
Las autoridades venezolanas continúan con las tareas de identificación y sepultura de las víctimas que dejaron los devastadores terremotos registrados en La Guaira, mientras todavía permanecen sin ser reclamados 231 cuerpos recuperados tras la catástrofe.
El gobernador del estado, José Alejandro Terán, informó que los equipos forenses lograron recuperar alrededor de 2.400 cadáveres desde que ocurrió el desastre y destacó que el proceso de identificación se realiza mediante tecnología especializada y protocolos internacionales.
Ante la ausencia de familiares que puedan reconocer a las víctimas, el gobierno provincial dispuso que los restos sean enterrados en el cementerio La Esperanza. Según explicó Terán, cada fallecido contará con una sepultura individual debidamente señalizada para facilitar una eventual identificación futura.
El mandatario provincial negó las versiones sobre la existencia de entierros colectivos y aseguró que los procedimientos se llevan adelante bajo supervisión de organismos humanitarios, entre ellos la Cruz Roja.
No obstante, testimonios recogidos en la zona ofrecen otra mirada sobre la dimensión de la emergencia. Trabajadores del cementerio y vecinos señalaron que en las últimas semanas se intensificó el ingreso de vehículos transportando cuerpos sin identificar, mientras se habilitaron nuevos sectores destinados a las inhumaciones.
De acuerdo con esas versiones, entre finales de junio y los primeros días de julio arribaron numerosos camiones con víctimas aún pendientes de identificación, lo que habría incrementado significativamente la cantidad de personas enterradas en el predio.
En el cementerio se acondicionó un amplio terreno sobre una ladera, donde se excavaron decenas de zanjas destinadas a albergar los ataúdes. En el lugar, las autoridades continúan con los trabajos de sepultura y mantienen reservas de cruces y elementos identificatorios para los próximos entierros.
La tragedia provocada por los sismos dejó una profunda huella en La Guaira y obligó a desplegar un amplio operativo para recuperar, identificar y dar sepultura a las víctimas, en medio del desafío de localizar a familiares y garantizar que cada cuerpo pueda ser reconocido en el futuro.
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