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3DF: la desarrolladora que desafió las reglas del negocio inmobiliario en Rosario

El arquitecto Matías Imbern, uno de los socios fundadores de la firma, cuenta cómo una filosofía basada en el diseño y la innovación terminó convirtiéndose en el principal diferencial de una empresa que ya proyecta su edificio número 20

Para los fundadores de 3DF la identidad no pasa por repetir una estética, sino por sostener una filosofía. Sus proyectos no comparten necesariamente las mismas características constructivas, pero sí una búsqueda que los vuelve identificables. Cada edificio tiene una personalidad propia, aunque todos responden a una misma lógica: romper con el contexto urbano y proponer una forma distinta de habitar la ciudad.

Históricamente el negocio inmobiliario planteó como lógica que para este negocio había que elegir entre hacer una buena arquitectura o ganar dinero. En 3DF decidieron desafiar esa disyuntiva. Apostaron a que el diseño podía convertirse en un valor agregado y, al mismo tiempo, en una ventaja competitiva. Once años después, con cuatro socios, casi 40 empleados y cerca de alcanzar su edificio número 20 (13 ya terminados, 5 en obra y otros 2 en etapa de desarrollo), sostienen que esa decisión explica buena parte del crecimiento de la empresa.

“No arrancamos con el propósito de la empresa que somos hoy, lo que nos fue llevando a este volumen de trabajo y de influencia en el mercado fue la demanda. Son 11 años desde que arrancamos, todo se dio muy rápido. Cuando empezamos el primer edifico fue más un emprendimiento entre tres amigos en el que volcamos toda nuestra filosofía, pero no sé si con el objetivo de sostenernos tanto tiempo”, contó a Red Boing el arquitecto Matías Imbern, uno de los socios fundadores de la firma.

La empresa nació formalmente en 2014, cuando tres amigos egresados del Politécnico compraron un terreno sobre calle 3 de Febrero, origen del nombre 3DF. Lo que comenzó como un único desarrollo terminó convirtiéndose en una desarrolladora que hoy encadena proyectos de manera permanente.

Imbern recordó que, en sus primeros contactos con el sector, se encontró con una frase que, para él, resumía buena parte de los problemas del mercado. “Tuve charlas con desarrolladores que me decían que hay que elegir entre hacer arquitectura o hacer plata, y me pareció terrible. El día que tenga que elegir eso voy a elegir hacer arquitectura”, sentenció.

Lejos de aceptar esa lógica instalada, decidieron construir un modelo que demostrara lo contrario. El diseño pasó a ocupar un lugar central dentro de la propuesta de valor de la empresa y terminó convirtiéndose en el principal diferencial de sus desarrollos.

“Nosotros creemos que Rosario recibió mucho inversión en el mercado inmobiliario durante mucho tiempo pero se construyó con muy baja calidad, en todo sentido, en términos constructivos y de diseño. Se priorizó el resultado económico pero no a la ciudad ni al cliente. El usuario pasó a ser un número y a la ciudad se le dio la espalda. A partir de esa lectura priorizamos el diseño como valor agregado”, explicó.

Con el tiempo, esa apuesta empezó a dar resultados

“Cuando empieza a haber cierto reconocimiento de nuestro producto y empieza la demanda, ahí decidimos seguir y pasamos de un emprendimiento a una empresa que encadena un proyecto detrás del otro. En poco tiempo pasamos a tener nueve obras en simultáneo, a solo cuatro años de haber arrancado. Más allá de los cambios, mantenemos el espíritu inicial”, recordó Imbern.

Ese crecimiento también se refleja en la escala que alcanzó la empresa. Tras comenzar con un único edificio en 2014, hoy 3DF tiene 13 edificios terminados, 5 obras en ejecución, y 2 más en etapa de desarrollo con las que alcanzarían su proyecto número 20.

Construir una marca sin repetir fórmulas

A diferencia de otras desarrolladoras, 3DF nunca buscó que todos sus edificios se parecieran. La intención fue exactamente la opuesta: que cada proyecto tuviera una identidad propia.

“Desde el inicio nos propusimos que no haya repetición, que ningún edificio sea igual a otro, que cada edificio sea una micro comunidad, que cada uno tenga su personalidad”, sostuvo el entrevistado.

La estrategia incluso genera situaciones poco habituales entre sus clientes. En ese sentido contó: “Se da la particularidad incluso que dentro de nuestra cartera de clientes tenemos gente que se enamora de un edificio y no le gusta otro, y eso está bien, la idea es que cada cliente se identifique donde vive por la particularidades de esa construcción, que puede ser muy distinta a otro proyecto”.

Según el arquitecto, esa diversidad terminó consolidando una identidad propia. La gente reconoce un edificio de 3DF no porque todos se parezcan, sino porque todos intentan ofrecer algo distinto. Incluso destacó que otras desarrolladoras hayan comenzado a recorrer ese camino, ya que entiende que eso ayuda a elevar el nivel de la arquitectura local y también las expectativas del comprador.

 

Un modelo pensado para el usuario final

La filosofía también se trasladó al modelo de negocios. Mientras muchas desarrolladoras dependen principalmente del inversor, 3DF construyó gran parte de su crecimiento pensando en el consumidor final, en quienes adquieren una vivienda para vivir y no solamente para inversión.

“Nosotros iniciamos desde el pozo y cuando lo terminamos vemos nuevas alternativas. Nuestro mercado es el consumidor final, y eso hace que esté mucho más sostenida la demanda. Cuando dependés del inversor estás atado a las condiciones de la economía”, explicó.

En los primeros años, esa cercanía también se reflejaba en el proceso comercial. Imbern participaba personalmente de muchas ventas, especialmente cuando se trataba de familias que compraban su primera vivienda. Hoy, con una estructura mucho mayor, esa tarea quedó en manos del socio que lidera el área de negocios, mientras él continúa concentrado en el diseño.

Innovar también en la forma de construir

La búsqueda por diferenciarse no quedó limitada al diseño arquitectónico. El edificio ubicado en Ovidio Lagos y 9 de Julio marcó otro hito para la empresa al convertirse en el primero de Rosario, con diez pisos, desarrollado casi íntegramente con estructura metálica.

“El de Ovidio Lagos y 9 de Julio es el último terminado y es 100% metálico. Son columnas, vigas y lozas metálicas. Obviamente tiene algo de hormigón. Es el primero en Rosario con esas características y con esa altura. No solo es distinto el exterior, sino también el interior, en los interiores hay hormigón visto o bulones, que rompen con el paradigma tradicional de entregar un departamento blanco”, describió.

La inquietud por innovar no termina ahí. Entre los desafíos que imagina para el futuro aparece incluso la posibilidad de desarrollar un edificio íntegramente construido en madera, un proyecto que por ahora permanece como una aspiración personal.

Consolidarse antes de expandirse

La empresa evaluó en distintos momentos desembarcar en mercados como Miami o Punta del Este. Sin embargo, primero la pandemia y luego el cambio del escenario macroeconómico argentino entre 2023 y 2024 llevaron a postergar esos planes.

Imbern explicó que el incremento de los costos de construcción obligó a concentrarse en consolidar la operación local y cumplir con las obras comprometidas. Aun así, asegura que la expansión sigue siendo un objetivo de mediano plazo si las condiciones económicas acompañan.

Por ahora, el foco continúa puesto en Rosario. Once años después de aquel primer edificio sobre calle 3 de Febrero, la filosofía con la que nació 3DF sigue intacta. En un mercado acostumbrado a repetir fórmulas, la empresa eligió construir una identidad propia. Y fue justamente esa decisión la que terminó impulsando su crecimiento.

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