
Un grupo de investigadores consiguió un avance sin precedentes en el campo de la arqueología al descifrar el contenido de un antiguo papiro que permanecía sellado desde la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. Lo más llamativo es que el manuscrito pudo leerse sin ser desenrollado, gracias a la combinación de inteligencia artificial, escaneos de alta precisión y técnicas de reconstrucción digital.
El documento pertenece a la colección de papiros encontrados en Herculano, la ciudad romana que, al igual que Pompeya, quedó sepultada bajo las cenizas del volcán. Durante siglos, estos rollos fueron considerados prácticamente imposibles de leer porque el calor los carbonizó y los volvió tan frágiles que abrirlos implicaba destruirlos.
Para resolver ese problema, los científicos realizaron una tomografía tridimensional del manuscrito y recrearon digitalmente cada una de sus capas internas. Luego, un algoritmo de inteligencia artificial identificó rastros casi imperceptibles de tinta y permitió reconstruir el texto oculto.
El resultado fue la lectura de un rollo de alrededor de un metro y medio de largo, organizado en unas veinte columnas de escritura.

Los especialistas determinaron que se trata de un texto filosófico vinculado al pensamiento estoico, centrado en cuestiones relacionadas con la conducta humana, la ética y el dominio de las emociones. Además, el manuscrito ofrece nuevos datos sobre Filodemo de Gadara, ya que sugiere que el filósofo escribió al menos ocho obras, una cantidad muy superior a la que se conocía hasta ahora.
El descubrimiento forma parte del Vesuvius Challenge, un proyecto internacional que reúne a expertos en arqueología, informática, inteligencia artificial e imágenes médicas con el propósito de recuperar el contenido de cientos de papiros carbonizados que permanecen almacenados desde hace casi dos milenios.
Para los investigadores, este avance marca un antes y un después, ya que abre la posibilidad de acceder a numerosas obras de la literatura clásica que hasta ahora se creían perdidas para siempre. El responsable del proyecto, Brent Seales, destacó que estos manuscritos dejaron de ser únicamente piezas arqueológicas para volver a convertirse en textos que pueden leerse y estudiarse.
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