
La tensión entre Estados Unidos e Irán sumó un nuevo capítulo este martes, cuando fuerzas del Comando Central estadounidense (Centcom) interceptaron un buque de carga iraní que intentaba evadir el bloqueo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo. El operativo se enmarca en el bloqueo naval impuesto por Washington y refuerza su control sobre el comercio marítimo iraní.
Según informaron autoridades militares, la embarcación había zarpado desde el puerto de Bandar Abbas y fue detenida como parte de una ofensiva que ya logró frenar múltiples intentos de salida. En ese sentido, desde el Centcom afirmaron: “Diez buques han sido obligados a dar la vuelta y CERO barcos han logrado romper el bloqueo estadounidense desde su inicio el lunes”.
En paralelo, el presidente de Donald Trump aseguró que el conflicto podría entrar en una fase de resolución: “La guerra está cerca de terminar”, sostuvo, y adelantó nuevas conversaciones de paz en Pakistán en los próximos días. Además, destacó la colaboración de China, cuyo gobierno, según dijo, se mostró conforme con la decisión de abrir el tránsito en Ormuz bajo control estadounidense.
Durante las primeras 48 horas del bloqueo, las fuerzas estadounidenses lograron impedir la salida de nueve embarcaciones iraníes, consolidando un cerco que apunta a limitar el comercio marítimo de Irán. La medida forma parte de un esfuerzo multilateral para contener la escalada en la región y asegurar el flujo en rutas clave.
Sin embargo, el escenario presenta fisuras. En las últimas horas, se reportó que dos superpetroleros sancionados por EE.UU. lograron atravesar el estrecho rumbo a Irán. Se trata de los buques ALICIA y RHN, que transportarían hasta cuatro millones de barriles de petróleo, valuados en unos 400 millones de dólares, según datos del monitoreo marítimo.

En el plano interno, el Senado de Estados Unidos rechazó por cuarta vez una iniciativa para limitar los poderes de guerra del presidente. La votación terminó 47 a 52, evidenciando el respaldo republicano a Trump, aunque con señales de desgaste político en el manejo del conflicto.
Mientras tanto, en la región, la violencia continúa escalando. En Líbano, ataques israelíes provocaron la muerte de al menos tres paramédicos en el sur del país. El ejército de Israel anunció que convertirá zonas al sur del río Litani en una “zona letal” para Hezbollah, intensificando su ofensiva.
Por su parte, desde Teherán remarcaron su postura en el plano nuclear: “El derecho a enriquecer uranio es indiscutible”, aunque dejaron abierta la posibilidad de negociar niveles de producción en el marco de las conversaciones en curso.
En medio de la escalada, el primer ministro de Shehbaz Sharif inició una gira por Arabia Saudita, en un movimiento clave ante una eventual nueva ronda de negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán. A su vez, ministros de Finanzas de más de diez países —incluido el Reino Unido— pidieron un “fin rápido y duradero” al conflicto, reflejando la preocupación global por el impacto económico y geopolítico de la crisis.
En este contexto, la intercepción del buque en Ormuz no es un hecho aislado, sino parte de un tablero complejo donde confluyen operaciones militares, intereses energéticos y presión diplomática, con un desenlace aún incierto pero cada vez más determinante para el equilibrio internacional.
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