
España está a un paso de la gloria en este Mundial, y gran parte del mérito es de su técnico, Luis de la Fuente. Agarró a una selección en plena transición, le cambió la cara y, de menor a mayor durante el transcurso del torneo, acabó por meter a su equipo en la final de este domingo contra Argentina. Pero lo más llamativo de su historia es cómo llegó a trabajar en la Federación Española: contestando un aviso clasificado.
Antes de usar el buzo de DT, De la Fuente supo transpirar la camiseta. Se desempeñó como lateral izquierdo en la década de los 80, brillando en el mítico Athletic Club de Javier Clemente, donde ganó dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa. Luego pasó por el Sevilla y quemó sus últimos cartuchos de vuelta en el Alavés, hasta que las rodillas le dijeron basta y lo obligaron a colgar los botines en 1994, con apenas 33 años.
Después de retirarse joven, empezó a dirigir en el ascenso vasco allá por 1997. Pasó por varios clubes de la zona, como el Portugalete y el Aurrera de Vitoria, e incluso llegó a dirigir al Bilbao Athletic (la filial del equipo de sus amores). Sin embargo, en el fútbol de clubes los resultados no siempre lo acompañaron. Su gran golpe contra la pared fue en 2011, cuando agarró al Alavés en la Segunda B, pero lo echaron a los 11 partidos por malos resultados. De un día para el otro, se quedó sin equipo y el teléfono dejó de sonar. En medio de esa pausa obligada y llena de incertidumbre, leyó en el diario que la RFEF buscaba entrenadores para las categorías juveniles.
No lo dudó, mandó el currículum y lo contrataron, pero con una condición a contrarreloj: tenía solo tres meses para lograr que la Sub-19 clasificara a un torneo. Cumplió el objetivo y, a partir de ahí, fue haciendo escuela. Dirigió la Sub-18, la Sub-21 y finalmente dio el salto a la selección mayor.
Al principio, su llegada a la absoluta generó bastantes dudas precisamente porque no tenía éxito ni gran cartel en la primera división de clubes. Sin embargo, eligió el perfil bajo y contestó con resultados: ganó la Nations League en la temporada 22/23 y después se quedó con la Eurocopa 2024. Su principal acierto fue saber qué tipo de técnico necesitaba España. De la Fuente es un conductor paternal, un gran “gestor de grupos” que conoce a casi todos los jugadores desde que eran juveniles, pero sobre todo es un estratega pragmático.
Él entendió que “La Roja” tenía que evolucionar y dejar atrás el dogma del clásico “tiki-taka”. Aquel estilo que los llevó a la gloria en 2010—basado en la posesión extrema del balón, los pases cortos constantes y la paciencia infinita para desordenar al rival—se había vuelto predecible, lento e inofensivo en los últimos años. El nuevo DT le inyectó vértigo al equipo, apostó por extremos rápidos, juego por las bandas y transiciones mucho más directas.
En este Mundial 2026 volvió a dejar claro que sabe leer los partidos. Usó la fase de grupos para ajustar las piezas y no le tembló el pulso para tomar decisiones fuertes, como dejar en el banco a Pedri para que juegue Fabián Ruiz en los cuartos contra Bélgica. La apuesta le salió bien, repitió la fórmula para ganarle a Francia en semifinales, y ahora el técnico que llegó por un anuncio en el diario está a 90 minutos de hacer historia. ¿Lo difícil? Juega contra Argentina.
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