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Tratamiento de residuos: una industria que factura 6.000 millones al año y busca afianzarse en Argentina

Aunque hoy se procesan menos del 10% de los desechos industriales a nivel nacional, el sector crece en facturación año a año y proyecta un salto exponencial si se formaliza el circuito ilegal que contempla basurales a cielo abierto y cursos de agua

En los últimos años, y especialmente a partir de la pandemia, el tratamiento de residuos industriales y peligrosos dejó de ser una actividad invisibilizada para empezar a consolidarse como un eslabón crítico dentro del sistema productivo. Durante la emergencia sanitaria, el sector fue considerado esencial y logró sostener su operación sin interrupciones, evitando un colapso en la gestión de desechos en un contexto de fuerte aumento en la generación de residuos.

Sin embargo, esa centralidad contrasta con una realidad estructural y es que la industria opera muy por debajo de su potencial. En la Argentina se generan millones de toneladas anuales de residuos industriales, pero solo una pequeña fracción recibe tratamiento adecuado. Las cifras se desprenden del Observatorio de Residuos Peligrosos, impulsado por las universidades UBA y la UNR, junto a las cámaras CATRIES (Cámara Argentina de Tratadores y Transportistas de Residuos Industriales y Especiales) y CAITPA (Cámara Argentina de Industrias de Tratamiento para la Protección Ambiental).

Según el último informe anual elaborado (que mide el período de julio 2024 a junio 2025), se generaron unas 20 millones de toneladas de residuos en el país, número que muestra un descenso en comparación con años anteriores. Sin embargo, apenas 1,08 millones de toneladas de desechos industriales se trataron en el circuito formal. Esto representa solo el 5,57% del total generado en Argentina. A su vez, aunque existe un número aproximado de 252.000 empresas generadoras de residuos, solo unas 31.500 contratan servicios de tratamiento, lo que representa el 12,48% del total.

“La gran pregunta es dónde termina todo ese volumen de residuos que hoy no se trata dentro del sistema formal. Y la respuesta es tan evidente como preocupante: termina en la ilegalidad, en más de cinco mil basurales a cielo abierto y en la contaminación de ríos, suelos y napas. Estamos hablando de desechos que muchas veces son peligrosos y que, al no tener una gestión adecuada, generan un impacto directo en el ambiente y en la salud de la población. Es un problema que no desaparece, sino que se traslada y lo termina pagando toda la sociedad”, advirtió Claudia Kalinec, presidente de la CATRIES.

Una industria con capacidad ociosa

A pesar de este escenario crítico para el país, el sector tiene un peso económico considerable que logró a partir de su tecnificación y capacidad operativa. Según estimaciones de las cámaras, la industria factura actualmente alrededor de u$d 6.000 millones anuales. Este cálculo se realizó tomando un promedio de los últimos cinco años, tanto en la generación de residuos, estimada en 30 millones de toneladas anuales, como en su nivel de tratamiento, que alcanza aproximadamente el 8% del total.

A su vez, las cámaras señalan que la actividad consolida más de 5.000 empleos directos y otros 4.000 indirectos, estos últimos vinculados a eslabones complementarios de la cadena de valor, como técnicos en provisión y mantenimiento de equipos, servicios de laboratorio, consultoría ambiental y otras tareas tercerizadas asociadas al tratamiento.

Gustavo Solari, presidente de CAITPA, señaló que la industria está en condiciones de aumentar la productividad, ampliar la capacidad instalada e incorporar tecnología en todo el país si se definen políticas públicas que impulsen ese desarrollo. “Las proyecciones del sector muestran la magnitud de la oportunidad porque el balance realizado nos muestra que la facturación podría escalar hasta los USD 83.000 millones anuales, si se lograra formalizar y tratar la totalidad de los residuos”.

Una oportunidad económica y ambiental

El tratamiento de residuos funciona como una actividad con un fuerte efecto multiplicador ya que su crecimiento impacta en toda la cadena, desde proveedores de tecnología hasta servicios de transporte y logística especializada. Uno de los segmentos más dinámicos es el de recolección y traslado de residuos peligrosos, que requiere personal capacitado, conocimiento normativo y manejo técnico específico. Esto eleva los niveles de profesionalización y genera empleo calificado.

“El crecimiento del sector arrastra a otros segmentos de la economía y genera un círculo virtuoso. Más allá de sus beneficios directos, como son menores costos ambientales y sanitarios, la expansión permitiría incorporar a trabajadores hoy excluidos del sistema formal, como recicladores y recuperadores informales”, explicó Kalinec.

El desarrollo de la industria aparece así como una respuesta a dos problemas estructurales: la necesidad de crecimiento económico y la crisis ambiental asociada a la mala gestión de residuos.Los titulares de las cámaras coinciden en que el desafío pasa por generar incentivos y controles que permitan integrar al circuito formal un volumen de residuos que hoy opera al margen de la ley. Un proceso complejo, pero que podría transformar un pasivo ambiental en uno de los motores menos explorados de la economía argentina.

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