
El impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania volvió a quedar expuesto en el mercado energético internacional. En medio de los ataques contra refinerías y otras instalaciones petroleras rusas, Donald Trump afirmó que Moscú perdió el control de su industria del diésel y volvió a reclamar el final del conflicto.
“Rusia lamentablemente perdió el control de su industria de petróleo diésel debido a su guerra con Ucrania”, sostuvo el presidente estadounidense en una publicación en Truth Social. Según Trump, varias refinerías fueron atacadas y permanecen, al menos temporalmente, fuera de servicio.
El mandatario también volvió a cuestionar la continuidad de la guerra y afirmó que 25.000 personas, principalmente soldados, mueren cada mes, una cifra que presentó como argumento para reclamar el fin de las hostilidades.
Los ataques afectaron la producción de combustible
La ofensiva ucraniana contra instalaciones vinculadas a la industria petrolera rusa se intensificó durante septiembre. Según un relevamiento de Reuters, la mitad de las seis principales refinerías productoras de diésel de Rusia redujeron considerablemente su actividad o directamente interrumpieron la producción como consecuencia de los ataques con drones. Esas plantas representan aproximadamente la mitad de la producción rusa de diésel.
La situación llevó a Moscú a mantener restricciones sobre las exportaciones de combustibles para intentar garantizar el abastecimiento interno. Rusia había sido uno de los principales proveedores internacionales de diésel, pero las limitaciones sobre sus ventas externas redujeron la oferta disponible en otros mercados.
Al mismo tiempo, los efectos comenzaron a sentirse en Estados Unidos. El encarecimiento del combustible se convirtió en un problema político y económico para la administración Trump, especialmente ante la proximidad de las elecciones legislativas de medio término.

Una tregua energética que no logró frenar los ataques
La preocupación de Trump se produce pocos días después de que anunciara que Rusia y Ucrania habían acordado detener los ataques contra infraestructura energética. Sin embargo, el supuesto acuerdo no quedó formalmente confirmado por ambas partes y las ofensivas continuaron.
En las últimas jornadas, Ucrania volvió a atacar instalaciones petroleras rusas, mientras Moscú mantuvo sus ataques contra infraestructura y ciudades ucranianas. Uno de los episodios más recientes fue la ofensiva ucraniana con más de 1.000 drones contra territorio ruso, que incluyó daños en la refinería de Moscú. Rusia respondió con nuevos ataques sobre distintas regiones de Ucrania.
Trump, además, habría pedido directamente al presidente ucraniano Volodimir Zelensky que detenga los ataques contra las refinerías rusas, argumentando que están agravando la escasez internacional de diésel y presionando los precios.
El conflicto también profundiza la disputa económica
La escalada no se limita al frente energético. Rusia continúa adoptando medidas contra empresas occidentales en respuesta a las sanciones.
En este contexto, Moscú anunció la toma de control temporal de una planta perteneciente a la estadounidense Aptar, fabricante de sistemas de envases. La medida se suma a otras intervenciones sobre activos de compañías occidentales que permanecen en territorio ruso.
Mientras tanto, el mercado energético continúa condicionado por la guerra y por otros factores internacionales. Rusia todavía mantiene restricciones sobre buena parte de sus exportaciones de combustibles, aunque durante agosto incrementó los envíos de diésel hacia países de Asia Central, entre ellos Kazajistán, Kirguistán, Mongolia y Tayikistán.
La combinación de ataques sobre refinerías, restricciones comerciales y represalias económicas mantiene al sector energético como uno de los principales escenarios de presión en la guerra entre Moscú y Kiev.
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