecho de compartir con ellos un deporte que nos uniera nos hizo más cercanos y me llevó a amar esta disciplina. Mi primer viaje fue a los diez años y ahí me fasciné profundamente con el ambiente, el cariño de la gente y lo difícil que es este deporte”, recordó.
A la hora de explicar qué hace tan particular al squash, el chileno encontró una comparación contundente: “Es intensidad. Hay que estar muy consciente; es como un ajedrez, pero a 200 pulsaciones por minuto”.
Su llegada a Rosario también tuvo un significado especial después de atravesar uno de los momentos más difíciles de su carrera. Mientras vivía en Praga, República Checa, sufrió una grave lesión en la muñeca que lo mantuvo alejado durante dos años.
“Ha sido un recorrido muy largo y desde pequeño soñé con estar en mega eventos representando a mi país; es de las mejores sensaciones de mi vida. Perdí esa posibilidad durante dos años porque estuve lesionado cuando vivía en Praga, República Checa, por una lesión muy grave en la muñeca. Hoy puedo decir que estoy de vuelta y me siento muy contento”, contó.

Un deporte que llegó con la lluvia
La historia de Knudsen también comenzó de manera inesperada. De chico practicaba distintos deportes y estaba vinculado al tenis, hasta que un día de lluvia cambió su camino.
“Yo jugaba todos los deportes cuando empecé y en el sitio donde entrenaba comencé con tenis. Ahí mi papá una vez me llevó a jugar squash porque empezó a llover, y desde ese día me encantó. Nunca me fui”, relató.
Con los años, el colombiano descubrió que la disciplina también tenía una complejidad particular fuera de la cancha. Para él, una de las mayores dificultades está en interpretar las decisiones arbitrales.
“Lo más complejo de explicar son las decisiones, el let y el stroke, porque son resoluciones muy subjetivas que dependen 100% del referí. Es algo a lo que hay que acostumbrarse e incluso a nosotros nos cuesta entender las decisiones a veces, pero cada referí tiene su manera de entender el juego”, explicó.
El camino hacia el alto rendimiento también implicó renuncias. Viajes familiares, momentos con amigos y experiencias propias de la adolescencia quedaron muchas veces relegados por las competencias.
“Tuve que resignar cosas, como el viaje de graduación o paseos familiares, para ir a un torneo. Elegir el squash es muy difícil, pero más tarde en la vida me di cuenta de que era 100% la decisión correcta, solo necesitaba tiempo para entenderlo. Hoy estar acá representando a Colombia es el sueño más grande”, sostuvo.
La otra cara de los Juegos
Más allá de los resultados, tanto Gallegos como Knudsen destacaron el ambiente que se genera entre los deportistas durante los Juegos Suramericanos.
Para el chileno, compartir la experiencia con sus seres queridos es fundamental: “Si tuviera que elegir a las personas para que estén conmigo en la cancha, sin duda elijo a mi familia, a mis amigos —que entienden que no es fácil tener un amigo deportista— y a mi novia. En Rosario se vive un ambiente increíble con la gente muy cercana”.
Knudsen, por su parte, valoró especialmente la convivencia en la Villa Suramericana, donde atletas de distintos países comparten entrenamientos, competencias y celebraciones.
En ese contexto, el squash aparece como un punto de encuentro entre deportistas que, pese a representar a diferentes países, comparten las mismas exigencias y sacrificios. Para Gallegos y Knudsen, llegar a Rosario no representa solamente una competencia: también es el resultado de años de esfuerzo y una oportunidad para disfrutar de la disciplina que eligieron desde chicos.
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