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Juicio en Rosario

“¿Vamos a tirar piedras a Pellegrini?”, cruda declaración de una testigo clave en el caso Ivana

Se lo dijo a uno de los acusados, sin saber que minutos antes se había producido el crimen a la salida de un clásico entre Central y Newell's. Esa misma noche, ella y su hermana cenaron con dos de los presuntos asesinos.

Pedido de justicia por el crimen de Ivana Garcilazo

El juicio por el homicidio de Ivana Garcilazo, la joven asesinada en 2023 cuando volvía de ver un clásico entre Rosario Central y Newell’s, tuvo este viernes su cuarta jornada en el Centro de Justicia Penal. Durante la audiencia declararon dos mujeres que son hermanas y que están vinculadas con Damián Reifenstuel (47 años) y Ariel Cabrera (45), dos de los tres acusados por el crimen. Ambas contaron con detalle cómo tomaron conocimiento del hecho y relataron la cena que tuvieron esa misma noche en Pérez con los implicados en el ataque mortal. El otro acusado es Juan José Massón, de 43 años.

La primera en decalarar fue una compañera de trabajo de Ariel Cabrera, que era hasta septiembre de 2023 el coordinador de las divisiones menores de Social Lux. “Yo trabajaba ahí con él y también con Damián, que era el responsable de la huerta en un programa que la provincia llevaba adelante en el club. A los dos los conocía también por Newell’s, nos veíamos siempre en la cancha y también hicimos muchos viajes de visitante”, señaló la testigo.

El tribunal está integrado por los jueces Natalia Benvenuto, Jorge Rodríguez y Nicolás Vico Gimena. Para los tres acusados, la Fiscalía pide 33 años de prisión. “Y es indistinto quién tiró la piedra que impactó en la víctima ya que existió un plan criminal con varios integrantes”, le explicó a Red Boing el abogado de la querella, Marcos Cella. Para el letrado, los testimonios de este viernes confirmaron la teoría del caso.

Instantes después, contó dónde había visto ese clásico del 30 de septiembre de 2023 que terminaría 1 a 0 para Central, con gol de Ignacio Malcorra. “Fuimos con varios amigos al bar que está en Moreno y Pellegrini. Cuando terminó el partido nos fuimos para el lado de la cancha, adonde yo había dejado el auto. Cuando llego al ‘Gusanito’, me lo cruzo a Ariel y le digo si no quería ir a tirar unas piedras por Pellegrini. No sé por qué me salió esa pavada. Y él me dice ‘Callate, boluda, que vengo de reventarle la cabeza a una Sina”.

“Cuando llego al ‘Gusanito’, me lo cruzo a Ariel y le digo si no quería ir a tirar unas piedras por Pellegrini. No sé por qué me salió esa pavada. Y él me dice ‘Callate, boluda, que vengo de reventarle la cabeza a una Sina”.

La misma mujer relató que unos segundos después, lo llamó a Cabrera para pasarlo a buscar: “Cuando me subo al auto, me pareció que no podía dejarlo así como lo había visto, angustiado. Así que dimos la vuelta, lo levantamos y nos fuimos a tomar una Coca al kiosco de Zeballos y Pueyrredón. El repetía todo el tiempo que ‘había matado a una Sina’ y yo le decía que se calle, que había mucha gente. Al rato vino la policía, nos pidió documentos a todos y nos dijeron que nos dispersáramos”. Sin advertirlo, la testigo estaba contando que los agentes tuvieron delante suyo a uno de los acusados por el crimen, pero lo dejaron ir.

“Cuando nos vamos -siguió la testigo- yo llamo a otro amigo en común que teníamos con Damián y con Ariel. Ahí quedamos en ir a Pérez (en alusión a la casa de Reifenstuel). Yo iba sentada atrás, abrazándolo a mi compañero que repetía todo el tiempo ‘Maté a una Sina’. Lloraba como un bebé”.

Esa noche en Pérez se produciría el encuentro de Cabrera y Reifenstuel. Comieron fideos y armarían una estrategia frente a lo que había pasado. “Mientras preparábamos de comer, íbamos chequeando las redes sociales para ver qué salía. Confirmamos por Instagram que Ivana había muerto“, dijo una de las dos hermanas. Según el testimonio, un rato después se enteraron que la policía había demorado a varios hinchas de Newell’s. “Ahí Ariel se tranquilizó, pensó que podía zafar. Se hizo el boludo, digamos”, contó la testigo.

Un rato después se enteraron que la policía había demorado a varios hinchas de Newell’s. “Ahí Ariel se tranquilizó, pensó que podía zafar. Se hizo el boludo, digamos”, contó la testigo.

La familia de Ivana en la sala del juicio (Foto: Farid Dumat Kelzi)

Llega la otra hermana

En la audiencia de casi cuatro horas también hubo tiempo para escuchar otro testimonio clave, el de la hermana de la testigo que había llegado más temprano. La primera sorpresa se dio cuando la fiscal Laura Riccardo le preguntó su vínculo con los acusados: “Soy la novia de Damián”, dijo. Allí se produjo un estruendoso silencio en la sala. Había sido citada como testigo como ex pareja de Reifenstuel, pero nadie hasta el momento sabía que el vínculo persistía. “Lo ví por última vez hace poco menos de un mes, en Piñero. Cuando él estuvo prófugo no tuvimos ningún contacto”, relataría después.

Otra de las novedades en la declaración fue su simpatía futbolera: “Soy de Central. Conocí a Damián por mi hermana que me lo presentó, habremos empezado a salir un año y medio antes de lo que pasó. Soy de ir a la cancha, pero ese día como yo trabajaba no podía ir. Con mi novio habíamos quedado en vernos después del partido. Cuando llego a su casa, me encuentro con un auto que estaba estacionado dentro del terreno y no entendía nada, porque habíamos quedado en vernos”.

El relato siguió: “Antes de entrar lo llamo, ahí me dicen que estaba mi hermana y otros amigos. Yo venía con la camiseta de Central y me la saco antes de entrar, porque no daba. Ahí me entero lo que había pasado con Ivana, que Ariel la había matado de un piedrazo. Yo sabía que aunque había estado ahí, Damián no había sido el del piedrazo. Por eso le recomendé que hiciera lo correcto”. La fiscal preguntó: “¿Qué consideraba usted lo correcto?”. La testigo dudó, pero respondió: “Bueno, que buscara un abogado”.

Yo sabía que aunque había estado ahí, Damián no había sido el del piedrazo. Por eso le recomendé que hiciera lo correcto”. La fiscal preguntó: “¿Qué consideraba usted lo correcto?”. La testigo dudó, pero respondió: “Bueno, que buscara un abogado”.

En esa noche del último sábado de septiembre, cuando la muerte de Ivana ocupaba todos los portales de noticias, los comensales después de cenar unos fideos se fueron. “A Ariel lo llevamos a Ibarlucea”, contó la primera de las hermanas (N. de la R: por expreso pedido del Tribunal, los nombres no pueden ser revelados en notas periodísticas). La otra se quedó a dormir en lo de su novio Damián. Al día siguiente, la pareja amaneció -según contó ella hoy en el juicio- con una novedad. Un vecino les dijo que había visto un casquillo y un orificio de bala en la persiana de la casa.

“Eso nos dio miedo”, recordó la testigo. Sin embargo, según pudo confirmar Red Boing en diálogo con varias fuentes de la investigación, en ninguna de sus dos declaraciones previas había mencionado el supuesto balazo en la casa de uno de los acusados. En ese -y en varios instantes de su declaración- la mujer podría haber incurrido en falso testimonio, lo que le podría valer una imputación penal. Por ejemplo, cuando señaló que tras dejar a su novio el lunes 2 de octubre por la mañana en Rosario en la esquina de Laprida y Mendoza para que él viera a un amigo con el que iban a buscar a un abogado, no había vuelto a hablar con él.

Según su declaración, supo por las noticias que a su novio le habían violentado el domicilio en Pérez unas horas más tarde, cuando ya la imagen de él se había conocido por los medios circulando a metros de la zona del crimen. “Todo lo que hice fue ir a su casa a buscar su perro, a él ya los mensajes no le entraban más”. La explicación de lo acontecido en el entorno de Reifenstuel fue que había viajado a San Nicolás a preguntarle a una prima de él si sabía sobre su paradero. “Ella es abogada. Me dijo que se había ido en remise a Salta y que le había perdido el rastro”. Recién en febrero de 2025, Interpol pudo encontrar a Reifenstuel en Samaipata, Bolivia. Se había inventado una identidad falsa con la que estaba dando clases de historia.

En su declaración esta misma semana al comenzar el juicio, Reifenstuel dijo que él no había tirado el piedrazo mortal y su atenuante fueron sus problemas de visión. Silvina Garcilazo, hermana de la víctima, le dijo a Red Boing: “¿Si eso fuese cierto, cómo se explica que apareciera en las imágenes de las cámaras de seguridad mirando el celular sin problemas y sin lentes? ¿Y cómo hizo para dar clases en Bolivia con un pizarrón? Todo es poco creíble en él, hasta dijo que cruzó la frontera a Bolivia sin darse cuenta”.

Damián Reifenstuel, uno de los tres acusados, que estuvo prófugo tras el crimen y fue encontrado en Bolivia por Interpol (Foto archivo: Farid Dumat Kelzi)

Las contradicciones de las hermanas

Según pudo reconstruir Red Boing por las preguntas de la fiscal en la sala 7 del CJP y por el propio testimonio de las testigos, ambas declararon por primera vez en la causa el 8 de noviembre. Ese día fueron citadas a declarar por el fiscal Gastón Ávila, el primero en tomar la investigación. Ese día hubo cosas que ambas ocultaron, pero dos días más tarde debieron concurrir nuevamente a dar testimonio. Ahí aparecieron datos que no se habían escuchado en la primera versión.

La hipótesis es que ambas tenían sus teléfonos intervenidos por Fiscalía, que había escuchado sin que ellas supieran las conversaciones que habían mantenido tras la primera declaración. “Cuando el fiscal nos llamó de nuevo, nos dijo que si no decíamos la verdad podíamos terminar presas”, coincidieron este viernes durante el juicio. Eso sucedió el 10 de noviembre. Por entonces, ya se había entregado Cabrera y Reifenstuel permanecía prófugo.

 

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