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Juegos Suramericanos

Los hermanos Oliva y una pasión que se juega en familia: el bádminton argentino en Santa Fe 2026

Nicolás, Milena y Ailén comparten seleccionado y apellido en un deporte que demanda esfuerzo cotidiano, concentración y una constante toma de decisiones.

El bádminton es una disciplina que sorprende por su intensidad desde el primer momento. Detrás de la velocidad de cada intercambio y de la precisión de cada golpe aparece un equipo argentino que construyó su camino a partir del entrenamiento constante, los viajes y una estrecha relación entre sus integrantes. El seleccionado argentino combina talento, preparación y una fuerte unión entre sus integrantes para afrontar una disciplina en la que los reflejos, la táctica y la capacidad de reacción resultan fundamentales.

Nicolás Oliva, Milena Oliva, Ailén Oliva, Franco Motto, Santiago Otero e Ioana Gualdi son los representantes argentinos en los Juegos Suramericanos. El plantel reúne distintas edades y experiencias, con deportistas que fueron sumando recorrido a través de competencias, giras y entrenamientos en el exterior.

Un deporte donde todo sucede en segundos

La velocidad es uno de los principales atractivos del bádminton. El volante se desplaza rápidamente de un lado al otro de la cancha y obliga a los jugadores a reaccionar en cuestión de segundos, mientras buscan anticiparse a los movimientos de sus rivales.

Nicolás Oliva comenzó a practicarlo a los nueve años, durante las clases de educación física de la escuela, y con el paso del tiempo encontró en la disciplina una combinación de velocidad y estrategia que lo atrapó: “Lo que más me gusta del bádminton es la velocidad. Es un deporte muy rápido, de muchos reflejos y donde la raqueta es ágil. Además, tiene un componente táctico en el que hay que pensar constantemente cada jugada”.

Aunque comparte características con otros deportes de raqueta, el bádminton presenta particularidades que lo diferencian. Oliva explicó: “Tienen la base de ser deportes de raqueta, pero aquí la raqueta, al ser más liviana, te da más velocidad. Especialmente en los dobles, podés jugar más con la rapidez de manos. Es un juego muy divertido y bastante accesible para empezar a practicarlo”.

Una selección que también se construyó en familia

Dentro del equipo argentino hay un vínculo que trasciende lo deportivo: Nicolás, Milena y Ailén Oliva son hermanos y comparten la experiencia de representar al país.

La práctica de alto rendimiento implica una rutina exigente, con extensas jornadas de entrenamiento, horarios difíciles de compatibilizar y constantes viajes. En ese contexto, el acompañamiento familiar ocupa un lugar central: “Somos tres jugando en la familia. Es un trabajo diario con horarios complejos y muchísimos viajes. El apoyo constante de la familia es fundamental para sostener este camino”.

Esa conexión también se refleja durante las competencias. Los integrantes del seleccionado mantienen una comunicación permanente, se acompañan desde el banco y buscan sostenerse mutuamente frente a las exigencias de cada partido.

La cabeza también juega

La preparación del seleccionado argentino no se limita al trabajo técnico. Los representantes nacionales entrenan entre 20 y 25 horas por semana, aproximadamente entre cuatro y cinco horas diarias, con el objetivo de mejorar sus movimientos y, especialmente, su capacidad para decidir rápidamente en situaciones de juego, según explicaron Ioana Gualdi y Franco Motto.

En una disciplina donde cada intercambio puede presentar un escenario diferente, la experiencia acumulada tiene un papel determinante. Santiago Otero destacó la importancia de pasar tiempo dentro de la cancha: “La única manera es sumar tiempo en la cancha. Cada situación es única y distinta; por eso, acumular horas de juego y entrenamiento es lo que marca la diferencia para tomar cada vez mejores decisiones”.

La preparación también se nutre de experiencias internacionales. Las academias y escuelas de referencia de países como Dinamarca, Italia y México forman parte del recorrido de los integrantes del seleccionado, que encuentran allí nuevas herramientas para seguir desarrollándose.

Entre velocidad, técnica, estrategia y una fuerte unión de grupo, el bádminton argentino atraviesa los Juegos Suramericanos como una muestra de todo lo que existe detrás de un deporte que exige mucho más que buenos reflejos: también requiere horas de preparación, capacidad de adaptación y una pasión sostenida en el tiempo.

 

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