
Hace exactamente 20 años, Italia tocaba el cielo. El 9 de julio de 2006 vencía a Francia por penales en Berlín y conquistaba su cuarta Copa del Mundo en una final que quedó marcada para siempre por el cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Materazzi y su posterior expulsión. Aquella noche parecía el inicio de una nueva era para la Azzurra. Sin embargo, terminó siendo el último gran momento de una potencia histórica que luego atravesó una de las caídas más profundas del fútbol mundial.
El equipo dirigido por Marcello Lippi había llegado al torneo en medio del escándalo del Calciopoli, pero logró aislarse del contexto y construir una campaña memorable. Tras el 1-1 en los 120 minutos, Italia se impuso 5-3 en la definición por penales y levantó el trofeo con un plantel que mezclaba experiencia, talento y una defensa casi impenetrable.
El día que Zidane se fue expulsado
La final tuvo un guion cinematográfico. Zidane abrió el marcador de penal con una definición a lo Panenka y Materazzi empató de cabeza. Pero el momento que inmortalizó el partido llegó en el segundo tiempo suplementario, cuando el francés reaccionó a un intercambio verbal con el defensor italiano y le propinó un cabezazo en el pecho. El árbitro Horacio Elizondo lo expulsó y Zidane dejó el campo en el último partido de su carrera profesional.

“Es una imagen que nunca voy a olvidar”, recordó años después Gianluigi Buffon al hablar de aquella final. El arquero, capitán de la selección campeona, destacó recientemente que el título de 2006 sigue siendo “el momento más alto” de su trayectoria deportiva.
El once que quedó en la historia
Italia formó aquella noche con Buffon; Zaccardo, Cannavaro, Materazzi y Grosso; Camoranesi, Gattuso, Pirlo y Perrotta; Totti y Toni. Luego ingresaron De Rossi, Iaquinta y Del Piero. El capitán Fabio Cannavaro levantó la copa y se convirtió meses más tarde en ganador del Balón de Oro.
La campaña italiana fue extraordinaria: recibió apenas dos goles en todo el torneo y uno de ellos fue un penal. La solidez defensiva, el liderazgo de Buffon y Cannavaro, y el talento de Andrea Pirlo fueron las bases de un equipo que parecía destinado a prolongar su dominio.
De la gloria a la debacle
Pero el fútbol tenía preparada otra historia. Cuatro años después, en Sudáfrica 2010, la Azzurra quedó eliminada en fase de grupos. Empató con Paraguay y Nueva Zelanda y cayó ante Eslovaquia, terminando última en su zona.
En Brasil 2014 la situación se repitió. Italia venció a Inglaterra en el debut, pero luego perdió con Costa Rica y Uruguay y volvió a despedirse prematuramente.

Tres Mundiales consecutivos sin Italia
La verdadera dimensión de la debacle se hizo evidente en las eliminatorias rumbo a Rusia 2018.
Italia perdió el repechaje frente a Suecia y quedó fuera de un Mundial por primera vez desde 1958. La ausencia fue considerada una tragedia deportiva para un país acostumbrado a pelear por títulos.
Lejos de recuperarse, volvió a fracasar en el camino hacia Qatar 2022. Esta vez cayó ante Macedonia del Norte en el repechaje y se quedó nuevamente sin Mundial.

Y la historia volvió a repetirse rumbo a la Copa del Mundo 2026. Italia tampoco logró clasificarse, completando una secuencia impensada para una selección que posee cuatro títulos mundiales.
Del recuerdo a la nostalgia
Mientras el Mundial 2026 se disputa en Estados Unidos, México y Canadá, Italia lo observa desde afuera por tercera edición consecutiva. La distancia entre la gloria de Berlín y la realidad actual parece enorme.
Por eso, el vigésimo aniversario de la conquista de 2006 tiene un sabor especial para los italianos. No se trata solamente de recordar una copa ganada, sino de volver a una época en la que la Azzurra era protagonista del fútbol mundial.

Aquella noche del cabezazo de Zidane, de los penales perfectos y de Buffon levantando la copa sigue siendo el último gran capítulo feliz de una selección histórica. Veinte años después, Italia continúa buscando el camino para volver al lugar que ocupó durante gran parte de su historia: la cima del fútbol mundial.
Y quizás por eso, cada aniversario de aquel título no solo celebra una conquista histórica: también recuerda el punto exacto en el que comenzó una de las caídas más sorprendentes que haya vivido una potencia del fútbol mundial.
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