
El silencio de la sala se cortó cuando Damián Gerardo Reifenstuel pidió la palabra. El acusado por el crimen de Ivana Garcilazo decidió declarar durante la jornada del lunes 5 de octubre y, durante un extenso período, reconstruyó ante el tribunal su propia versión de lo que pasó esa tarde del 30 de septiembre de 2023.
La escena que pudo observar Red Boing comenzó de una manera inesperada. Reifenstuel empezó a hablar y, antes de entrar de lleno en su historia, se puso a orar. Pidió que Dios iluminara a la Justicia y que permitiera demostrar su inocencia. Después se dirigió a la familia de Ivana y pidió perdón por haberse fugado luego del crimen.
Pero su decisión de declarar tuvo otra particularidad que atravesó toda la audiencia: Reifenstuel rompió el pacto de silencio que hasta ese momento habían mantenido los tres acusados. Mientras los otros imputados habían optado por no brindar su versión ante el tribunal, él decidió hablar y reconstruir lo ocurrido desde su propia perspectiva.
Y no se limitó a explicar su fuga. En distintos pasajes de su exposición también se refirió a Ariel Cabrera, uno de los otros acusados, y contó qué habría ocurrido con él después del ataque. De esa manera, su declaración abrió por primera vez una versión desde el interior del grupo de los tres imputados.
A partir de allí comenzó una declaración extensa, en la que intentó despegarse del ataque y explicar cada uno de los movimientos que realizó después del asesinato. Su relato recorrió desde aquella tarde en Rosario hasta su llegada a Bolivia, donde permaneció prófugo durante meses.
Pero a medida que avanzaba la exposición, aparecieron algunos pasajes que llamaron especialmente la atención dentro de la sala.
“Yo no tiré piedras”
Uno de los primeros puntos sobre los que Reifenstuel se detuvo fue su capacidad visual. Dijo que tiene miopía y astigmatismo, que padece cataratas en uno de sus ojos, lo que le genera una visión casi nula en uno de los ojos.
También explicó que no utiliza lentes porque le resultan molestos.

Con esa descripción intentó sostener uno de los principales argumentos de su defensa: que no pudo haber arrojado la piedra que impactó contra Ivana. “Yo no tiré ninguna piedra”, afirmó.
La declaración siguió con la reconstrucción de lo que, según Reifenstuel, ocurrió después del ataque. Contó que se asustó y salió corriendo. En ese momento, dijo que un taxista le gritó que había matado a una chica. Entonces tomó un remis y se dirigió hacia su casa.
Después relató que se comunicó con una amiga y que le avisó que Ariel Cabrera estaba junto al “gusanito”, en estado de shock. Reifenstuel contó que fueron a buscarlo y que terminaron llevándolo a su casa.
“Maté a una SINA”
Fue entonces cuando apareció uno de los momentos más particulares de su relato.
Reifenstuel contó que Cabrera estaba muy alterado y que repetía una frase mientras permanecía en estado de shock: “Maté a una SINA”.
La escena, siempre según la reconstrucción realizada por el propio acusado, continuó en su casa. Cabrera habría permanecido junto a los demás y, pese a la situación que atravesaban, terminaron cocinando y comiendo fideos con salsa.
Después Cabrera se fue y Reifenstuel quedó junto a su novia. Dijo que esa noche prácticamente no pudo dormir.
Pero fue al reconstruir lo sucedido al día siguiente cuando apareció una de las primeras contradicciones que quedaron expuestas durante su declaración.

Una cronología que no coincide
Reifenstuel aseguró ante el tribunal que, al día siguiente del crimen, un vecino lo llamó para avisarle que habían baleado su vivienda. Según su relato, ese episodio fue determinante para que sintiera que su vida estaba en peligro y decidiera comenzar a alejarse de Rosario.
Sin embargo, esa cronología no coincide con lo ocurrido en la investigación.
El ataque a la vivienda del vecino al que hizo referencia Reifenstuel no ocurrió al día siguiente del asesinato de Ivana. Se produjo varios días después, cuando la investigación ya había avanzado y comenzaban a aparecer imágenes y elementos que permitían reconstruir quiénes habían participado de los incidentes posteriores al crimen.
Es decir, el episodio que Reifenstuel ubicó inmediatamente después del asesinato ocurrió en realidad casi una semana más tarde. El dato no es menor dentro de su relato: ese supuesto ataque aparece presentado por el acusado como el motivo que terminó de empujarlo a abandonar Rosario.
Victoria, las Cataratas y Salta
Después de ese episodio, Reifenstuel comenzó a reconstruir el recorrido que realizó durante su fuga.
Primero habló de Victoria. Contó que pidió que lo llevaran hasta ahí porque sentía que en Rosario corría peligro. Pero después regresó y siguió su recorrido hacia San Nicolás.
Al tiempo apareció otro destino: las Cataratas del Iguazú.
Reifenstuel explicó que ese lugar le transmitía paz y energía y que necesitaba recuperarse de todo lo que estaba viviendo. El relato tomó entonces un tono personal: habló de los lugares que, según explicó, le generan tranquilidad y de su necesidad de encontrar “energía” después de lo ocurrido.
En el instante que finalizó su paso por las Cataratas se dirigió hacia Salta, otro sitio que describió como especial por la energía y la luz que le genera y al que aseguró conocer desde hacía muchos años.
El recorrido continuó.

El paso a Bolivia
Finalmente, Reifenstuel contó que tomó un remis hacia la frontera con Bolivia. Es ahí cuando aparece otro de los momentos que generaron atención durante su declaración.
El acusado aseguró que, cuando llegó a la zona fronteriza, no encontró el paso habilitado. Dijo que preguntó cómo llegar y que una persona se ofreció a acompañarlo.
Según su relato, esa persona lo llevó hacia una vivienda, atravesaron un pasillo y luego cruzaron un pequeño curso de agua. Le cobraron dinero por el traslado.
Reifenstuel sostuvo que no sabía que estaba atravesando un paso ilegal. Dijo que creía que lo estaban llevando hacia la frontera formal y que recién después comprendió por dónde había cruzado.
Nuevamente apareció su problema de visión como parte de la explicación. El acusado sostuvo que no podía distinguir correctamente el lugar por el que estaba pasando y que, por ese motivo, no advirtió que estaba cruzando por un paso clandestino.
El relato tuvo otro detalle llamativo: Reifenstuel contó que viajaba a Bolivia desde que tenía alrededor de 20 años, pero aseguró que aquella vez no pudo encontrar la frontera y terminó ingresando al país por un paso ilegal.
Finalmente llegó a Bolivia, donde permaneció prófugo hasta que fue detenido por Interpol en Samaipata el 25 de febrero de 2025.

Una fuga explicada paso a paso
Durante toda su exposición, Reifenstuel buscó reconstruir cada movimiento posterior al asesinato de Ivana.
Pero su declaración significó algo más que una explicación sobre su fuga. Al tomar la palabra, rompió el silencio que hasta ese momento habían mantenido los tres acusados y expuso ante el tribunal su propia versión de lo ocurrido. En ese recorrido, además, introdujo por primera vez su relato sobre lo que habría hecho y dicho Cabrera después del ataque.
Negó haber arrojado la piedra. Habló de sus problemas de visión. Señaló a Cabrera al reconstruir lo ocurrido después del ataque. Pidió disculpas a la familia de Ivana por haberse fugado y explicó su recorrido por distintas ciudades argentinas hasta llegar a Bolivia.
Pero en ese recorrido también quedaron planteados interrogantes.
La referencia al ataque a la vivienda del vecino, ubicado por Reifenstuel al día siguiente del crimen cuando en realidad ocurrió varios días después, es uno de ellos. También generó atención su explicación sobre el cruce de la frontera boliviana, particularmente porque él mismo aseguró conocer ese país desde hacía décadas.
Frente a la familia de Ivana, que escucha durante estas jornadas la reconstrucción de la tarde en la que la joven fue asesinada, cada detalle de aquella declaración adquiere un peso particular.
La Fiscalía sostiene una reconstrucción completamente diferente. Para las fiscales Laura Riccardo y Carla Ranciari, los tres acusados actuaron conjuntamente y deben responder por el homicidio de Ivana. “Los tres son igualmente responsables”, sostuvo Riccardo al explicar la teoría de la acusación.
El juicio continuará con la declaración de testigos y la incorporación de pruebas que buscarán reconstruir qué ocurrió aquella tarde del 30 de septiembre de 2023 y cuál fue el rol que tuvo cada uno de los acusados.
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