
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública luego de la homilía que pronunció durante el Tedeum del 25 de Mayo, ceremonia que encabezó ante dirigentes políticos y autoridades nacionales en la Catedral Metropolitana.
Nacido en Río Gallegos el 12 de abril de 1968, García Cuerva se formó en Filosofía y Teología en el seminario de la diócesis de San Isidro y fue ordenado sacerdote el 24 de octubre de 1997 por monseñor Jorge Casaretto. Además, es licenciado en Derecho Canónico y en Teología con especialización en Historia de la Iglesia por la Universidad Católica Argentina.
Su formación académica incluyó una tesis centrada en la actuación de la Iglesia durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871 en Buenos Aires, un trabajo que volvió a adquirir relevancia durante la pandemia de Covid-19 por su mirada sobre el rol comunitario de la Iglesia frente a las crisis sanitarias y sociales.
Gran parte de su trayectoria pastoral estuvo vinculada al trabajo en barrios populares y contextos de vulnerabilidad. Fue vicario parroquial de Nuestra Señora de la Cava entre 1997 y 2005, párroco de Santa Clara de Asís entre 2005 y 2014 y luego volvió a desempeñarse en la parroquia de La Cava, en Beccar. Esa experiencia como “cura villero” marcó profundamente su mirada social y pastoral.
También desarrolló una extensa tarea en la pastoral carcelaria. Fue vicepresidente de Cáritas diocesana de San Isidro, asesor regional de la Pastoral Carcelaria y secretario de la Comisión Episcopal de Pastoral Carcelaria de la Conferencia Episcopal Argentina. Incluso se desempeñó como capellán en distintos centros penitenciarios de la provincia de Buenos Aires, experiencia que lo llevó a estudiar abogacía en la Universidad Católica de Salta.
El 20 de noviembre de 2017, el papa Francisco lo nombró obispo titular de Lacubaza y auxiliar de Lomas de Zamora. Su consagración episcopal se realizó el 3 de marzo de 2018. Poco tiempo después, el 3 de enero de 2019, fue designado obispo de Río Gallegos, donde inició su ministerio pastoral el 23 de marzo de ese mismo año.
Identificado con la línea de “una Iglesia pobre para los pobres” impulsada por Francisco desde el inicio de su pontificado, García Cuerva se mostró en reiteradas ocasiones cercano a las problemáticas sociales, la inequidad, las adicciones y la exclusión. Además, impulsó estudios y misiones pastorales sobre pobreza, justicia restaurativa y acompañamiento de jóvenes vulnerables a través de centros barriales.
Su perfil también incluye participación en distintos encuentros internacionales. Formó parte del Foro Económico Mundial realizado en Roma en 2014, reuniones organizadas por el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington en 2016 y congresos vinculados a justicia restaurativa, pastoral carcelaria y desarrollo humano integral promovidos por organismos eclesiásticos y latinoamericanos.
Conocida su designación como arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva difundió una carta dirigida a la comunidad de Río Gallegos en la que agradeció el acompañamiento de los fieles durante sus años en el sur del país. “Aquí, en la diócesis del fin del mundo, fui aprendiendo a ser obispo diocesano junto al pueblo, soñando juntos una Iglesia hospital de campaña como nos dice el Papa”, expresó.

Tras su homilía en el Tedeum del 25 de Mayo, el nombre de Jorge García Cuerva volvió a instalarse en el centro del debate público por su mensaje enfocado en la situación social, la pobreza y la necesidad de construir una sociedad más unida.
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