
En diálogo con Todo Pasa, el diplomático Marcelo Cesa pintó un cuadro fascinante sobre su día a día en Dhaka, la capital del país asiático. Después de residir siete años y medio en Japón y otros dos en Vietnam, se enfrenta a una realidad abrumadora: “Es algo bastante grande y bastante poblado. Son más o menos unos 30 millones de personas”.
El origen de la fiebre Argentina y los partidos de madrugada
Sobre la devoción bangladesí por el equipo nacional, el representante explicó que el fenómeno tiene una fecha de inicio clara. “Comenzó con Maradona en 1986, en el partido contra los ingleses”. En ese sentido, aportó un dato clave de la época: “Ese mundial fue el primero que se televisó en directo. Antes solamente veían imágenes en diferido”.
Ese impacto mediático fue un punto de inflexión. “Hasta ese momento era Brasil el único equipo que era seguido por la gente de Bangladesh. Y a partir de ahí se dividió todo entre Argentina y Brasil”, relató. Hoy, esa locura la capitaliza el actual capitán de la Scaloneta: “Hay una idealización de Messi, una adoración de Messi que es asombrosa”.
El fanatismo es tan extremo que los partidos de Argentina se viven como propios. Al recordar un reciente encuentro en el que la Selección caía transitoriamente ante su rival, el embajador ilustró la tensión que se vive en las calles: “Fue un delirio. Por una hora o un poco más, la ciudad estuvo en silencio cuando estábamos perdiendo 2 a 0”. Cuando llegó el gol, relató Cesa, “fue una explosión”.
Contrastes económicos y el desafío del día a día
Al ser consultado sobre los motivos que lo llevaron a un destino tan particular, Cesa argumentó que lo sedujo el desafío de abrir la embajada desde cero y el enorme potencial comercial que existe con el país asiático. Bangladesh es actualmente el segundo exportador mundial de textiles, aunque el embajador reconoció que para los parámetros occidentales, entre un 60% y un 70% de la población vive en la pobreza. Sin embargo, destacó que “es un país que comenzó en una gran pobreza” y que, aunque de forma desigual, “va saliendo de la pobreza” apoyado por industrias incipientes como la farmacéutica y la alimenticia.
En la entrevista, el embajador nombró la presencia de la firma argentina Mantecol en Bangladesh. La empresa hizo un posicionamiento de la marca con una acción publicitaria, en la que además dieron a conocer su producto en ese país.
La adaptación a Dhaka exige paciencia. En contraste con el orden estricto de Tokio, donde vivió previamente, el diplomático describió el caótico tránsito local. “En auto sí o sí hay que moverse, porque incluso por razones de seguridad y que además manejar acá, un extranjero no puede manejar”, detalló. Esto se suma a que el volante se ubica a la derecha, a la usanza inglesa, y a que no se respetan las reglas lógicas de tránsito.

En el plano gastronómico, Cesa admitió que la oferta local se basa casi exclusivamente en arroz combinado con pollo, cordero o carne de vaca. Por eso, no dudó un segundo al confesar qué es lo que más añora a tantas horas de vuelo de distancia: “La tira de asado, esa es una, y el cerdo”.
Para cerrar, la mesa de Todo Pasa bromeó con la idea de enviar un corresponsal de Radio Boing a cubrir la realidad bangladesí. El embajador recogió el guante y dejó en claro que cualquier argentino será recibido con gran hospitalidad, especialmente si el enviado llega con una ofrenda irresistible: una camiseta firmada por Ángel Di María, un ídolo absoluto en la región, a lo que el equipo radial propuso sumarle también la camiseta “canalla” de Rosario Central.
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