
Hoy al mediodía, el centro de Rosario fue el escenario de un reclamo masivo. Bajo las consignas “La salud no puede esperar” y “El ajuste de Milei mata”, miles de trabajadores, estudiantes y organizaciones se movilizaron para denunciar el estado crítico del sistema sanitario.
La jornada incluyó un paro total en los efectores públicos, donde únicamente se sostuvieron las guardias mínimas para urgencias. La extensa columna arrancó su recorrido en la Plaza 25 de Mayo, se detuvo frente al Nodo Salud provincial y culminó con un acto central frente a la sede del PAMI I.
“Hoy movilizamos porque entendemos que el sistema de salud está roto, totalmente resquebrajado”, resumió Jerónimo Ainsuain, secretario general del gremio SIPRUS, poniéndole voz a un diagnóstico alarmante. El reclamo de los profesionales excede largamente la cuestión salarial y apunta a un deterioro generalizado que ya impacta de lleno en los consultorios.
El dirigente advirtió sobre el regreso de brotes de enfermedades inmunoprevenibles como el sarampión y la meningitis, producto de la fuerte caída en las tasas de vacunación. A esto se le suma un aumento sostenido en los casos de sífilis, tuberculosis e internaciones por cuadros respiratorios, en paralelo a un escenario crítico en salud mental, marcado por consumos problemáticos y episodios de violencia.

Esta crisis, aseguran desde el sector, no es exclusiva de los hospitales públicos. Desde el gremio señalan que el 80% de las obras sociales ya no logran cubrir el Plan Médico Obligatorio (PMO), mientras que las prepagas son cada vez más caras y deficientes. “Cualquier persona reniega todos los días para que le autoricen una orden, un estudio o una cirugía”, cuestionó Ainsuain. Este cuello de botella burocrático y económico empuja a miles de pacientes hacia el sistema público, que en la previa del invierno ya opera al 90% de su capacidad.
Sostener esa sobredemanda récord choca de frente con el vaciamiento. Los hospitales deben absorber a esta nueva masa de pacientes con una caja drásticamente reducida tras el recorte nacional de más de 63.000 millones de pesos en programas de prevención, enfermedades endémicas y VIH.
El impacto de este ajuste golpea con mayor crueldad a los adultos mayores. Ainsuain graficó la situación con un dato brutal: los recortes en la entrega de medicamentos aplicados en 2024 provocaron que este año se dispararan las tasas de internación por diabetes, simplemente porque los jubilados no pueden costear sus tratamientos. Solo en el primer cuatrimestre, el PAMI sufrió una caída real de recursos del 54,4%, a lo que se suma el cierre del programa Remediar en los barrios.

En el plano provincial, el panorama termina de oscurecerse. La inflación licuó el poder adquisitivo de los trabajadores de la salud en un 42% a principios de este 2026, lo que llevó a SIPRUS a exigir un piso salarial de $3.900.000 y el pase a planta permanente de 1.300 precarizados.
“Todo esto termina con una mayor morbi-mortalidad, más cansancio y un deterioro brutal de las condiciones de trabajo de los profesionales”, concluyó el titular de SIPRUS. Un diagnóstico crudo sobre un sistema que intenta sostener a una población cada vez más frágil con insumos escasos y sueldos de pobreza.
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