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La salud se convirtió en el nuevo blanco de las organizaciones criminales en el conurbano bonaerense. En La Matanza, la Justicia acaba de desbaratar una red de clínicas clandestinas que operaba con una fachada de legalidad, destapando un esquema terrible: estafas, robo de identidades y un peligro enorme para los pacientes que caían en la trampa.
El error que arruinó la estafa Todo saltó por los aires de la manera más insólita. Una cirujana estética que atiende en Palermo tuvo que ir a declarar a la Justicia por una causa de lesiones tras un accidente de tránsito ocurrido en La Matanza. Cuando vio el expediente, se dio cuenta de que no conocía al paciente y que el certificado médico tenía su nombre, su firma y su matrícula, pero era trucho. Le habían hecho un “sello mellizo”.
El imperio “Argentina Salud” A partir de su denuncia, la investigación judicial dio con el centro de operaciones de esta red: un local en la Ruta 3 (Juan Manuel de Rosas al 20900), en González Catán. Afuera tenían colgado un cartel con un eslogan bastante cínico: “Argentina Salud, sabemos y amamos lo que hacemos”. Habían arrancado en 2020 y ya tenían sucursales en San Justo y Virrey del Pino. ¿Los cabecillas? Alberto Sarteseri, su pareja Noelia Luna (que se hacía pasar por enfermera) y sus dos hijos, Brian y Nicolás.
Un negocio redondo: sellos falsos, farmacia propia y ambulancias truchas Cuando la policía allanó el lugar, la sorpresa fue total. Secuestraron más de 50 sellos falsos con datos de médicos reales a los que les habían robado la identidad. Además, tenían armado un negocio cerrado: adentro de las mismas clínicas manejaban farmacias clandestinas. Los falsos médicos te atendían y te mandaban a comprar ahí mismo, ofreciendo supuestos descuentos por remedios de origen dudoso y sin ninguna trazabilidad. Hasta operaban ambulancias sin habilitación y con las patentes cambiadas. Para entender el nivel de peligro de esta banda, basta con mirar el prontuario de algunos de los detenidos: dos de ellos tenían antecedentes activos por homicidio y piratería del asfalto.
Un escenario que se repite Lamentablemente, lo de “Argentina Salud” no es una excepción en la zona. Hace poco, en la “Clínica 36” de Virrey del Pino, cayó un falso pediatra de 49 años. Y ni siquiera lo descubrieron por un control sanitario, sino porque lo denunciaron por violencia de género luego de amenazar con prender fuego a una mujer y a su bebé. Cuando lo agarraron, tenía recetarios y matrículas clonadas que usaba para medicar a los nenes.
Al mismo tiempo, se acumulan denuncias gravísimas contra la “Clínica Privada de Catán”, donde los pacientes hablan de mala praxis, maltratos e inyecciones no registradas en terapia intensiva, algo que los familiares asocian con muertes súbitas para liberar camas.
El colapso de los hospitales como telón de fondo Todo este desastre tiene una explicación directa: la crisis del sistema de salud pública en la Provincia de Buenos Aires. Los hospitales están al límite y desbordados. Un ejemplo claro es el Hospital de Niños Ramón Carrillo de San Justo, que llegó a tener apenas dos pediatras para atender a 250 chicos por día, en medio de paros por sueldos bajísimos. Ante esta situación, a muchas familias no les queda otra que caer en estas clínicas barriales baratas buscando una atención rápida. Aprovechándose de la falta de controles del Estado, estos lugares terminan siendo una trampa perfecta manejada por estafadores que juegan directamente con la vida de la gente.
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