
Cuando uno escucha hablar de los Cuartos de Final entre Argentina e Inglaterra, en aquella épica tarde, un 22 de junio de 1986 suele pensar en la magia del Diego, en el inacabable llanto Shilton, e incluso en la excelsa asistencia del negro Enrique. Sin embargo, ese día ocurrió un tercer milagro, igual de agónico y determinante, protagonizado por el defensor Julio Jorge “El Vasco” Olarticoechea.
Lo que ocurrió incluso después del gol del siglo fue descripto como “La nuca de Dios”. No, no estás leyendo mal, no es un error de nomenclatura biológica, se distinguir perfectamente una nuca de una mano y por supuesto que mi mente puede reproducir de memoria la jugada en la que Diego Armando salta mil metros y empuja con el puño la pelota para que esta aterrice en la memoria colectiva del pueblo argentino.
Lo que quiero relatar ocurrió a los 88 minutos del partido.
Argentina vencía 2 a 0 a los Británicos y el partido parecía liquidado, Maradona se floreaba luego de hacer los dos mejores goles de la historia de los mundiales, pero una distracción a los 81´que Gary Lineker convirtió en gol y el partido se transformó en una agonía hasta que el arbitro dió el pitazo final.
Con el encuentro apagándose en minutos eternos, Barnes desbordó con velocidad y lanzó un centro “venenoso” hacia el segundo palo que superó al arquero argentino. Por el sector opuesto, Lineker entraba libre de marca a toda velocidad —habiendo perdido la cobertura del central Oscar Ruggeri— listo para empujar el balón de cabeza al fondo de la red…
Allí apareció el Vasco, que en una milésima de lucidez siguió la marca que había perdido su compañero y se arrojó de frente al arco como para hacer su propio gol, pero a último momento, cuando los Ingleses tenían el gol en la punta de la lengua, levantó la nuca y les sacó el festejo a los ingleses, que desde ese día lamentan un gol con la mano porque no llegaron a meter la frente.
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