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Economía

Se termina el “buffer” de YPF y crece la presión por un nuevo aumento de nafta

El esquema con el que la petrolera estatal amortiguó el impacto de la suba internacional del petróleo vence en pocos días. Con impuestos en alza y costos presionados, el mercado espera nuevos ajustes en los surtidores

El congelamiento parcial que aplicó YPF sobre los combustibles empieza a llegar a su fin y el mercado mira de cerca qué puede pasar con los precios en los surtidores durante las próximas semanas. La petrolera estatal había implementado a comienzos de abril un esquema de “buffer” para amortiguar el impacto de la suba internacional del petróleo, pero ese mecanismo de contención tiene una duración de 45 días y vencería a mediados de mayo si no se renueva.

La estrategia había sido diseñada para evitar un traslado inmediato de la volatilidad del Brent al precio de la nafta y el gasoil en el mercado interno. En ese período, YPF absorbió parte de los mayores costos y mantuvo relativamente estables los valores en los surtidores, incluso mientras otras variables del sector energético mostraban fuertes presiones alcistas.

Sin embargo, el escenario empieza a cambiar. Desde mayo volvió a regir la actualización parcial de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, una medida que el Gobierno había postergado para evitar un mayor impacto inflacionario. El nuevo esquema suma poco más de $11 por litro en las naftas y alrededor de $10 en el gasoil.

A eso podría agregarse ahora el fin del “buffer” aplicado por YPF. Si la petrolera decide trasladar al surtidor el atraso acumulado por la suba internacional del crudo, el precio de los combustibles podría volver a mostrar incrementos en mayo, luego de varias semanas de relativa estabilidad.

El mercado viene siguiendo de cerca la evolución del petróleo desde el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, que impulsó una suba importante del Brent durante marzo y abril. En ese contexto, las compañías petroleras evitaron aplicar aumentos completos para no resentir el consumo ni acelerar la inflación.

En paralelo, el Gobierno enfrenta una tensión creciente entre dos objetivos: sostener la desaceleración inflacionaria y mejorar la recaudación fiscal. Los impuestos a los combustibles son una fuente relevante de ingresos y la administración nacional viene retomando gradualmente los aumentos postergados durante los últimos años.

La incógnita ahora es si la petrolera estatal renovará el esquema de compensación o si comenzará una actualización más alineada con los costos internacionales y la carga impositiva.

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