
El cine argentino despide a una de sus figuras más trascendentes: murió Luis Puenzo, realizador clave en la proyección internacional de la industria local y autor de la histórica La historia oficial, la primera producción nacional en ganar un Premio Oscar.
El hito llegó en 1986, cuando el film se impuso como Mejor Película Extranjera en los premios de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences. La obra, protagonizada por Norma Aleandro y Héctor Alterio, abordó con profundidad el drama de la apropiación de menores durante la última dictadura militar, en un momento en que la sociedad argentina comenzaba a procesar ese pasado reciente.
Puenzo construyó una filmografía marcada por el compromiso con temas sociales y políticos, con títulos como Gringo viejo y La puta y la ballena, además de su trabajo como productor y guionista. Su mirada narrativa y su capacidad para conectar historias locales con audiencias globales lo convirtieron en una referencia obligada del cine latinoamericano.
En el plano institucional, también tuvo un rol destacado al frente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), donde impulsó políticas de fomento a la producción y defendió el desarrollo de la industria audiovisual argentina.
La muerte de Puenzo se da en una semana especialmente dolorosa para la cultura nacional, tras el fallecimiento del actor Luis Brandoni, otra de las figuras emblemáticas del cine y el teatro argentino. Aunque con trayectorias distintas, ambos compartieron una misma generación de artistas que consolidó el prestigio del cine nacional dentro y fuera del país.
Con su obra, Puenzo no solo logró un reconocimiento inédito para el cine argentino, sino que dejó una marca profunda en la manera de contar historias atravesadas por la memoria, la identidad y la historia reciente. Su legado perdura en cada una de sus películas y en el camino que abrió para las generaciones que vinieron después.
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