
Los Black Bloc quedaron bajo la lupa del gobierno francés tras los disturbios registrados durante las protestas del 17 de octubre, que reunieron a unas 500.000 personas en todo el país. Lo que comenzó con reclamos estudiantiles y cuestionamientos al costo de vida derivó en enfrentamientos con la policía, incendios y ataques a comercios y edificios públicos.
Vestidos de negro y con el rostro cubierto, estos activistas vinculados con corrientes anarquistas, anticapitalistas y antifascistas utilizan tácticas de confrontación callejera. Su principal característica es la ausencia de dirigentes y de una estructura formal, lo que dificulta identificarlos y desarticularlos.
Guillaume Farde, especialista en seguridad y profesor de Sciences Po, describió esa dinámica como una coordinación horizontal. “Es como una orquesta que conoce tan bien la música que no necesita director”, explicó.

Incendios y saqueos bajo investigación
En París, los primeros choques comenzaron en la Plaza de la República, donde manifestantes arrojaron objetos contra la policía y levantaron barricadas. Más tarde se registraron saqueos en comercios y daños en distintos edificios. Las autoridades también investigan el incendio que destruyó gran parte del histórico ayuntamiento de Limoges, por el que fue detenido un hombre de 34 años señalado por sus presuntos vínculos con la extrema izquierda.
El primer ministro Sébastien Lecornu denunció una posible campaña insurreccional, aunque el gobierno todavía no presentó públicamente pruebas concluyentes de una planificación coordinada. También surgieron sospechas sobre una eventual intervención rusa, sin evidencias públicas que permitan confirmarla.

Un movimiento con décadas de historia
Las tácticas Black Bloc surgieron en Alemania Occidental durante la década de 1980 y se expandieron internacionalmente con las protestas antiglobalización, como los enfrentamientos de Seattle en 1999. En Francia ganaron visibilidad en 2016, durante las movilizaciones contra una reforma laboral.
Los especialistas advierten que las tácticas violentas también se extendieron entre manifestantes sin afiliación política definida. El antecedente de los Chalecos Amarillos, surgidos en 2018 por el costo de vida y un impuesto al combustible, refleja cómo el malestar social puede acercar a sectores diversos a métodos de confrontación.
Una comisión parlamentaria investigará las fallas del operativo de seguridad y las responsabilidades por los ataques. El desafío para las autoridades será distinguir a quienes protagonizaron los hechos violentos del conjunto de manifestantes que participó de las protestas.
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